Se Informa a la comunidad que Carlos Alberto Hernández Jara ha muerto.
Murió hoy jueves 20 de agosto de 2026 a las 18:00 hrs.
No hubo funeral. No hubo flores. No hubo cura.
El cura tenía cosas más importantes que hacer y las flores, por respeto, prefirieron marchitarse ...
Se Informa a la comunidad
que Carlos Alberto Hernández Jara ha muerto.
Murió hoy jueves 20 de agosto de 2026 a las 18:00 hrs.
No hubo funeral.
No hubo flores.
No hubo cura.
El cura tenía cosas más importantes que hacer
y las flores, por respeto,
prefirieron marchitarse en otra parte.
Carlos Alberto Hernández Jara murió hoy jueves,
aunque nadie está completamente seguro
de que haya sido una muerte importante.
Algunos dicen que fue el apellido.
Otros dicen que fue el cansancio.
Mi madre dice que ya era hora.
Yo, personalmente,
lo vi esa mañana.
Estaba sentado frente al espejo
preguntándose quién era ese tipo
que llevaba tantos años
pagando las cuentas de un apellido
que nunca le quedó bien.
—¿Usted es Carlos Alberto Hernández Jara?
—Era.
—¿Y qué pasó?
—Me aburrí.
—¿Y está muerto?
—Más o menos.
En su bolsillo se encontró
un carnet de identidad,
cero dinero,
la boleta del parking del Mall vencida
y una pregunta:
¿qué se hace con el nombre
de alguien que no supo quedarse?
No tengo respuesta.
Pero tengo memoria.
Porque Alberto
no era un apellido.
Era su segundo nombre.
Y Lewin
no era un invento.
Era el segundo apellido de mi madre,
una mujer que todavía está viva
y que lleva ese apellido
como quien cuida una pequeña lámpara
para que no se apague.
Mariana y Silvia Lewin Wolleter.
Ese es el nombre
que viene detrás del nombre.
Y antes de ella
Estaba Guillermo Lewin Pérez de Arce (estiró la pata joven) y Margarita Wolleter Pando
Mis bis abuelos.
Entre ellos, dos mujeres
que hicieron familia
cuando otros apenas sabían
hacer presencia.
Silvia,
mi tía abuela.
Margarita,
mi bis abuela.
Dos nombres que no necesitan
certificado de defunción
para seguir estando.
Entre ambas
creció mi madre.
Y mi madre
se convirtió en una tremenda mujer.
Por eso hoy
no entierro un apellido.
Entierro una ausencia.
Jara queda donde corresponde:
en la parte de la historia
que no supo quedarse.
Un apellido de padre ausente,
un apellido que estuvo en los papeles
pero no necesariamente en la mesa.
Y yo no quiero cargarlo
como quien arrastra una maleta
que nunca preparó.
Porque la sangre
también se equivoca de domicilio.
Porque un apellido puede heredarse
sin merecerse.
Y porque hay apellidos
que uno recibe,
y otros
que uno decide cuidar.
Por eso elijo Lewin.
No porque sea perfecto.
No porque la historia de ese apellido
haya sido perfecta.
Sino porque allí están ellas.
Las mujeres.
La familia.
La memoria.
El amor que sí estuvo.
Porque morir,
irse para el patio de los callados,
Se hizo fiambre,
Quedó pata e laucha,
estiro la pata,
colgo los botines,
paso a mejor vida,
quedo tieso,
se juntó con San Pedro,
y, como dijo el gran poeta
Sergio Patricio Zúñiga Palacios:
cagó pistola.
Carlos Alberto Hernández Jara
hizo todas las anteriores.
Y ninguna le quedó bien.
Por eso hoy,
jueves 20 de agosto de 2026,
vengo a declarar públicamente
que Carlos Alberto Hernández Jara,
a muerto.
Que conste en acta.
Que se archive.
Que se borre del pizarrón.
Que alguien apague la luz
y deje la puerta abierta.
No estoy renunciando a mi historia.
Estoy corrigiendo el título.
Porque después de tantos años
uno tiene derecho
a ponerse el nombre y el apellido
que le dé la gana.
Y si alguien pregunta
por Carlos Alberto Hernández Jara,
díganle que murió.
No sufrió.
Se fue caminando,
silbando una canción que no recuerda,
con los bolsillos llenos de preguntas
y un apellido menos.
El jueves 20 de agosto de 2026
murió Carlos Alberto Hernández Jara.
Y ese mismo día
nació otra cosa.
No sé todavía
qué será, un poeta quizás?
Pero, tiene nombre.
Desde hoy
me pueden llamar Alberto, Alberto Lewin.