Mariana Ducros
Mariana Ducros nació en Buenos Aires en diciembre de 1984. Es Profesora de Letras y estudió Redacción Publicitaria. Recibió distintos premios en las categorías de poesía, cuento y microrrelato. En 2010 publicó su primera novela, Nos llaman Chicas Bobas (editorial Botella al Mar). En 2012 publicó Lunática bajo el mismo sello. En 2013 publicó Asfixia, su libro de poesías.
Blog: asfixiapoesia.blogspot.com
Sangre en sus labios
Sólo muere en sus sueños, sólo arden sus marcas.
Sólo sufre en silencio, sólo duele encontrarlas.
Palabras le sobran, prefiere callarlas.
Le sangran los labios, hay sangre en sus labios.
No está, no responde, le sangran los labios.
Las palabras que calla son sangre en sus labios.
El reloj no avanza, su angustia no descansa.
Los latidos no suenan, sus oídos se envenenan.
Y cuanto más oye, más duele, y más se envenenan.
Le sangran los ojos, hay sangre en sus ojos.
No mira, no llora, le sangran los ojos.
Miradas ausentes son sangre en sus ojos.
Poderosamente en pie, desgraciadamente dolida,
Inquietantemente inmóvil, sospechosamente seria,
Lastimosamente dulce, delicadamente herida.
Le sangran las venas, hay sangre en sus venas.
No ve, no se mueve, le sangran las venas.
Son cien mil excusas, es sangre en sus venas.
Todo se humedece, se inunda, desborda.
Se siente flotando, colapsa, se aleja.
Le extienden la mano,
se seca, desagua, su cuerpo se escurre
y el agua que escupe
también es sangre.
Llora sangre
Llora sangre, llueve sangre y de verdad no entiende nada,
llueve sangre, muere sangre y no se levanta de la cama.
Fluye sangre, vive sangre y no despierta esta mañana,
mata sangre, muere sangre y sangre hay en su mirada.
Toca sangre, siente sangre y, triste, queda abandonada,
prueba sangre, huele sangre, y así pasó toda la semana.
Hierve sangre, quiere sangre, ¿y si fuera olvidada?
Vive sangre, pide sangre, y la sangre entra en su almohada.
Rompe sangre, aspira sangre que la deja aniquilada,
bebe sangre, siempre sangre, sangre que su corazón derrama.
Cree sangre, entiende sangre y la sangre consolaría su alma,
pierde sangre, vierte sangre y va quedando desangrada.
Vuela sangre, oye sangre y sin rastro de una herida
sufre sangre, calla sangre y hay sangre en su alma partida.
Siente sangre, pide sangre y se siente cada vez más perdida,
crece sangre, quiere sangre que la dejó sin despedida.
Llora sangre
Llueve sangre
Muere sangre
Siente sangre
Sufre sangre
Late sangre
Ama sangre, odia sangre, ¿morirá de dolor?
Sufre sangre, duele sangre. Más bien, será de amor.
Claustrofilia
La habitación es pequeña:
1 metro x 1 metro
y de alto un poco más,
sin puertas, sin ventanas
pero, cruel realidad, tiene techo.
Náuseas, jaqueca y mareos
surgen de forma algo violenta.
Porque se va dando cuenta
de que algo comienza a moverse.
Gira el piso…
Como una pantalla
su campo visual cambia de color.
Mira fijo… pero no puede.
Las paredes son rayadas,
y sus náuseas quedan justificadas.
Gira el piso…
Las esquinas se sienten cada vez más cerca
ese metro x 1 metro
se reduce de repente
y el techo, lentamente,
se dirige hacia abajo.
Gira el piso…
Se encandila.
Hay luz, una luz de reflector.
Una luz que hace ruido
y comienza a emanar calor.
Un húmedo y denso calor.
Gira el piso…
Se arrodilla.
El cuerpo se tensa.
Porque ya casi no tiene espacio.
Su garganta se cierra despacio.
Gira el piso…
Gira el piso…
Respira el aire que,
por suerte, no se acaba,
Queda otro aire, un aire ya usado,
ya respirado
No le importa que no sea nuevo,
no es pretenciosa.
Pero a sus pulmones no les gusta.
Gira el piso, está encerrada,
se marea, y cuando se marea no piensa,
cuando gira se olvida.
No recuerda tu partida.
El cerebro descansa
dejándola así… CLAUSTROFÍLICA.