una red invisiblemantiene unido al mundoen la Patagonia hay una callada vozque cruza el desiertoel frío mata a los hombres sin puertalos pájaros se vanel nombre que no tienes me acompañacomo un hombre cualquiera.Aguafuerte Tulio GalantiniLas voces invisibles.Escribir es nadar sin llegar nunca a la orilla. Lo importante es sentir placer en el braceo, deslizarse con cierta eleg ...
una red invisible
mantiene unido al mundo
en la Patagonia hay una callada voz
que cruza el desierto
el frío mata a los hombres sin puerta
los pájaros se van
el nombre que no tienes me acompaña
como un hombre cualquiera.
Aguafuerte
Tulio GalantiniLas voces invisibles.Escribir es nadar sin llegar nunca a la orilla. Lo importante es sentir placer en el braceo, deslizarse con cierta elegancia. Las aguas te llevan, pero hay que aprender a nadar contra la corriente. Escribir es una trayectoria imaginaria, una obstinada tentativa de contar bien. Los personajes de mis pueblos tienen que ver con la fascinación de mi primera juventud. A veces siento que la sombra de mi padre dobla una esquina de las callecitas de Patagones. Mis padres vivieron más de 60 años juntos y se fueron juntos, el mismo día, ellos están…”
Escribo lo posible. Hago lo que puedo. El entorno son los personajes del pueblo originario, mezclado con los de la adultez de la Viedma que crece. Mi pueblo es una comunidad intacta en el tiempo donde todavía la gente se saluda. Una gran familia, con muchas cosas que se dicen a media voz, y otras que no se dicen. Ahora, mis pueblos, al que el río une, resurgen con el país, luego de un largo retroceso. La alegría se recupera con rapidez, volvió el trabajo, se construyen casas, reviven los proyectos. En ese marco, nos proponemos no obsesionarnos por la verdad racional que salva del absurdo la existencia humana. La irracionalidad humana nos atrae aún más. Veo con más curiosidad los personajes contradictorios que los hombres serios, que cumplen su rol a pie juntillas, con los zapatos brillantes y mujer religiosa sentada en un estante de la biblioteca. Sospecho que la vida late más fuerte bajo otros techos. Hay un forcejeo a través de la historia del hombre, un conflicto permanente con lo colectivo, en un mundo en progresiva disolución de la singularidad, donde los mas capaces acumuladores de bienes, compran un coche ligerísimo, que no pueden frenar. Aparecen en las necrológicas del diario una mañana. ¿Viste que se murió fulano?......tipo joven…se comenta en medio del primer tiempo de un partido de fútbol. La necrológica sirve para prender el asado. Simplemente se van. Nadie sabe donde. No sabemos casi nada de la vida y de la muerte. Es así la vida, nomás. Te fuiste Lucho. Esa fragilidad de la condición humana enternece. Lo monstruoso del no ser no genera conciencia, salvo excepciones, que no deseo a nadie. Escritores de laberintos y espejos, no saben nada de fútbol ni de mujeres. No hay destino peor para un argentino. La vida es un viaje, así como Colón se tropezó con el nuevo mundo buscando pimienta, todos tenemos una oportunidad en la vida, para cruzar el mar de la soledad, y tropezamos con un amor.
Dos soledades juntas, por esas cosas de destino, se cruzan y se convencen que se aman para siempre. Un Sol ilumina sus miradas. Así, tienen energía para tener hijos, construir una casita, soñar juntos y remar llevando la embarcación de la vida a buen puerto. En el sosiego del crepúsculo las aguas se aquietan. Se amarra el devenir al muelle sin barcos. El tiempo no para. Quedó lejos el miedo a errar sin sentido. Mate mirando el río, charlan sobre los chismes del pueblo y sobre la comedia de la vanidad. Fantasean sobre una ciudad utópica donde los pibes tengan todos bicicletas con alas y no pasen frío en el invierno. Que todos tengan algo parecido a las familias de barrio de antes, con hijos y criados para que la caricia antes de dormir, llegue a los pibes de la calle, sin techo, los olvidados de un sistema hipócrita, que se niega a imaginar un mundo más humano, que puede ser construido, más rápido de lo que nos quieren convencer. La eficacia de la palabra escrita y hablada, está refugiada, en una tela de araña, atrás del reloj de la torre de la iglesia, donde hace equilibrio el cronista, corriendo el riesgo de enredarse en medio de construcciones contradictorias y grotescas. La ciudad anhelada necesita de impresiones imaginativas, visuales, apuntes de viaje, soporte de una nueva construcción del lenguaje. Ladrillos para volver a pensar en el hombre nuevo que se está poniendo de pie y empieza a caminar América del Sur, ahora sí, el Nuevo Mundo. Los olvidados no leen, deambulan buscando sobrevivir. Los que manejan el poder deambulan también, por pasillos privilegiados, manipulando la desigualdad y pensando la mejor forma de pelear la droga del poder. Los pobres son números de un plan que nunca alcanza. Les dan de comer como a un perro se le deja la comida en el patio trasero. Para que dejen dormir y no arañen la puerta. Mientras unos pocos se quedan con la torta. Con la ley en la mano. El informe de situación es preocupante, pero, sin embargo, todos, pobres o ricos tenemos una oportunidad en nuestro paso por la tierra, antes de ir a parar adonde la muerte nos iguala. La sagacidad del observador, está en el momento de captar y comprender en sus entresijos el guiño cómplice de una realidad diversa, compleja, imposible de captar en su totalidad. Fotos escritas, que necesitamos entender de alguna manera para integrarlas en nuestra experiencia vital. El esfuerzo del cronista se basa en el ejercicio de una comprensión sincopada, parcial: así como el turista, es la caricatura moderna del viajero, la mayoría de los políticos son la caricatura grotesca, de los pioneros hacedores de caminos y pueblos a pico y pala. El viajero, escribe imaginando a sus lectores participando de la trama. Vuelve a los orígenes, a su pequeño pueblo, al círculo de los personajes a quienes recrea. Todo para tratar de recrear las voces de la oscuridad, hacerlas visibles, con la ilusión de traspasar el tiempo, mezclando a los muertos queridos, con los amigos del alma que viven pensando que la muerte es algo que pasa por otro lado, como las cosas de la vida o del destino, por puro azar.
Colombia querida,mujer partida
si no sos revolucion, sos el portaaviones para la entrada del
imperio.
Colombia querida, como a una mujer, te quiero y te temo.
Desde el sur al caribe sube la esperanza,
Biografía:
Jorge Tulio GalantiniPeriodista de radio/ Escritor de Aguafguertes en el diario/ Autor de una novela. Viajero buscando flores en el desierto.
tuliog01@yahoo.com.ar