Volví a fallar.
Otra vez le di el celular,
lo dejé en la pantalla un rato
para poder descansar.
¿Descansar de qué
si no hago nada?
Solo estoy en casa
cuidando a mi guagua.
¿Por qué me canso entonces
si solo limpio y ordeno,
lavo, cocino
y tamb ...
Volví a fallar.
Otra vez le di el celular,
lo dejé en la pantalla un rato
para poder descansar.
¿Descansar de qué
si no hago nada?
Solo estoy en casa
cuidando a mi guagua.
¿Por qué me canso entonces
si solo limpio y ordeno,
lavo, cocino
y también enseño?
¿Será que mi labor no sirve?
Claro que no sirve
para pagar las cuentas.
Mis labores son inservibles
y poco tomadas en cuenta.
Solo quiero un descanso
para tomar un café,
para disfrutar de una ducha,
para poder masticar bien al comer.
¿Pediré mucho?
¿Seré egoísta por querer
unos minutos
para hacer algo por mí?
El padre se queja
y dice que si no fuese por él.
¿Si no fuera por ti qué?, le pregunto,
y responde que no tendría ni para comer.
Por mis mejillas
corren lágrimas
Y no de tristeza, sino de impotencia
por no tener mi propio sustento.
Pero si pudiera sustentarme
también perdería:
si me encuentro a mí,
lo dejo a él,
a este ser
que todavía es parte de mí.
"Aguanta, que eres fuerte",
me digo a mí misma, impaciente.
que tu guagua crecerá
y tú serás más sabia y valiente.
Madres valientes somos todas:
las que cuidan en casa,
las que laburan
y las que aguantan también,
aunque su dolor perdura.
Jamás fuimos el sexo débil.
Fuimos creadas para crear.
Crecimos más rápido para liderar.
En nuestro ser está el sello
de aquel que creó los cielos y el mar.