Desde que empecé a escribir seriamente, siempre he tenido el complejo de sentirme un pequeño escritor cuando estoy frente a un gran creador de las letras, hoy es el caso, pero no estoy sólo frente a un gran escritor, estoy frente a un gran desafío, porque estoy enfrentado ...
Desde que empecé a escribir seriamente, siempre he tenido el complejo de sentirme un pequeño escritor cuando estoy frente a un gran creador de las letras, hoy es el caso, pero no estoy sólo frente a un gran escritor, estoy frente a un gran desafío, porque estoy enfrentado al reto de escribir un prólogo para un gran libro de poemas de un autor que sólo conozco de manera virtual, de un poeta que vive bajo otros cielos, que mira otros paisajes, que se emociona con otras cosas, que se inspira de otras realidades. Pero sufre de los mismos dolores, llora las mismas penas y tiembla de los mismos temores.
Mi héroe empezó a escribir a la edad de doce años, yo a penas a la edad de cuarenta y cuatro, mi héroe ha caminado décadas construyendo versos, frases, poemas, libros, mientras yo caminaba por el mundo tratando de conseguir un plato de comida y de sobrevivir a las atrocidades de los gobiernos gorilas de mi continente, casi sin tiempo de leer siquiera, y cuando disponía de aquel apreciado tiempo, era para leer actualidad. Quiero decir que estuve lejos de la literatura.
Mi héroe, Abdelouahid Bennani, nació en Tánger, Marruecos, en 1958, yo nací en Melipilla, Chile, en 1956, es decir, hemos vivido las cosas al mismo tiempo, pero en lugares diferentes, la historia nos atrapó en la época, y la magia de la existencia nos juntó en la encrucijada de la vida. ¿Para qué? Aún no lo sé, pero visualizo algo grande que galopa por el horizonte del destino.
El libro que muy bien el autor titula “Le Bruit du Silence” comienza de frente contra lo que corroe el mundo actual: el dinero; el lucro que buscan los hombres en desmedro de los valores esenciales de la vida, la ganancia que deja víctimas en el camino y el poder económico que socava la mente de los humanos alejándolos del motivo esencial por lo que estamos de paso aquí en la tierra.
Luego viene el canto al ángel que invita al poeta a escribir, el ángel único, el privado, el íntimo, el espiritual, ese que aparece de alguna forma para hacernos escribir, para hacernos derramar la tinta por sobre el papel, como el mío “Agualuna”, como el de Richard Bach “Donald Shimoda”, como el que llega inesperadamente sólo al escritor que tiene que escribir porque tiene cosas que decir.
Y así sigue el poeta cantando a las cosas que tienen sentido, el poeta dice y canta. “Si j’étais toi”, “Penser juste à toi” o “Je pense à toi” tres títulos, tres poemas dedicados a alguien importante para el autor, la musa, la diosa o el ángel, qué más da, si lo que importa es el canto sigiloso del poeta y el zumbido del silencio que arrastra por las arenas el canto del mundo. A veces me hace pensar en Jacques Brel, el poeta-cantor belga, por el ritmo de sus versos, la melodía de su canto y el sentido que le da a las palabras, pero para sentir el timbre de su voz hay que leerlo en su idioma original, el francés, aquí difícilmente se entendería lo que señalo si se lee alguna traducción de este magnífico libro.
El amor, la música, la amistad, los sueños, el universo todo entero con sus estrellas, sus astros y su infinito hacen coro para hacer crujir el silencio que atormenta la existencia humana.
Es tan grande el tormento, que el poeta ve en la lluvia el llanto: en el poema « Il pleut dans mon cœur » el poeta recurre al llanto de Verlaine por Rimbaud, con lo que el poeta maximiza el dolor que siente, porque éste tiene sus raíces en el daño y crimen indecibles que sufre la sociedad, y qué sociedad, la simboliza en la más frágil, en la más sagrada: la sociedad infantil.
Il pleut à verse dans mon cœur
Vois-tu Verlaine comme je pleure?
La perte de mes êtres chers
Enfants mourant, pâtées de chair
Tous les enfants de face de pile
Remplissant les sites des pédophiles.
Y en el poema siguiente “Il Pleut” el poeta insiste:
Il pleut ce ciel cruel
De chaudes larmes d'enfants
Hantant seuls les ruelles
En ce soir sans fin
Il pleut des larmes d'enfants
Dans ce ciel triomphant
De tonnerre et de peurs
De foudres de cris de pleurs
Il pleut à verse et coule
Sur les yeux qui écoutent
Ce chant interminable
Il pleut ils pleurent ils râlent.
Dan ganas de seguir citando fragmentos de sus poemas, pero hay que dejarle al lector descubrir página a página y verso a verso cada poema, cada grito que despedaza el silencio y la soledad.
El libro tiene momentos de dulzura y de paz, florece el amor y la ternura, pero de pronto nuevamente el dolor, la sangre y el ruido de los cañones interrumpen el instante sigiloso haciendo bramar el silencio. Son los gritos de guerra que hacen estremecer el alma tranquila del desierto, es como si de repente el vocabulario del elipsis se pusiera a protestar.
El Principito de Antoine de Saint Exupéry, inmerso en el desierto del Sahara, decía que hay que buscar con el corazón porque los ojos son ciegos, creo que si, creo también que hay que escuchar con el corazón porque los oídos son sordos, cuando eso sucede se ha descubierto que el silencio tiene notas que hacen crujir el planeta, y sólo así, se estará apto para escuchar los quejidos del mundo.
Luis Arias Manzo
Secretario general del
Movimiento Poetas Del Mundo
Santiago de Chile, 04 de junio 2008