Jorge Carlos Alegret
Nationality: Argentina
Email: jalegret1@uvq.edu.ar
Sentiment flows through us naturally, for artistic expression—the ink of our writing—is the very blood of our souls.
Nationality: Argentina
Email: jalegret1@uvq.edu.ar
Jorge Carlos Alegret
Jorge Carlos Alegret nació en Mar del Plata, Argentina, en 1957. Vivió en varias poblaciones de la Patagonia, trabajando como docente. Su obra aparece en publicaciones de Argentina, Colombia, Venezuela, Puerto Rico y España. En 2.011 edita su libro Poetiqa (Editorial de los Cuatro Vientos, Buenos Aires).
SÍNTOMAS
nos oímos ser
Hegel
¿Por qué este brusco hogar, medio afuera, medio adentro?
Yo puedo sumergirme en ti, mira, como un glaciar,
tú misma asesinas a tus hermanos:
antes que ellos
estuve contigo, Neviscada.
Echa tus tropos
al resto:
uno quiere saber
por qué no estuve
ante Dios de otro modo que ante ti,
uno quiere ahogarse dentro,
dos libros en lugar de los pulmones,
uno que se punzó en ti
insufla la punzada,
uno que fue para ti el más cercano,
se extravía a sí mismo,
uno adorna tu estirpe
con tu traición y la suya,
tal vez
era yo cada uno
Paul Celan
"Parte de nieve"
Cosmos interruptus: la estética del espejismo en la era del polietileno
“Sabéis lo que es la sensibilidad suspendida, esa vitalidad terrorífica y partida en dos, ese punto de cohesión necesaria en la que el ser no se alza más, ese sitio amenazador, ese lugar aterrante”.
(A.A).
“(…) La ceguera es el estado
de las cosas: todo se ha vuelto ojo
y no hay qué mirar”.
(J.C.A).
I
En algún punto de la palabra síntoma hay un afán romántico que destila tragedia.
Las ciencias médicas se valen del síntoma para inferir una enfermedad y distinguirla de otras. También la filosofía, las ciencias sociales y los saberes populares se valen del término para congregar, bajo alguna categoría, los indicios de algo que está sucediendo (o que va a suceder).
En cualquier caso, el síntoma es un emergente que nos interpela y nos invita a la exégesis para conformar un diagnóstico: diagnóstico de enfermedad, diagnóstico de época o, por qué no, diagnóstico de la enfermedad de una época.
Pero en tanto indicio de un determinado estado de las cosas, hay algo que no está explícito en su invitación interpretativa y que es medular: su naturaleza trágica. Hay algo abisalmente inevitable en el síntoma. Algo de presagio de lo ineludible. Algo del desencanto que produce develar ciertos misterios: un develamiento Nietzsche-style.
Jorge Carlos Alegret hace carne, piel y fluidos la experiencia mutilada de los síntomas de nuestra contemporaneidad: ese dispositivo fabricante de espejismos que linda con lo fantasmagórico pero sin su carácter místico. Aquello a lo que Rilke tanto temía, pero dos siglos más acá del concepto de mercancía.
Post-Baudelaire y post-experiencia de shock, no hay “real” sino como imagen que nunca acaba de ser umbría. “Lo real es un flujo de réplicas”.
II
El tiempo como adherencia, el final como experiencia negada, el azar como ilusión, el habitar ecoico de los mismos no-lugares de siempre: Síntomas problematiza la identidad medio afuera/medio adentro de la era sin dios y sin hombre: “Dios no funciona”, sentencia la antesala de Susana Thánon. “Estoy cubierto de hambre de Dios muerto/ y también de un sujeto muerto”, continúa Alegret.
No es más grande un dios que un adán cuando los dos están a la altura de las minúsculas de sus iniciales. Como tampoco hay un “yo” o un “tú” en registro de voz no-híbrido: las primeras y segundas personas se conjugan en terceras impersonales y se someten a “se” reflejos que hacen heteróclita la identidad. Que la hacen pastiche.
Los prolapsos, dispepsias, psoriasis y enfisemas (tan metafóricos como no) se cantan en estas páginas con la organicidad de la que carece nuestro modo de digerir el mundo, nuestro modo de habitar estas pieles “de plástico recalentado”, nuestro constante respirar nevisca subterránea.
Somos el after a la caída de los grandes relatos, los epitelios narrativos de lo que siguió a las post-utopías. Y Síntomas –entre altas dosis de wiski, mucho asfalto de por medio, la escenificación de las soledades de los rituales cotidianos y la puesta en nombre de los lazos familiares– intenta ser un llamado a la desalienación del sensorium en estos tiempos que siguen siendo de neón y celuloide a pesar de las redes.
“El paladar arrasado por la verdad de derrumbe”. Una apología de los interrogantes como autoinsurrección.
III
“La vida es quemar preguntas”. (A.A).
Ma. Antonella Cozzi
Septiembre 2013
Anacronismos
Falo, corneta, rosa
del ángel-barro: el amor
ha obturado
sus vasos comunicantes.
Guardemos el incienso
para los veranos públicos.
Dios no funciona.
