ImaginateImaginate que no puedo proyectarfuturos sin tus risas.Sin esas imprevisibles lluviasen que transformas tus enojos.Fijate que aguardo historiascontadas por vos en el silencio nuevo.Y que cuando no llegan,los balcones arden de desamparos,y la ciudad se transformaen una sola arteria,tan desbordada que no cabe en mi pecho.Imaginate que es tan árida la calleque no hay álamos donde grabar tu ...
ImaginateImaginate que no puedo proyectar
futuros sin tus risas.
Sin esas imprevisibles lluvias
en que transformas tus enojos.
Fijate que aguardo historias
contadas por vos en el silencio nuevo.
Y que cuando no llegan,
los balcones arden de desamparos,
y la ciudad se transforma
en una sola arteria,
tan desbordada que no cabe en mi pecho.
Imaginate que es tan árida la calle
que no hay álamos donde grabar tu nombre.
Imaginate si un día
no existiera ese cielo que vio nuestro amor.
Qué pasaría entonces
con esas huellas pequeñas
dejadas en los senderos que recorriste.
No sabría si alguna vez te tuve cerca;
pero tus pisadas señalarían el camino
y te inventarían nuevamente.
Lágrimas que no se lloranRecuerdo cuando querías
incendiar las madrugadas explotando en gritos,
preñada de proclamas,
y entonando corajes
con olor a picante en el aire.
El sexo se mezclaba
con mariposas proletarias,
mientras mis manos empuñaban
fusiles y praderas,
y vos decías que el amor
no existía en mis poemas.
Cuando me tocaba ascender
a la cuenca profunda de tus ojos,
implorabas por la ternura solidaria
y yo me sentía más derrotado que nunca,
aplastado por la militante
caballería de tu cuerpo.
Después vino la ausencia
aturdiendo sentimientos
y recordando que no era bueno
tener esa mala costumbre de andar muriendo.
Tus risas persiguieron mis sueños
durante décadas amargas
y los cielos estrellados de tus lunares
me gritaban que era inútil
querer citarte en el futuro.
Hoy,
cuando a mi pecho
le faltan tus latidos,
ha llegado el momento de preguntarse,
como Neruda,
si las lágrimas que no se lloran
esperan en pequeños lagos
o sirven para bañar
agitados recuerdos.
ImágenesLas imágenes me recuerdan
que te desnudas a impulsos mortales
como árbol otoñado.
Desafiantes, tus pezones
se incrustan en mi aliento.
Y mientras te abres, mi lengua
vagabundea en tu geografía.
Te acurrucas
vibrante como uva solitaria
mientras yo,
borracho de deseo,
bajo y subo por tus líneas
hasta que rima la noche con el sol.
Cuando jadeamos
se repite el milagro de la posesión.
biografia:
Juan Carlos Rodríguez
Argentina
Juan Carlos Rodríguez nació en Junin [Bs.As] y reside en Venado Tuerto, donde desarrolla la profesión de periodista. Ha publicado los libros Gritar que tanto amor es posible, Cenizas [junto a otros poetas] y Desnudar tus mieles. Dirigió las revistas alternativas 'Kausa' y 'Expresión', codirigió 'La luna de Tlon', y ha colaborado en numerosas revistas, como 'Transparencia', 'El último reino', 'Argot', 'Contracrisis', 'Juglaría', etc.
Integra la antología 'Poesía actual 2005', de la Editorial Nuevo Ser, y ha participado en la Maratónica 2004 [Mar del Plata] y en el último Encuentro Latinoamericano de Poesía [Mar del Plata, 2006]
jotacer@hotmail.com