NieblaHay sobre la madrugada un vidrio opaco: caminamos a tientas, en lo ambiguo entre la tierra y el cielo: así creemos que caminan también nuestros difuntos.Quizás se esparcirá también la niebla sobre campos y canales, contra el muro verdinoso de la infancia, entre los juguetes y el incienso de Rimbaud.Es este humo de Dios como una llaga que se percibe apenas con dolor: la pupila turbia del ...
NieblaHay sobre la madrugada un vidrio opaco:
caminamos a tientas, en lo ambiguo
entre la tierra y el cielo: así creemos
que caminan también nuestros difuntos.
Quizás se esparcirá también la niebla
sobre campos y canales, contra el muro
verdinoso de la infancia,
entre los juguetes y el incienso de Rimbaud.
Es este humo de Dios como una llaga
que se percibe apenas con dolor: la pupila turbia
del milagro evangélico, quizás
un ojo lisiado de la mañana y de la vida.
Luna de AlexisHa cambiado la calle: en otro tiempo
la noche era aquí más selvática: oscilaba
en la esquina un farol con el viento
del verano, grillos y ranas presagiaban tormenta
y venía del fondo de lo oscuro
un perfume profundo de quintas y de albahaca.
Pero allá sobre las casas, en la linde del cielo,
los mismos árboles refrescaban la atmósfera:
los tilos olorosos de noviembre, los pinos y cipreses,
los eucaliptos balsámicos: de aquellas
maderas inmortales brotaba a veces esta luna
que mi hilo contempla con mis ojos de asombro.
El milagroContaba mi padre que mi abuelo tenía
un ojo que siempre le lloraba, producto
de un golpe que le dio —brutal— mi bisabuelo.
Tendría entre ocho y diez años entonces
y con esa marca vivió hasta los setenta.
Nunca supe qué falta nimia le acarreó
un castigo tan dilatado en la distancia
y el recuerdo: ese ojo lisiado que no obstante
no logró hacerlo cruel ni resentido.
Cuando hoy mi vista llora de cansancio
—como esta mañana que tanto se parece
a aquellas en que escuchaba de niño
la historia de mi abuelo— pienso en el milagro
de mi padre que no sufrió la misma suerte,
de mis ojos sanos y de los ojos
más sanos aún de mi hijo; en el milagro
de que esa infancia dolorosa de mi abuelo
se haya quedado allá en su isla, y solamente
trajera aquí sin odio un ojo humedecido
que hoy bien podría estar llorando por piedad.
biografia:
Guillermo Pilía nació en La Plata en 1958 y es egresado de la carrera de Letras. Su obra poética está integrada por: Arsénico [1979], Enésimo Triunfo [1980], Río Nuestro [1988], Río Nuestro / Cazadores Nocturnos [1990], Huesos de la Memoria [1996], Caballo de Guernica [2000], Ópera flamenca [2003] y Herido por el agua [2005]. Sus trabajos —tanto en poesía, como en narrativa y ensayo— le han reportado importantes premios nacionales y también en España, Francia, Estados Unidos, Chile y Ecuador, entre otros países. En la actualidad es director de la Cátedra de Literatura Platense “Francisco López Merino” de la Universidad Nacional de La Plata y prepara una antología de todos sus libros de poemas: Ansia de clara palabra.
calledelaire@hotmail.com