Susana Thénon
1
Tiempo escindido
prolapso de tiempo,
que es un suceder velado,
un declinar en la textura
de las cosas que son cuando circulan
por las superficies canónicas
del supermercado. Tiempo melanoma,
en las discretas alucinaciones
de lo continuo; tengo brea de tiempo
en los pulmones, revoque
de las combinaciones del nombre
deseado, oficio de exilio,
basura de tiempo que arrastra
el viento sur.
El padre-jauría te persigue
en la huella del poema.
Es pregunta que se astilla
y sólo un habitar de lugares vacíos
que el tiempo desmantela,
el infinito fraccionamiento
que demuestra la banalidad
del alba.
2
No hay último trago.
El final es un estado
que nos ha sido negado.
El vaso vacío está colmado
de lo que ha rondado,
de lo figurado en la pantomima
solar. El brindis es una finta
del puñal en toda proximidad.
El vaso no deja espacio:
ni siquiera para el que bebe.
3
La gente como aire espeso,
unos granitos tibios que se esfuman
en círculos invisibles.
La ventana les da un sentido
falso. Me monta un espectáculo.
Azar: vas a pasar por la vereda
dentro de treinta años.
Otra ilusión, el azar.
4
Todas las imágenes que se reiteran
simulan un origen, o fronteras,
destellos de saber, rayos negros
como letras
quemándome los labios, algo
entre circo y funeral, que nunca acaba
de ser ocaso, penumbra
donde criaturas informes actúan
al dios y el adán fallido.
La imagen retorna en la ficción
de Lomismo. La imagen vuelve,
y es puro acto de retornar nada.
Lo real es un flujo de réplicas.
5
Hay náusea de madrugada
la náusea devenida en dispepsia
de esta rotosa modernidad,
y caen copos de sombra
sobre el lago.
Esto suena fuera del mercado.
Esto suena lejos del espectáculo,
suena a latas oxidadas, a miedo
de perros cimarrones. No sé
decirte de otra forma, no tengo
personajes para embalsamar
tus despojos en mí.
La luz es agua oscura, apenas formas
viscosas, y es la muerte en la escucha.
Es un ratito, y después hablo.
6
Está todo escrito.
Toda la piel está escrita,
y un derrame de lengua
con destino de cadaverina,
o una guitarra flamenca
templada en metralla
y olivos al siroco,
el toro penetra a la diosa
en la orilla del mundo,
y el hombre es el umbral,
el borde entre dos espantos.
Yo abomino de todo vitalismo.
La lógica de los mundos
es la última máscara.
7
Escupo partes de la bestia.
En el fondo del colectivo esnifan rapé.
Pienso en que lo mío no fueron los espejos
ni las enciclopedias, lo mío es la nevisca
en la boca de la abuela Antonia
rellena con fantasmas de republicanos catalanes.
Sade sabía que había que sacar
al tipo de en medio.
8
Unas nubes rosas como medusas
sobre el vapor esmeralda del bosque.
El asfalto espeja gente
que se desplaza ingrávida
y a veces estalla y cae
en el paladar del amo.
Algo de luigi nono digo,
digo de los juegos neuromusculares
que van del estómago a la mano.
Se va escribiendo, con jugos gástricos.
9
Los celestes, los zombis, los desocupados,
los enamorados del estado,
los desmembrados,
los condenados de ducasse adheridos
al cielorraso, presentan la Cosa
entre el primero sueño y la humedad
de tu clítoris, y la poesía
como un miembro fantasma,
que empuña un escalpelo
y secciona un ojo
con la solvencia de una ama de casa..
10
El Rojo se fascina con un semáforo,
huele a verduras podridas
y a orín de gato. Lo que viene
después del mal: mundos
de baja intensidad, experiencia
como mercancía. Caminar entre charquitos
de silicona, y así lo mío
es la formación del caníbal.
11
Estepa. El mesías muerto
que pudre la lengua. Andar circular
entre los huesitos pulidos por el viento
y las algas secas, las rotas escaleras
que dan a la orilla del mar
a los caños cloacales, a los labios
rotos de sal. Poseo algunas gaviotas, sí,
que se disipan en polvo de oro.
12
En el principio hay una meninge carbonizada,
Un hotel cerrado a las cinco de la mañana,
y Mamá loca de muerte y lavandina.
Es el tejido que produce un hombre.
13
En las ruinas del infierno
un dante clonado busca en la basura
los huesos de beatrice,
con los que construir un reflejo negro
y, al fin, no verse más.
14
Lo que se repite, lo que viene muerto
a ocupar el lugar vacío; espesura
de nada que truena, y nos deja sordos.
