Solo bastará fijar la mirada en los lienzos que cuelgan de la ventana y es ahí donde está marcada la historia, indeleble historia para la pupila del expectante que la ha bebido con los ojos del alma en un por siempre. Un poeta no deja de serlo de la noche a la mañana, es un signo con el que se ha nacido y solo otro igual descifrará ...
SIGNOS MARCADOS
Solo bastará fijar la mirada en los lienzos que cuelgan de la ventana y es ahí donde está marcada la historia, indeleble historia para la pupila del expectante que la ha bebido con los ojos del alma en un por siempre. Un poeta no deja de serlo de la noche a la mañana, es un signo con el que se ha nacido y solo otro igual descifrará sus trazos los que se conjugarán en el silencio de los cánticos, desgarradas notas de las liras al unísono en los cielos quedando titilando en las estrellas la luz que los reunirá mientras estén vivos, se escucharán en lejanías a los cuatro vientos o en el mutismo de los ojos, también en medio del bullicio o en algún lecho, intemporales sin espacios por que el misterioso universo los sitúo en los mismos planos y vértices coincidiendo absolutamente por siempre. ¿Qué huellas deja la carne que marqué el espíritu en lo sutil de su esencia? Lo que el alma aprendió a percibir, a sentir sin rozar se acrisoló antes de llegar a la fibra. ¿Qué importa la fibra entonces? Antes de que los hilos sean polvo antes de reversar las pupilas a la nada, nos volveremos a reunir con los ojos del corazón y serán uno y todos los versos, serán cadenas que los concilie en este plano y en la eternidad, para siempre.