Mi silencioso réquiem, mi silenciosa muerteEl leve y triste resplandor de un sueñoAbre la puerta de extrañas paciones, Lágrima teñida de un rojo pobreQue traspasa el oscuro de su velo.Entre escombros y ruinas ya perdidas,Templos pisoteados por el pasado;Yace el alma de cuerpo mutilado,Mientras su réquiem se queda sin vida.No es más que un bosque de sombras ajenasLuchando por asirse de este ...
Mi silencioso réquiem, mi silenciosa muerte
El leve y triste resplandor de un sueño
Abre la puerta de extrañas paciones,
Lágrima teñida de un rojo pobre
Que traspasa el oscuro de su velo.
Entre escombros y ruinas ya perdidas,
Templos pisoteados por el pasado;
Yace el alma de cuerpo mutilado,
Mientras su réquiem se queda sin vida.
No es más que un bosque de sombras ajenas
Luchando por asirse de este mundo,
Del cual, su dueño, el negro fin espera.
Espectros que cantan oscuros himnos
Para que la noche sea triste sueño;
Y se lleven una vida consigo.
Agonía
Nubes, blancomanto que intenta la luz disipar
De una luna que en lo alto se muestra delicada,
Sobre un valle rodeado de grandiosas montañas,
Que sus picos destellan un brillo cual espada
Blandida en nombre de una relegada memoria;
De lo alto, mar de nieblas, que pasa inmaculada
Sobre un bosque de moribundos y secos pinos,
Velo de una tempestad, en melancolía soñada.
Lágrimas que cubren la mirada de mis ojos,
Fría y trémula, perdida en el vacío de mi vida;
Es el manto de mi alma, cubierta de despojos.
Torres de finas y alisadas puntas derruidas,
Se alzan sobre un templo de oscura piedra; soledad;
Rosetones, cristales de diáfanos colores
Iluminan entre pequeñas gotas su heredad;
Cofre de plata y oro carcomido por el tiempo
Que entre ranuras, emana sangre a borbotones,
Impregnando de un rojo oscuro la roída sala.
Sangre, derramada por imposibles pasiones.
Corazón que yaces convertido en polvo fino,
Cubriendo el triste recuerdo de angustiosos sueños,Que intentaron escapar de un aciago destino.
Espectro envuelto en oscuras y dóciles sombras,
Pálido y bello rostro, que hechizas los salones
Del templo que yace moribundo y relegado;
Para ti, el viento canta taciturnas canciones
Y entre las suaves luces te encuentras bailoteando;
Colores que aumentan, de tu rostro, la hermosura,
Danza, que dulce embelezas mi corazón y alma.
Pesadilla de cruel final, liado a su atadura.
Camino de espinas marchitas desgarran mi alma,
Esperanzas que crecen a su tenue caricia
Y se desvanecen con la llegada del alba.
Sueños, batiéndose en la agonía de un llanto inmortal,
En un melancólico suspiro se disipa
La esperanza, cruzando de la muerte, su portal.
Sueño
¿Y si nos borrásemos a nos nosotros mismos?, dejando de lado todo lo que conocemos, escapar a la realidad y a los sueños, hacernos a un lado, tan sólo caminar de distinta manera y en otro rumbo, dejando de ser ente que propicia angustias y sólo mirar al aba que da comienzo a la noche; borrar nuestra presencia y recuerdo, cortar el lazo de plata y extirparnos con fino bisturí de la memoria colectiva, sin daño, sin cicatriz alguna; cambiar el crepitar de nuestro ego y volverlo un solo susurro de nuestro encuentro.
¿Y si viéramos los colores de la ceguera?, escapando de la luz del día y de la oscuridad de la noche, soplando vientos que surquen campos llenos de olivos y laureles, de matices de colores no descubiertos; descansando a los ojos, viendo sólo con el espejo del agua que se levanta de la profundidad del Hades, viviendo en espacios cargados de dulces suspiros, rodeados de nubes de algodón de azúcar, dejando caer espesas nieblas de incienso, acariciando bosques de origami y animales de cartón, esperando el sueño profundo donde reina 'la diosa de la luz imaginaria'.
¿Y si escribiésemos sin tinta?; observar con la miopía de nuestras almas el paisaje de Sodoma y Gomorra, descubrir el manto transparente que permita al sol mostrar su verdadero billo, permitiendo a los ruiseñores volar lejos de sus jaulas y finalmente encontrarse unos a otros; concedernos alas que nos permitan volar bajo el mar y agallas que nos permitan respirar en las alturas; dejar de poner senderos de hilo dorado y permitir perdernos en inmensos laberintos sin fin.
¿Y si finalmente aprendiéramos a no entender?; razonar el sin sentido y ahondar en lo obvio, parar dejar de ver colores y empezar a comprender los tonos, escuchar los acordes y no los ruidos, empezar a sentir las formas y no las superficies, tratar de caminar alrededor del agua y no sobre ella, dejando de lado la conciencia; dejar de ser víctimas de la medusa y empezar a comprender que no somos estatuas de piedra, soltar nuestros velos y danzar en la agonía del susurro ajeno; y porque no, dejar de temer a la razón de nuestra vida.
biografia:
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