15
Diario del elefante (1): Atmósferas de As It Is, Cage, las partituras de Barry Guy para Biber, mientras estoy bajo las Cabezas Parlantes con el pánico de un maya al crepúsculo, y hay unos ojos que espían entre el vapor del hielo en el wiski, donde, como predica Abelardo Castillo, uno flota dentro de sí mismo y ve las cosas perfectamente aisladas, afuera, las ve tal como son, y conoce su sentido real, y tanta nieve, y tanta palabra despenándose en barrancos de luz plana y saborizantes artificiales, y por eso Cage con sus gestos de muerto vivo pidiendo unas monedas, y va y viene de perro, con sus amantes como pianos con las cuerdas cubiertas de cenizas volcánicas, entre esos ojos violetas sobre el wiski, sin párpados y sin nombre, pero cuidado: el argumento está dañado, y eso ocurre cuando el espacio se disuelve y a eso llamo yo el sujeto durmiente, siervo a gusto, a eso que es bocanada de humo en el vertedero, piel de plástico recalentado, novela como una resaca de sentido, que se lo traga todo, y sólo queda un rumor de piedras y un cormorán negro que muerto de hastío cae a tus pies, y vos creés que ha muerto de amor, pero no, es puro aburrimiento que invierte el cielo, que nos convierte en gallinas enamoradas del primer zorro sarnoso que pase, porque no nos bancamos la cosa devenir, que sin embargo te excita y te expulsa, todo muy joyceano este lunes por la noche de fiebre seca, lunes como un flemón en la boca de mi bestia, donde te busco, te encuentro, te olvido, te permuto, conciente de que la pérdida exige el tajo, vestir la ausencia de objeto para que la palabra abra alguna luna, y logremos rostizarnos el cerebro, digo, hay piel muerta garuando, mientras hablo, y eso haría una poética, algunos comentarios cummings en el albañal de las vanguardias (por eso sigo orando al dios-perra de Antonin) en un mar de estaño, la salina de tu deseo donde alguien ha escrito un grafitti sobre la caída de otro muro, y nosferatu baila con una enana un vals, y lo hace muy bien, y llora emocionado y envejece en una casita de madera cerca del faro en la caleta, pero la enana no, la enana se pierde en el subsuelo de un hotel alojamiento, ay los laberintos, mi amor, han sido rectificados, y todos llevan a una espera indefinida en un juicio que se parece a un bingo, como sea, todos los desvíos son efectos del daño, por eso la rabia retorna entre cage y el wiski, con vestiduras de yegua, o lluvia ácida, o lunes de junio, da lo mismo.
16
No habrá teología:
la sal de la Cazadora
gotea en mis ojos.
17
Una poética del feroz vacío no vende,
sólo revela terrenos baldíos
y el cadáver de una bandurria.
En esas palabras no crecen ecos.
Las cosas aparecen para que la voz
haga sus muñecos. Poeta vertedero,
el que así mira me dona su ceguera.
Esta aparición es la farsa
donde sueño ciudades, jardines
y celdas vacías.
18
La marea neural trae manchas de petróleo
y cajones de manzana, a veces
sucede un nombre que es un hundimiento,
y luego una forma fallida en cuanto emerge.
Hipersensible, soy el mundo
en cajas chinas.
19
Los ojos de los abuelos se convierten en piedras
negras de buscarse adentro y no encontrar nada,
apenas presencias de fuegos vencidos, relojes,
murciélagos, y de eso se fabulan un linaje.
20
Es el instante de los miembros del niño
desintegrándose
por el misil en Gaza,
y es instante de ojos como estrellas
arrojadas a una laguna de sangre,
de plasma, de carbohidratos o joyas
de acero quirúrgico,
objetos que traban las mandíbulas,
y producen un saber que hace tiempo
de niño estallado.
21
Afuera digo
lo que el hueso calla.
La muerte habla,
lo que el tirano goza:
mi vida mal dicha.
22
Lo que el maitén dice en su sombra
yo lo instalo en tus modos de hacer el amor
y el daño. La verdad sólo adviene
de lo que no permanece.
23
Ser en el viento convierte a la palabra
en el abrasivo de lo material.
Los coirones simulan obscenas rosas,
es el aroma nulo del arenal que infesta
las camas del pueblo.
En esa intemperie, también tu deseo
dibuja círculos sobre la carroña.
24
Hace una semana que se agotó el amor cortés
y el tiempo de las laxas vergas punk,
y son días de limaduras de hierro en la nariz,
de fotos en los prostíbulos de Tailandia,
días de revisitaciones: la colección
de discos de Waits, sentir las alas de lata
y una musa que me regala saxofones rotos,
pero nunca mares donde pensar ácido y lobo;
a veces, en las ruinas de telgopor donde soy,
entre los residuos del deseo de la abuela,
y un personaje de Pauls, intento traerte
al tercer piso podrido de lunas holandesas
y tanto carbón húmedo en apariciones
de ajo y tomate, ¿traerte a fuerza de pessoa,
de estos muslos que viejos se han perdido
en la estepa de la cordura?, ¿traerte ahora
en que la falta se ha hecho mirada suturada?
El estilo imposible
Quien piensa lo más hondo,
ama lo más vivo.
Hölderlin
1
En el estado de mercado, la experiencia
como una nostalgia que se torna plástica,
objetos para San La Muerte, unos micromundos
químicos, tan sabrosos que nos vuelven tenues,
ahogándonos en madrugadas ajenas, vestidos
de soriasis, militantes de los energúmenos que gobiernan
las patrias falsificadas, entre objetos que nos desean
buenos y bellos, y el mandato de los superhéroes
contrariados con problemas eréctiles,
que mientras nos aman, además, nos entretienen.
2
Aromas de parafina hirviente.
