HombrePodemos pedirte que te sientesy apagues el café así como caminopara que enciendas la derrota justo al lado de tus sueñoscomo una llamarada de agua cinerariavaciada en la sangre y las horas del cuento de este mundoQueremos muestres tu mansa piel de vencidoaquellos ojos que no merecieron el cielola noche de tu fiebre y tu deliriodonde todas las luciérnagas fueron as ...
Hombre
Podemos pedirte que te sientes y apagues el café así como camino para que enciendas la derrota justo al lado de tus sueños como una llamarada de agua cineraria vaciada en la sangre y las horas del cuento de este mundo
Queremos muestres tu mansa piel de vencido aquellos ojos que no merecieron el cielo la noche de tu fiebre y tu delirio donde todas las luciérnagas fueron astros y un olor de alas pobló la tierra sólo por el esplendor de la muerte y la madera de su tacón partido en tu puerta
¡Qué jodida! Ahora cuando tienes al fin conciencia de tus glándulas y usas jarabes de manera previsible para un aliento más denso, ahora cuando le agarraste el gusto a tus zapatos y demoras el corazón en la cama, cuando saludas con campanas un domingo y comes hojas con la solemnidad de un caballo, cuando esperas y conoces la lluvia, cuando ríes y conoces el fuego, ahora, justo ahora, descubres que no pudiste conjurar el tiempo.
Fusilamiento [México 1915]
La hora del condenado. Rumor de polvo por el sueño Soldados que apuntan a una leyenda cimarrona Fragor de pólvora rondando la viudez de los espejos Luna manchada del aljibe que se despeina Mediodía del caballo que tiembla y busca Polea del relincho sobre piedras ocultas Rota muralla hasta el fin del mundo Sonido y sombra de la bala que pregunta Por una fiebre más fiebre que no predica olvido Mujeres que sorprenden la guadaña del otro sueño cruzar sus patios mascando trinitarias Pergamino que da de beber la tierra al vencido Caliente y rudo corazón que detiene los relojes Gloria que se puebla élitro por élitro y vuela siempre más allá de la palabra ¡fuego! por que la muerte arroja en nosotros el antiguo oráculo de la sangre profanada
Muchachita del Maíz
Te hablo a maizales vividos a vejeces dejadas por la edad del río
Te hablo de cuando el camino en sombras De cuando la niña bajo la noche con ojos de agua color de noche
Te hablo a ti muchachita del maíz De la risa de mazorca muerta de la risa De las piernas largas como sueños rogando algodonales para el blanco de los días
Te digo de cuanto guardo de tuyo mas viento que alas más pájaros que arena En la única memoria que salva: la del corazón
biografia:
Jorge Del Río Vasquez: Nacería en Cartagena Colombia en 1977. Ha sido fundador y miembro de múltiples talleres y tertulias literarias y catedrático universitario.
Sus poemas han sido publicados en diarios y revistas de la costa caribe colombiana y ha obtenido galardones nacionales por su trabajo literario.
Publico en el año 2004 su primer poemario \'Derrota otra vez del olvido\'.
En la actualidad prepara la publicación de su segundo poemario: \'Los Cuadernos del descreído\'