IEstelas, laberintos y nuevas sendasSon las guerrasLagrimas en los ojosEspinas en el corazón,Sueños y mutilación de pueblos.Día, no pases, detén a los caminantes con rumor de sombras y constelaciones;De odio y poder que corre por las venasPorque tus manos son alivioProclama de continuar vivo.Umbral del silencio guarda nuestros secretos,Nuestro orden y desorden,Nu ...
I
Estelas, laberintos y nuevas sendas Son las guerras Lagrimas en los ojos Espinas en el corazón, Sueños y mutilación de pueblos.
Día, no pases, detén a los caminantes con rumor de sombras y constelaciones; De odio y poder que corre por las venas Porque tus manos son alivio Proclama de continuar vivo.
Umbral del silencio guarda nuestros secretos, Nuestro orden y desorden, Nuestra fuerza de ímpetus En el abrazo del roció de la mañana Que sea eterna la esperanza en la boca del tiempo. Como cada sol nuevo después de la noche.
II
La aurora nupcial del canto de gaviotas Esconde el eco de los centelleantes gritos de angustia Por donde el curso del rio de sangre va fluyendo. Lo que es la simple geometría de una línea de puntos convertida En el rezago de la guerra.
¡Día! Deja que habitemos en tu luz, Que nuestro canto ante la muerte y la desgracia Sea de esperanza, Danos el fuego para iluminar la noche, o la luna o por lo menos una de estrella de orión. Para no sentir en las sombras mi abrazo de despido en el crepúsculo.
Día, mira lo que soy, lo que somos, estos llagados de esquirlas Bajo tu amparo: unos habitantes del mundo huyendo de las laceraciones. Hombres, mujeres y niños, protagonistas de campos improvisados de guerra. Sin ni siquiera ser los enemigos de las espigas de trigo.
III
Los augurios de la noche son la violencia El penetrar en sombras delincuentes del calor de nuestros hogares Para saltar como venados en medio de los arbustos en pos de la huida
La oscuridad nos sabe a leche putrefacta, a cereza en destierro de los beneficiaderos, a higuillos fermentados por la melancolía a vinagre de arquitecturas destruidas a llantos agrios de dolor.
El deseo que crispa el silencio Son las semillas que nunca se acaban Porque tenemos manos sembradoras. Espíritu de aurora, Navío siempre de esperanza.
Por: Yudy Constanza Ortega Sánchez
biografia:
Soy Yudy Constanza Ortega Sánchez, oriunda de Pitalito Huila profesional en filosofía y amante de la poesía.