Los hombres fracturados sostienen
a la panamerican energy. Un flamenco
agónico escribe en el agua
sobre la monstruosidad de lo humano.
En la escenografía del salitral
lo que se espera carece de sombra.
Y todo esto se dice para que regreses
de todo heroísmo,
de toda disciplina
y de todas y cada una de las versiones
del chevrolet 57 negro perdido en el desierto,
que es el material del sueño colectivo.
3
Un sábado a la noche, todas las imágenes
colapsaron. En el derrumbe de sentido
hubo un leve crujir de costillas
escritas con hechizos sexuales,
y una garúa de resina que selló la memoria;
así, fuimos durmientes en una geometría
que nunca acaba de demostrarse,
una forma del espacio donde la recta
es una abominación. La ceguera es el estado
de las cosas: todo se ha vuelto ojo,
y no hay qué mirar.
4
Pienso un borde
navaja
abismo
de vulva humedal
los músculos faciales
de piedra el rostro
estable
la lejanía espejismo
y algún animal
estamos pariendo
borrosos
las pequeñas muertes
tan civilizados
cacareando.
5
La ventisca acumula arena
en tus caderas. En el basural
de los amantes imaginarios
el óxido de las lunas de la caleta
perfuma tus órganos perdidos
entre la chatarra;
reúno fragmentos de tu voz
que se hicieron paisaje.
Los argumentos caen como arcilla
en charquitos de aceite tornasolado,
tengo mis espejitos irisados
para reflejar cláusulas lógicas
y me hago el loco, y no se aprecia
mi trabajo. Padre decía que la constancia
es más fuerte que el destino.
6
Gaviotas en el humo blanco.
El hambre de cielo
nos arroja entre los restos
de monitores, lavarropas,
microondas, un paisaje
que el sol disuelto en lilas
decora con negras siluetas casi humanas.
El mundo se retuerce
y en esa boca
las aves se duermen.
Son plumas sucias de noche
que postulan un criterio de belleza.
7
Decir la nada la dislalia
que te espanta,
decirla en el ojo de una mosca
en la aguada de muerte diamantina
y vibrar allí donde lo que se dice
se aloja, la hendidura
que decir provoca, en la resonancia
nombrarla y dejar que retorne
y dejar que nos encuentre como una bala
en el pecho. Una vez de esta forma
aniquilados dejar que el vino
nos done alguna consistencia,
ser del gato soñando una selva.
8
Diario del elefante (2): escribe su letra envenenada, escribe finales con sexos sangrantes, y se descompone en cristales de mujer y tequila El Mayor, escribe la infancia de vuelos desde un noveno piso y piernas en seda negra, y hay tanto cangrejo en esa letra, que implota y construye un rostro en cal viva, en un carcinoma donde fundar habitaciones y ser en la plenitud de una manía, condenados a invierno perpetuo escribir con cloro y fogatas naranjas mientras el pueblo pasea sus difuntos perdidos sin un líder de masas, amontonados en el muelle contándose historias de sardinas de plata, presagiando el fin de los tiempos compuestos, dejándonos sin fronteras donde migrar los recuerdos, ni imagen ni poder sobre lo que vendrá después del hijo del hombre.
9
Lo dije raro: la dentadura romántica se astilla
en el costillar del viento.
Ahora voy a simplificar:
yo quería ser una curva de oro
en el espasmo de tus siestas.
De otra manera: yo quería enamorarte
mientras me esparcía en el aire
ardiendo medio siglo, más o menos,
pero todo me salía en alemán
y vos te aburrías con otro,
y nada ocurría, como en la otra
fundación,
la que se llevó el alma en pena
de un cura que se comieron
los nacidos y criados.
Ah las simetrías!
10
La extranjería se satura y deposita
un amante en la ducha,
es lo extraño que nunca declina,
lo que en la piel moja la pesadilla,
el piano que transfigura el agua
y diseña un animal en los azulejos
y también pájaros que anidan el sacro,
es una especie de epifanía en la que yo
muere en el no lugar entre dos
acontecimientos, lo que se alucina
entre ser y no ser, una frivolidad
de voluntades buscando someterse.
El extranjero lo sabe, pero yo
lo olvido enseguida.
11
Junio, tiempo suspendido,
los colilargos duermen:
una oquedad que te muerde la boca
y se habla en la grieta del otro.
En cada rotura del aire
el Señor te acaricia el vientre.
En la escarcha hay uñas
de la tía. Estamos perdidos:
no hay regreso del eros cósmico
o de tu sufí autoerótico.
En la periferia esperás
que alguien te regrese letra
por letra, como si vivieras
dentro de otra historia,
como un parásito.
12
La cosa que aparece cae en la telaraña
se mineraliza
se va por la letrina de la vigilia,
en una carta de tarot,
y vos querés negociar pero
hay una pausa tan democrática
que te deja en una estúpida
pose militar.
Mi voz en la callecita
es de 40 watts,
y a veces sueño que esa cosa
permanece constante, orgánica,
que persiste, pero
eso es peor.
13
El modelo de mundo implica un desmoronamiento
y ópticas trizadas, como la ominosa
futilidad de la poesía. Tal vez
sea la falla de lo gregario,
¿o es tan solo basura de amor contrariado?
