[del libro “paciente inglés” Reflexiones en el cine]KAREN CARPENTER Por tu vozque es más linda que el sonido de la lirahe conocido el cielo aquí en la tierra.En tu garganta fulgeel vellocino de oroque buscaron los griegos mitológicos.Pienso que subsistes-que habitas para siempre-en el fondo de un sencillo corazón.Es cierto-lirio de las manos de Yavé-que te fuiste extinguiendo poco a poco ...
[del libro “paciente inglés” Reflexiones en el cine]
KAREN CARPENTER
Por tu voz
que es más linda que el sonido de la lira
he conocido el cielo aquí en la tierra.
En tu garganta fulge
el vellocino de oro
que buscaron los griegos mitológicos.
Pienso que subsistes
-que habitas para siempre-
en el fondo de un sencillo corazón.
Es cierto
-lirio de las manos de Yavé-
que te fuiste extinguiendo poco a poco
con aquella insoportable
levedad de todo ser…[Kundera].
Pero vives
en el más hondo susurro
del aire primaveral.
Por la brisa
de tu voz
[la de Streisand, y de Sky Davis también]
he pensado que el amor puede ser cierto;
que el planeta nuestro es paraíso
y que el hombre en general es bueno.
Tu voz
manantial de certidumbre clara.
Tan espontánea. Bella. Tan distante.
Que los conservatorios gimen
el nunca haberte cobijado.
El sollozo y la completa dicha
se armonizaron nítidos, perfectos,
en la línea ondulada de tu voz.
Tu alma, tu sonrisa y canto
fabricados con el polvo celestial
iluminaron la flaca adolescencia
de nuestros años insípidos, ya idos.
Te fuiste
como nos vamos todos para siempre.
Y sin embargo, queda aquí,
tu vellocina voz
en un recodo sacro
de mi “pagano” corazón,
Grabada en terciopelo de arco iris.
[Bien lo sabe Degrández].
Ya nada va quedando
del ruido de este siglo;
pero tu sobrio canto
querubínico
se expande suavecito
[mejor que los violines y las mieles esporádicos]
sobre la piel de las galaxias
en estado de fuga
[17 de septiembre del año 2000]
BARBRA STREISAND
Toda la tristeza de este mundo
y toda la dulzura suave
en una sola melodía.
Mil veces la he escuchado.
Han caído ideogramas. Otros han aparecido.
Las cosas y los trenes
se han ido relativos, en fuga al desamparo.
Mi corazón se ha desgastado.
Pero esa melodía
sigue intacta…
Intacta como ayer. [Los “Beatles' .
Y es que hablo de “Mujer enamorada”
cantada desde el centro de una nariz semítica,
nerviosa, dolorosa, tan fina y planetaria.
Escuché esa canción, por vez primera,
en un tiempo de dogmas insalvables
a punto de morir.
La tierra quebradiza estaba escéptica, inmediata.
De todo me reía. De todo me quejaba.
Leía un poco a Turcios y a Medardo.
A Borges, Sigmud Freud y Octavio Paz.
El “Fausto” estaba ahí, desencantado. Fastidiado.
El “Hamblet” medieval, irónico, dudoso, universal, moderno.
[Teníamos veinte años. Y algo más]
También leía a Eliot, a Gasset, Del Valle, Oquelí, Miguel
Cervantes.
A Paul Eluard y Kafka. A Joyce. Vallejo. Eclesiastés. De todo.
Las hojas más resecas, el suelo acariciaban.
Los macuelizos medardeanos, empero florecían.
Mi amigo Roque Hidalgo estaba ahí. [María Callas].
En medio de un sinfín de desencantos fríos,
llegó aquella “Mujer enamorada”, susurrando:
“La vida es un momento en el espacio”. Nada más.
Besaba, para mí, las cosas infinitas, los acordes,
con tonos serafínicos en una tarde limpia,
con sabor a desierto de Bersheva,
con agua del mar de Tiberíades,
la brisa de las flores de Sharón,
el Monte de Carmelo irrumpiendo el “Mare Nostrum”
donde el profeta Elías, según cuentan, hablaba con Yavé.
La canción. Mi canción,
subiendo en espirales irisados hasta el cielo,
con rimas vacilantes sin medida ni tiempo,
hacía llevadera
aquella subsistencia fragilísima, más o menos absurda.
He aquí una historia de intuiciones, y desfondes,
de un tiempo sensitivo, personal, deshilachado, casi eterno.
Pues érase una vez un universo, de creencias que caían,
como nieve imperfecta de apurados otoños.
Nadie sabe. Ni ella misma.
Que hace más de veinte años
este hacedor de versos y de prosas analíticas
adeuda a la canción purísima
un poco de su vida y del poema posmoderno
Y que anda por el mundo, semi-ausente,
mezclando luz y sombra de tranvías
que viajan tan veloces marchando hacía el olvido.
[El muro de Berlín, desde aquel tiempo, me era indiferente].
Tegucigalpa, MDC, 7 de marzo del año 2001
CLAVELES DEL SILENCIO
Los niños sordomudos con gutural sonrisa
Que ven labios moverse como en el cine mudo.
Una sílaba dulce puede ser tenebrosa
y un regaño grotesco, halago de amistad.
Son la abstracción perfecta
por cuanto nunca traiciona.
Sus ojos son espadas de luz contra los dientes
de pervertidas teclas.
O son el puente ígneo con que se comunican
desde un campo de fuerza de radios misteriosos.
Los niños sordomudos
ignoran el concepto ampuloso de la dicha:
Jamás han escuchado el violín de un Chaikovski,
una fuga de Bach ni un concierto de Mozart.
Jamás “beatlemanía” ni la voz de McCartney,
ni el croar de una rana ni un trapiche nocturno.
Y son, si lo queréis,
terriblemente felices
en la ignorancia del mundo.
[1985]
Biografía:
Poeta Segisfredo Infante
Nació en San Pedro Sula, Honduras, 1956. Creció en Tegucigalpa. Es egresado de la licenciatura en Historia. Es poeta, ensayista y epistemólogo. Director de la Editorial Universitaria, [Universidad Nacional Autónoma de Honduras, [UNAH]. Fundador de varias revistas. Actualmente dirige la Revista Histórico Literaria “CAXA REAL”. Y es columnista de las páginas de opinión del prestigioso diario “La Tribuna”, de Tegucigalpa.
Miembro de número de la Academia de Geografía e Historia de Honduras, Academia hondureña de Geografía e Historia.
Premio “Froylán Turcios” de periodismo y ensayo.
Laurel de oro año 2005.
Autor de los siguientes libros:
“El Libro en Honduras” [Artículos y ensayos].
“Pesquisas Literaria” [Artículos y ensayos]
“Algo de opinión” [Artículos y ensayos]
“Antonimias de Café” Poesía, [1981-1989]
“Paciente Inglés; Reflexiones en el cine” [Poesía]
“De Jericó, el relámpago” [Poesía]
“Correo de Mr. Job [Poesía]
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