PROLONGACIÓN DEL MISTERIOA Jose María RecaldePorque somos árboles milenariosen nuestras cabelleras manchadas de estaciones.Llegan pájaros agoreros.Arrieros buscando el aire y la sombra.No importa cuál sembrador, con qué sombreroNos tiraron en dúctiles tierras.Pero somos al fin y al cabo árboles fuertes y profundos.Nos cortan, nos rebanan las coronas. Nos vuelven estúpidos a vecespodándon ...
PROLONGACIÓN DEL MISTERIO
A Jose María Recalde
Porque somos árboles milenarios
en nuestras cabelleras manchadas de estaciones.
Llegan pájaros agoreros.
Arrieros buscando el aire y la sombra.
No importa cuál sembrador, con qué sombrero
Nos tiraron en dúctiles tierras.
Pero somos al fin y al cabo árboles fuertes y profundos.
Nos cortan, nos rebanan las coronas.
Nos vuelven estúpidos a veces
podándonos el alma; nos quitan nuestra
fuente de vida.
Como siempre somos resistentes
a las mutilaciones.
Crecen crispados dedos.
La libertad ensayando nuevos vientos.
La tierra alimenta nuestras voces.
Nacen embriones vestidos de alegría firmamento.
Pues en nosotros queda la prolongación del misterio;
la luz y nuestras vidas colgándose del tiempo.
POEMA
He de ser siempre caminante
puro caminante hasta en
los codos
Así, me han de llamar
marinero trotamundo
viajero sin motivos.
Luego dirán los que me
vieron tejiendo alfombras
en caminos hechos de relámpagos
terco, puro terco.
Cómo no he de serlo
sí no encuentro
la muchacha que teja
a palitos,
mi alegre corazón
mostrado al mundo.
BALADA DE UN CAMARERO
No hay mejoras en este
pedazo de tierra.
Aquí todos los peces pirañas
se ensañan con hierbas
que nacen.
Una carcajada de mimo
es suficiente para continuar
en la trama de cirquero.
Todos los floristas han aprendido
a ponerse la camiseta prismática,
ofreciendo más luz, nueva página,
un correo cibernético.
La triplica balada
cala el rojizo corazón de los humanos.
¡Vivan las estrellas!
El plato de frijoles,
las calles con pancartas
el papel cuadrado
las abstractas semillas.
Nosotros nos quedamos
tocando campanas
y no sabemos reclamar a los cristales.
¡Adelante noche!
Relámpagos del universo, retinas envainadas
en el ropaje.
Aquí la última palabra
debe soldarse con el tiempo.
biografia:
CARLOS BAYONA MEJÍA
[Piura, 1967]
Egresado de la Escuela de Bellas Artes de Piura, es autor de Poemas nostálgicos [1990], De la sombra a la luz [1991] y Poemas sin nombres [1992]. Además ha publicado una decena de plaquetas. Integra el grupo literario “El Golpe”. Tiene inédito el poemario El brillo del tiempo. Bayona es un poeta que en su vida y obra sigue las pautas de aquellos repetidos versos de Machado: “Caminante, no hay camino; se hace camino al andar”. Sus textos van describiendo las vicisitudes de la vida, los parajes naturales, los astros de la noche, los amores que se encuentran al paso. Este caminar del trotamundo será siempre benigno, sin tropiezos. Una visión limpia y restauradora frente a lo desolado ha de ser su impronta y su motivación esencial. Entonces la palabra es vista como fuerza limpiadora del alma, como sanadora de los venenos de la época en que vivimos. El poeta ha visto un mundo atroz, ha probado distintos sabores amargos, ha tratado con mucha gente atormentada y, no obstante, ha sabido plantar con denuedo la flor del optimismo, o un poco de luz multiplicada a raudales mediante una palabra sencilla, plena de elementos puros de la naturaleza. Su voz va surgiendo, por eso, en función de la existencia de una visión utópica, de una esperanzada “lejanía de proximidad” en donde caminar es buscar permanentemente aquello que no ha de llegar porque la poesía se encuentra más allá de cualquier paradero final. A pesar de todo allí está la magia del camino representada por esa muchacha “que teje a palitos”, en clara alusión a lo que se construye, se anhela, se ansia con vehemencia. La recurrencia del sueño es paradigmática en la poética de Bayona. También lo es el equilibrio entre pensamiento y emoción. De ese equilibrio se ha de servir para dar forma a su propia realidad y gozar de lo que existe, aunque este gozo no lo aparte de la ansiedad y la tristeza. Cierta negrura alcanza al poema —dice el lírico— para quitarnos “nuestra fuente de vida”. El mundo nos va podando sin cesar y hay necesidad de luchar para no dejarse vencer, para no ser mutilado del todo. Por eso no se evade de su entorno, más bien se compromete con esa dura realidad frente a la cual están, en lucha tenaz, los sueños puros.
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