Un anochecer de treinta años
muda tus ojos de muñeca en éxtasis,
y yo de caucho ajado en la banquina
con mi lenguaje de lagartos entre las camionetas
de turno. Antes era el lento parto del monstruo,
ahora es el sueño, las masas en el paraíso
inalámbrico, entre Malvinas y Angola,
ahora de evita-zombi que te hurga las ingles.
La profecía del modelo prescribe que actúes
el retorno, que derrames el semen
judeocristiano y te quedes seco, en un pensar
de pedregales, con un sabor a sodio y neneo,
el paladar arrasado por la verdad del derrumbe.
14
Las singularidades fabrican montañitas
de botellas en las azules puertas sucias del pub.
Ningún plural coagula en tanto varón desquiciado
con resaca de convento.
He escrito mi odio en nubes de calcio.
Opciones del perro hoy: tragarme el agua turbia
de las cuatro, o asumir mi idiota de un videoclip
de los ochenta.
Lo que esta redundancia produce:
huecos y épicas nacionales.
Es la hora de los vencidos,
de los payasos de la historia.
Nos miramos en este tiempo sin esquinas,
nos sabemos de memoria el argumento
del drama más clásico:
yo no soy el guardián de mi hermano.
15
La música de la estepa suena en notas
que duran diez mil años,
por eso regurgitamos ripio de sueños
en texturas de langostinos y lenga,
o unas manitos solas trepando los cerros,
somnolientas, libres de lo humano;
en el aire perforado de greda,
una mujer camina detrás de mí
crujiendo, como crujen mis vértebras
buscando mi nombre en la lenta armonía
de la meseta.
16
Cuando se extinguieron las luciérnagas
colocaste tus labios en el retrato de la Reina de Copas,
y fue el momento de mar en estado de sitio,
del Oscuro ahogando verdades bajo la nieve,
¡qué bellos éramos entre los verdugos borrachos!,
tan lejos de los muros y las sagradas putrescencias
de los padres fundadores, la carne macerándose
bajo un cielo sin estrellas ni puta ley alguna,
apenas nuestros gestos basculantes evitando el norte
y el suelo, dándonos generosos al hambre de almas
de las endemoniadas criaturas del sur, sin embargo,
se nos helaron las arterias, y escupimos sobre el escritorio
de Benjamin en Moscú, escribimos sobre héroes
muy tarados, y el horizonte se vino abajo, y envejecimos,
en una patria con síndrome de tourette.
17
El aliento helado de un ciprés
detiene la palabra
que te gangrena: cae cristal de madre
sobre las casillas de chapa.
Alguna vez, dedos y gargantas vivos
hacían su coreografía muda
bajo el lodazal del paraíso,
y se moría hecho sombra
entre los bloques desnudos
del barrio en estado de sitio.
Hoy, el coma de neón
y un dealer que se estrena
en las puertas de una escuela
y del amor una colección de colmillos
sobre los catres que se arrastran
perezosos hacia el este.
18
Yo habla el viento,
el verbo de esqueletos
y muñecos de poliéster,
cráneos que ruedan
bajo lamparitas multicolores
y guirnaldas de papel crepé
entre las oleosas paredes rojas,
el wiski cae sobre los senos
de una travesti hecha de cosas
perdidas, que huele a orín
y a hule quemado, y es la ronda
que todos sueñan, viento que cirujea
los vientres y los abre
hasta brotarlos en un sentido
y caer en la quietud de la gamela
y ser sujetos un rato
en la porosa retórica del vendabal.
19
No había lugar ni tiempo, había amancay,
olivina, mica y la cuenca de los ojos de Alejandra
cancelando la ley de los objetos desencajados,
y era todo tan lejos, un mundo de agua y remolinos
ciento sesenta generaciones atrás, unas espinas
negras en los claroscuros renales, en la nada plena;
antes de la contralógica de una imagen en el espejo.
20
En la única estación que nos dejaron,
se han llevado las palabras discretas,
y presos con hilos de escarchilla
un dolor de lunares entre los fierros retorcidos
de un tren abandonado, llenos con la culpa
de la viola ligeti, no queda nada surreal
en el relato escrito con aerosol en la pared
de la cárcel, sin pájaros ni miel en el páramo;
nos han regalado un imperativo de baja intensidad
en las manos roturadas, en la imagen congelada
de unos niños jugando en el éxtasis de la guerra.
En la única estación que nos dejaron:
una bacanal de esperma débil.
21
Hipérbole: te decía que se cae al pozo estelar
de tanto querer al sujeto indeseable;
sinestesia: te decía que suena tan monk
el aroma de tu celo, pero ahora soy
muy pragmático, verás: no he dejado rastro
de bacterias en la página, oh, estoy
tan aséptico que ya no hay cuervos
en las venas, sólo un firmamento de nácar,
la mirada búdica en el estacionamiento
del shopping, tan quietito, tan cool,
que en el asfalto provoco caligramas
que se parecen a los de tu ombligo,
soy un hombre práctico, el mejor objeto
para decorar la última escena de tu amor.
