V A I V É NAún más difícil que desplazarse en la cuerda floja es conservar el equilibrio entre la vida y la muerte, el centro en la línea perpendicular que une dos rectas paralelas, la nube solidificada a prudente distancia de los horizontes, la tarima improvisada mientras se cambia de escenario, la habitación dentro del nosocomio de los desequilibrios, el nudo indiferente a los jaloneos de ...
V A I V É N
Aún más difícil que desplazarse en la cuerda floja es conservar el equilibrio entre la vida y la muerte, el centro en la línea perpendicular que une dos rectas paralelas, la nube solidificada a prudente distancia de los horizontes, la tarima improvisada mientras se cambia de escenario, la habitación dentro del nosocomio de los desequilibrios, el nudo indiferente a los jaloneos de los extremos.
La cuestión se reduce a mantener el asiento en su lugar cuando después de copiosas batallas campales y una generosa cuota de mutilaciones negociadas se logró obtenerlo en el mercado de las frivolidades. Luego, seguros de estar bien afianzdos en la silla penetrar en la ingrávida dimensión del conformismo rebozante del cloroformo que embota los sentidos, achata la lucidez, troncha la raiz infinita, o sea, todas esas cosas de poca monta, y dar por sentado que se ha alcanzado la