INADVERTIDALa niña flotaba sobre los hangares del ensueñoy gustaba detenerse en mi ventana. La alondratocaba su violín para la estación que renacía cuando las visiones proyectaban matices sobre la pantallaazul de la memoria. Mis manos deslizan el adióspor el canal del aire. No logro entendercómo la novia escondió la tristeza ante lo nebulosodel encuentro que le ubicó el eclipse a la confi ...
INADVERTIDALa niña flotaba sobre los hangares del ensueño
y gustaba detenerse en mi ventana. La alondra
tocaba su violín para la estación que renacía
cuando las visiones proyectaban matices sobre la pantalla
azul de la memoria. Mis manos deslizan el adiós
por el canal del aire. No logro entender
cómo la novia escondió la tristeza ante lo nebuloso
del encuentro que le ubicó el eclipse a la confianza
conque llevó la candidez al lecho del amor.
Respiro ante el logro de tantas posesiones y preciso el camino
que queda por andar. Deshago así la claustrofobia
y sonrío al plegarme ante lo desconocido, cuando
paso inadvertida entre los nuevos rostros.
EMBRUJAMIENTOMe conformo con saber que los faros están haciéndome señales
desde un puerto cercano. Este sabor a sal es un amuleto
que mide las distancias del azaroso viaje. Al regreso, me invito a un festín
para el cual estreno vestimenta de lujo y un brindis majestuoso.
Recorro el espacio donde la música hace bailar a hombres
y mujeres que vivieron naufragios y andan en su océano
procreando o recibiendo palabras que nombrarán las pautas a seguir.
Alguien suspira al fondo, detrás de la cortina.
Logro indagar, mientras disfruto el pastel que me convierte,
interpreto la incógnita: Allí estoy.
Me traigo a este salón oloroso de azahares en el que todavía
intiman aflicciones. Dispongo la garganta para el canto a media luz,
mientras danzo con algún espectro conocido.
SALVAMENTOCaigo desde la cólera a este cuerpo ajetreado
con huesos fuera del zarpazo del tiempo
agarrada al tablón de ese mar insensible que
presentó contienda. Me aferré y me vieron reír los delfines,
los amigos y amigas que tampoco me entienden
cuando pongo mi pedazo de espejo ante su rostro.
Los artilugios se desprenden de su sitio infecundo
y suben a las gradas del museo con
su armadura y sus palomas. Se anclan en la calle del árbol.
Esta estatua se dilata ante mis ojos, se burla al verme transitar
con mi flexible cepa. Mi amor no es Medieval, nadie me dio a beber
ningún vino embrujado. Mi Tristán no fue el amante eterno
ni Isolda mi doble. Mejor sigo agarrada a este madero,
donde presiento que todos los que han ido al Malecón, a esta hora,
intentarán salvarme.
biografia:
CARMEN SERRANO COELLO. Licenciada en Filología. Nació en Sagua de Tánamo, Holguín, Cuba. Miembro de la UNEAC. Ha publicado los poemarios Por este medio [Premio José María Heredia] Por el Cauce de mi río, [Antología] Unión., Una Paloma de Espuma, [poesía para niños] Editorial Holguín, Por aquí andan mis ángeles [Colección Mariposa de la Editorial Oriente y en proceso de edición Esas ovejas que nos balan dentro [La rueda Dentada, Ediciones Unión] Poemas suyos aparecen en numerosas revistas y antologías del país y algunas del extranjero. Obtuvo Premio José María Heredia, dos premios del concurso Regino E. Boti, con poesías infantiles. Finalista en el II Certamen Internacional de Poesías Sant Jordi 2006 con el libro Casa Perdida en la memoria y otras. Tiene inédito, Un remo contra el agua, uno de décimas titulado No me quiten lo vivido. Vive en Calle 25 # 813, E/ B y C, Vedado, Plaza, Ciudad de la Habana.. E/mail. serranocoello@hotmail.com
serranocoello@hotmail.com