22
Expulsado desde una caricia
que era un bisturí,
¿era un signo de la cadena dorada?
Sé que había madre como carbonilla
y dulce monóxido de carbono,
unos labios de vitriolo, unas letras
de rimmel agónico y ninguno en el caserío
que me creyera una presencia,
¿qué yo se retuerce en ese médano,
que es un poco bíblico, un poco
de color en caída libre?,
expulsado, darse cuenta que lo obvio
y lo latente y toda mercadería,
es la casa del padre.
23
Crecer en alga las voces,
las voces terrestres,
susurros de noche calcinada
y más acá, de piel el umbral
nubes que encarnan en cemento
la política del desierto:
¿qué se enamora en la desolación?
¿es morir de otro la identidad?
Mi niño se va en burbujas blancas
y vocales de humo,
mi niño es en la fe de los escribanos,
y en eso se le va la vida.
24
Amores de poliuretano y un mar de cartulina azul y blanca.
Hay gente en estado de sábado santo, son sombras que sorben la llaga.
Ella apaga el alumbrado público cuando viste su vestido de luto.
Esta noche los muertos marcan tendencia, hacen la moda de lo que está
y no está, un trabajo de mostrar los objetos que hacen lo macho
en tacones altos, fotografías de la primera comunión manchadas de gel,
colecciones de muelas del juicio en collares, entre los puestos del mercado
copado por chinos liberales, y es hoy, un siempre-es-hoy, en las capillas
vacías, en las soledades de un mar tan bello como letal, y estos labios
que mantienen abierta la herida.
25
El río está turquesa y piedra.
Oscuras las aves se miran
en las olitas inmóviles.
Alguien reza tras la alameda
y un hombre se deshace
en hijos; agua que tiesa
espeja una tierra de resplandores
negros y plata, espuma de roca
junto a la cocina de leña
en el cañadón de los leones.
Un puñal busca el corazón
donde preñarse amoroso, busca
el sentido de una vida.
26
Son los mandatos que el padre clava
en la espalda del padre,
escenas de polaroid, de cianuro,
en las ciudades olvidadas del imperio,
y hay un poco de miedo al desempleo
y algo de selección natural
en el mandato:
LA CONECTIVIDAD DISIMULA EL OLVIDO
DEL SER,
porque hay cópulas instantáneas
y un valor de cambio de toda extinción
en el teatro del mundo: decorados
de cebollas podridas y tecnopop,
tanta aceleración deja la palabra
corriéndose al rojo, y eso
nos quema, nos ahoga, nos silicona
como el padre manda, cada uno
en sus cuatro metros cuadrados,
y estas almas-musgo en dos mil miradas
esmeriladas colgadas de un atardecer sintético
entre lobos marinos y blancas rosas
de plástico. Es un destino: escribirás
epitafios para perros diabéticos.
27
Había unas cosas flotando en tus ojos,
imágenes de autos herrumbados
soñando rutas de gel solar, cabellos
de difuntos colgando del retrovisor.
Eso era el amor fuera de las pantallas.
Te esperé en todos los pasados fallidos,
en las ruinas de la Swift,
en el ácido paisaje del turbal
y te repetías en espejos paralelos
los ojos de puro yo reverberando
en la esterilidad de la estepa.
Allí fue la escritura, y la circularidad.
28
Hebras de luna, y el insomnio
esfumando los objetos en la cocina,
visiones sobre las llamas naranjas
de la hornalla y los bronquios
como gatitos abandonados, más allá
del cielorraso hay unos animales
buscando su sexo; es una zona muerta
entre la rata y el dragón, yo
que fermenta en lo que otro deshecha,
yo que deja su baba de zinc en la costra
de los útiles, en la boca de los siervos
del paro, y me aprendo un sinlugar,
se me cae la conciencia sonando a vidrio roto;
con esos materiales el pedagogo enseñará
su fantasma.
29
Soy si voy de lo sólido a lo sólido
y en esa disciplina a veces
una revelación de lo que hay entre,
un destello amarillo en la visión periférica,
algo que no cuajará jamás en palabra,
un desmayo en lo que no es
la trampa del instante,
que es deseo de gente plana,
de gente en gris y sepia que titila
en el borde de las ceremonias familiares,
esos orígenes donde no hay letra,
como en la tersura de tus muslos adentro
que sólo serán dichos en la fosa
y en el bar profundo, lo que en lo denso
te reproduce y te eyecta tan católica.
Porque lo sólido es una forma de servidumbre.
30
No sucederá el amanecer, no es necesario.
El hambre de un búho tiembla la madrugada
sobre el coihue, un tartamudeo
por el pasaje donde vagan europeos
con los intestinos inestables,
y es que pretendo decir una verdad
y me es negada, con tus nostalgias
de hotel en Tánger, tanta dislexia
que se propaga en los burdeles: sólo leen
cristales de ron, no alcanza
para una caligrafía china en esos cráneos
plenos de sensibilidad moderna.
31
Unos bichitos con la cara de ferlinghetti
reflejan la luz del sol de noche.
En la duermevela un tren atraviesa la salina.
Te veo al costado de las vías, desnuda
y de color ladrillo.
Un gato montés de cartapesta duerme a tu lado.
