SupuestosParece que aún fuera posible la ternuraaunque a nuestros pies hayan caídoángeles sin alascastillos con sus hadas luminosasy en el sueñoese que nos ha guardadoprimaveras y sonrisasestemos convocando el misteriosofracaso de los párpados.PuertasEn las cartas se embalsamanla caricia y la melancolíasiempre un viaje, las renunciasuna agenda humedecidaro ...
Supuestos Parece que aún fuera posible la ternura aunque a nuestros pies hayan caído ángeles sin alas castillos con sus hadas luminosas y en el sueño ese que nos ha guardado primaveras y sonrisas estemos convocando el misterioso fracaso de los párpados. Puertas En las cartas se embalsaman la caricia y la melancolía siempre un viaje, las renuncias una agenda humedecida romances conjurados. Tanta puerta usada por adioses caligráficos por mejillas de nube entre los vanos y por esa Luna impune como hoz al cuello. Ni tacto ni dinteles pueden inmutarse cuando el regresar es moho de cerrojos y sabemos que un abrazo en pena seduce ahora a nuestra sombra. Tantas huellas desgastando el yerro de estos pasos tanta fe en los simples ojos tanta metáfora olvidada en los bolsillos y frases de vinagre entre valijas. Sólo el invariable autógrafo nuestro nombre impropio como lerdo beso editado en la ceniza sobrevive inmune inmaculado en el desuso.
Fragor Así como la niebla besa tibias huellas y en la frialdad del día muere una luciérnaga mi suerte ha echado a andar la oscuridad de un nuevo verso.
Poema Abrí en mi piel una discreta herida para que escapara tu recuerdo.
biografia: ALEJANDRO RUIZ MUÑOZ
Cuando era adolescente creía en la sonrisa maquillando las palabras, que a su vez revelaban la veracidad del Universo; escribía acrósticos y esquelas e inventaba destinatarios para cartas rosaditas. Por supuesto no fue por ello que mi poemario Invasor obtuvo el premio único del Concurso Nacional de Poesía Antonio Llanos, convocado por la Biblioteca del Centenario, Cali, Colombia, en 1997, pues entonces ya ajustaba la treintena y casi comprendía que eran las palabras las que maquillaban [o inventaban] la sonrisa en los rostros de antigua arcilla -con o sin soplo- de nuestros semejantes. quizás como otra estrategia de camuflaje de un Universo sin verdades. Mi segundo libro, Oficio de Infantes, fue editado dentro de la Colección Escala de Jacob por la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle en 2007. Soy Diseñador Gráfico y resido en Cali, mi ciudad, en donde, arañando resignaciones, aún trato de sobrevivirles a las palabras.