Sonia Rabinovich
Nació en Córdoba en 1955. Es profesora y licenciada en Letras modernas por la Universidad Nacional de Córdoba. Coordina talleres de escritura desde el año 1984- Dictó seminarios sobre Alejandra Pizarnik, J.L Borges, Julio Cortázar , Roberto Juarróz y Clarice Lispector. Publicó los siguientes libros de poesía “Palabra de Mujer” (1989), “Poemas para conjurar el miedo“(1994) , “Late Jerusalén” , poemas con pinturas de Carlos Alonso (1996) , “Versión libre del paraíso” (1999) , “Los nombres de la herida (2002)“ “Escrito en la espalda “ (2005). “La barca de las especias “ (2011), “Mujeres rotas “ (2013). Presentó ponencias y participó en mesas de poesía en congresos del país y del exterior. Fue premiada en los Juegos Florales Nacionales´en 1995, en la “Fundación Argentina para la poesía” en 1998 y en el concurso nacional de poesía “Luis de Tejeda 2002 y 2011. Sus poemas fueron publicados en Antologías y revistas de México , España y Rumania. Se encuentra en imprenta un libro en edición bilingüe Rumano –Español por la Universidad de Bucarest.
Versión libre del paraiso
(según Eva )
No marcaba morder esa manzana,
el tiempo de conocer
ni el de los rituales de la magia.
Eran otros los tiempos
donde mi boca retenía tu hombro
entre los dientes, apenas,
hasta recibir el brillo de tus ojos.
No era elixir el fruto aquel
sino la ceremonia de saborear
las yemas de tus dedos una a una
hasta descubrir el sabor agridulce de algún hijo de árbol
que hubieras tomado antes.
No era la redonda ofrenda de serpiente,
la que me hizo saber tu nombre Adán.
Fue antes, cuando olfateaba tu cuerpo
y me embarcaba en tus aromas
cuando esparcías en mi piel los hilvanes de tu boca
y me dejabas navegar entre tus lágrimas
que ya sabía quién eras hombre mío.
Fue mucho antes de ocultar la desnudez
cuando intuía que los frutos que crecían desde mi pecho
eran para vos más sabrosos
que aquellos que te ofrendaban nuestros arbustos,
dos imanes más poderosos que las rojas frutillas
que se arrastraban a nuestros pies
o sabrosas lunas repletas de agua
que te esforzabas por alcanzar trepando palmas.
Yo amaba aquella canoa para dos
que se erguía desde tu vientre
apenas te rozaba con los labios
y un oleaje en tormenta invadía mi costa
de arena movediza
con cada ir y volver impetuoso de tu mar
hasta arquearme cintura buscando tu pecho con la piel
hasta enceguecer de luz sabiendo
que era esa la visión.
El centro mismo de donde habíamos partido.
No se trataba de morder esa manzana.
El fruto eramos vos y yo
y amarnos el saber
y cada encuentro el mordisco
desde donde derramábamos nuestro néctar
sobre el paraíso
(de “Versión libre del paraíso”)
Cuando nos amamos
se precipita una suelta de hojas.
Así nos imitan los árboles
cuando se otoñan.
(de “versión libre del paraíso)
No puede moverse,
teme que las letras caigan,
que las palabras se destiñan
con la humedad,
que resbalen y formen otro texto.
No quiere moverse,
pero escucha el reloj
y escucha el viento
y Heráclito y los mismos y no somos
y no quiere moverse.
(de “Escrito en la espalda”)
Teníamos al mar por la cintura
y el sol humedeciéndonos los pies
en ese entonces,
en las fotos de entonces,
cuando éramos los otros de nosotros
y no había que prender fuego alrededor,
en círculo,
para ahuyentar escorpiones y alimañas.
Abríamos las piernas
y engendrábamos dioses en la espuma.
(de “La barca de las especias “)
Comíamos ciruelas y damascos,
comíamos semillas de zapallo tostadas,
de girasol. Al sol, comíamos.
Eso era todo y tanto,
el gusto , el tacto y el olfato.
Sacralidad olvidada.
Paraíso en los labios.
(de “La barca de las especias “)
La taza contenía el líquido
oscuro y espeso
que prometía un mundo.
Apenas café turco, molido fino
con una cucharada de azúcar negro
y semillas de cardamomo en el hervor.
Apenas un aroma que se esparce,
los labios que se bañan en lo oscuro
y nadie que sepa leer la borra.
La borra, lo que se borra, nadie.
De “La barca de las especias “)
A Edith Piaf, Frida Kahlo, Clarice Lispector
Mordidas por la noche,
Abroqueladas en el dolor,
Ellas mueven los sueños,
Parten el alba en dos y guardan su jugo
Con el temor del mañana.
Diosas golpeadas a muerte por la vida.
Estatuas de piel y huesos partidos,
Adoradoras de mundos cóncavos, convexos,
Herejes salpicadas de mundano amor.
Ellas supieron antes que todo se quebraba,
Que toda orfandad es permanente,
Pero abrieron las aguas
Y salieron al exilio rompiendo todo mandamiento,
Así , como ellas fueron rotas.
De “Mujeres rotas “
Sonia Rabinovich