Imagino el sabor de tu piel mientras cae
el frío de la luz lunar sobre los lomos quitinosos.
Comprendo lo inestable de la situación,
intento volar, pero ya es tarde.
32
Mis muertitos en los remolinos de arena
besan las piernas de las mujeres que marchitas
fijan el suelo y ornan el monólogo colectivo
del domingo; los muertitos tienen ojos de pez
y exhalan brumas que queman la lengua.
Respiramos, resignamos, nos saludamos con polvo
de porcelana china y duramos en las veredas
que los poetas cubren con falsas evocaciones,
y todos festejan con gestos politizados
a los muertitos curiosos buscando las frases
dispersas que el padre del mundo alquitrán
dijo al principio, cuando la locura aleteaba
sobre sí misma. Todos bailamos la murga
de los muertitos que la brisa anima.
33
De vos me llevo un deseo espuma,
un policía muy drogado en el callejón,
una desnudez que alguna vez gongorina
y es realbasura, ¿no es un saber
que lo visible viste de máquina sola
en la cantera?, hubo demasiada sal
en las sábanas, demasiado pesar
de nombres escondidos entre las piernas,
y una peste de fiebres que olían
a manzanas viejas, a éter, a tardecita
prerevolucionaria, como para desencarnarte,
y terminar en la pleamar que soy.
34
Cuando se acabaron las partes móviles
cuando en el pájaro de latón y rubí
se murió la ciudad
-que fue santa, que fue infinita-
quedó licor de asfalto y sonrisas tontas
que las vidrieras reflejan con rostros
de hollywwod o necrofilias de Santoro,
oligofrenias de época hechas arte efímero:
ponemos huevos en las ventanas
de los coleccionistas de órganos,
andamos con nuestras máscaras shelknam
entre las blandas pornografías parentales,
y entonces olvidamos la sed y las gambas
de ámbar ardiente entre los arcos de la rambla,
ausencias que los mutilados exhibimos
en la mansedumbre del mercado perfecto.
35
Noche de abril,
la escritura ahoga
la última letra.
Arte ciruja
Todas nuestras acciones están dictadas por el miedo.
Truman Capote
1
No hay nadie
y el vendabal discurre:
todo lo dicho te purga,
y aunque pretendo alguna semejanza
sigo parapléjico,
detenido en la laringe,
y es que la arena fusila perros
y alguien agoniza en el patio trasero.
Una mata seca brinca sobre la ruta
cubierta de hielo lavado
y tiene la misma luz que tus maneras
de abrirte. El grafómano escribe:
lo que estuvo en la hoguera retorna,
y es lo que callamos, es cualquiera
en trance de ser juzgado. Yo soy ese
de no haber cosa alguna, lo que no digo
en lo que me niega, escrito en chispas
de ayer, como se piensan las dunas.
2
Ilegible, con los ojos hormigonados
floto en las olitas de una tibia lagunita verde
rodeado de viejas heladeras,
los labios forman una O y se llenan de humo
ladrillero y escarabajos ávidos de tiernas entrañas.
Te veo en la orilla, bella con los pies en el barro
y caracolas rodeando tus tobillos, jugando
con los restos de un niño con extremidades
de lagartija a la mancha estatua.
Sé que debo alcanzar tus muslos, que es el deber
del que no es leído; intento formar con la O
un conjuro, y entonces la boca rebalsa de naftas
y arcilla roja. Te alejás con el niño en brazos
y hoy tampoco seré leído.
3
Lo que nos fisura
lo que nos quema el hígado
y clausura el otro lado
son marcas preverbales,
los vuelos con alas de alambre
y el polvo de vértebras
en el jardín de un hospital.
Es temporada baja: basurales de hotel,
rosas podridas y camarones que hieden
en cajas de cartón dorado.
Buscamos restos de vino entre televisores
chinos, brillando con nuestros atuendos pop,
y es la disciplina de no vernos mientras esperamos
el metro de leña, vendrá la medianoche
en bolsitas de polietileno clandestinas,
y fingiremos fuego en las manos de betún,
sin dios, sin amo, en la posición del reptil.
4
Se muere mi víscera secreta, la glándula
que segrega la ilusión del evento,
la que anula el veneno de lo uno;
se muere en los jadeos institucionales,
en cañerías rotas, en los injertos de coral
que me dejan las presencias nocturnas.
Estoy cubierto de un hambre de dios muerto
y también de un sujeto muerto, y nunca sé de dónde vienen
los predicados, que se han vuelto peces abisales.
Las ventanas de doble vidrio están selladas,
y el humo pinta ojos de mora enamorada
en la pasta vieja de luz eléctrica que se amontona
en los rincones. Hago listas mentales
de las cosas perdidas en los últimos treinta años,
y es un ritual como una lenta implosión,
otra muerte que el personaje repite obediente.
5
Toda palabra que produce plusvalía
y es de fecalísima pantalla ,
calcina el lenguaje y se expande
hasta vitrificarnos,
nos expone en la galería del monstruo,
nos convierte en literatura, o cristales
de coca, fabulando romances entre prótesis.
Palabra máquina la de muñecos vudú,
¡ay del Señor esquizo y las mujeres
en salmuera!
Disimulamos en trastornos estacionales,
esperando que el cadáver de un poeta nos sujete.
6
Un éxtasis de llamas rojas,
los cajones arden y me queman
los dedos inflamados
por la escarcha;
un muro dice: cristo era gay,
es la calma áspera del viernes,
y te dije: el cianuro los pone cachondos,
y ya sé que no estar es como ser,
y que todo lo que interpelo de verdad se va;
beso la caja de vino húmeda que me besa,
esta oralidad de viernes a orillas
de las aguas servidas y corazones
a la parrilla, memento mori
junto a las brasas que nos eximen
de ser nombrados.
Una mano surge de las sombras
y viene de nuevo la cajita
que me anega el alma
y es irse, como ser.
7
Mayo sucede en vacías siluetas
que se deslizan por las veredas
de cristales azules,
se hunden con ruidos de chapas
y dejan una nata de leche agria,
algún botón de nácar negro.
Al frío del lucero, miro la aguja
de la catedral hundirse en el lago.
Pasan las miserias del capital
en almidones púrpuras, y los púberes
miran las blancas piernas musculadas
de señoras con el colon irritable;
no están claros los límites,
uno se resbala por las musgosas maderas,
entre los humeantes carritos
de comida basura, y yo cumplo el deber
de ser el pastor de tus espacios en blanco.
8
Que la marioneta cumpla su destino
como el tren desespera de sur,
que las cosas se sesguen en súbitas
desapariciones opacas,
en espasmos de sigloveinte, una peste
de dobles negaciones, y algunos resplandores
en los bordes de las iglesias
-donde se crían las bestias-
y en las habitaciones de los solsticios
en los que me invento los cuentitos del yo
con la mirada fija en las salas vacías,
es yo de griego desaforado, basura que la bruja
echa a las acequias, cuentitos
del muerto radical, sulfúrico,
enciclopédico, que se deshidrata
y alcanza su máxima carnadura digital,
expulsado al averno ciruja, inmundo,
apocalíptico, temblando de fiebrilla
en un defecto que le muere el día
en disfraces de ruiseñor melancólico,
zonzo sin querencia, catedrático de zonzeras,
un experto en deshechos políticos, que ríe
ríe y ríe mientras se desguaza
en cuanto habla.
9
Es una imagen gusano.
Un pensar de agujeros con perfumes
de tierra honda y escamas
de lo que fueron juicios.
Yo sé porqué seré condenado,
porque el sitio aspira a moral
y todo eso que brota de las ruinas
de lo complejo, yo soy la puta
de los objetos; en tanto,
un tema de stanko que permuta
mi verticulosis por nostalgias
de máquina de escribir,
como un tenue dolor mental
donde la razón sueña,
ya sin monstruos, apenas un vapor
en escenarios abandonados.
10
Campo profano de máquinas viales
verde amarillo verde óxido
de un otoño en loop.
Paisaje añico, lo que se diga
es terrón de sal vieja.
El cerro se escurre en el mar,
luego la caleta hundida
en luces sepias, los hombres
simulan amantes en perros intoxicados;
están prohibidas las rotondas y no hay
donde morir a solas.
Somos los momificados en sur,
¿quién se atreve a ser grave
por la infinita planicie
de esos durmientes, indigentes de ser?
11
A las dos suele ajarse tu rostro
deshaciéndose en una nube de animalitos
azules y alados, que se posan en el mío
como una escritura.
A las dos soy el lugar
donde tu rostro se desvanece
en un enjambre que anida en el mío.
También: a las dos mi rostro se cubre
de unas negras letras vivas,
y todos miran cómo emerge tu osamenta
y cómo desaparecen mis rasgos
en vuelos como teas hambrientas
que revelan, a quienes esperan, un secreto
(cada quien lee lo que se merece,
soy una carta de amor, o un soneto
o una receta de cocina)
un secreto que alguna vez a las dos
se arrojará en texto sagrado a todas las caras.
12
Caen en las formas de la nevada
tus formas veladas, un encaje
de horas y tierra alzada,
gestos como espinas al viento blanco
en un horizonte que se araña en labios
y carne de chapa,
te dije que te abrieras al rayo
de la sangre corrupta, te dije
que hablaras lo que los muertos callaron.
Hay una forma de la nevisca
que nos donaría forma de hierro blanco,
pero no hay quien enseñe este aquí
como el giro clínico de las cosas.
13
Picadillo de lector: eso que mira
digiere estilo de cumbia a theorbo,
las aéreas novias de chagall
quemándose en las lámparas desnudas;
me lee, ménade que refleja el dolor
en el tedio blando del subempleo
y el beso de las aguavivas, laceraciones
que hacen de su culo bienaventuranza,
¿qué puedo dar yo a ese hastío
de fuego y grasa bovina, a esa
crispación de duodenos enfermos
de tanto materialismo cinematográfico?,
lo sé: yo se victimiza, yo de miserias
gramaticales, herida que monologa
en políticas de sobremesa y cernuda
lejano, que es una broma infinita,
¿vas a dejarme solo en la laguna fantasma?
¿vas a instalar en mi lugar lo abstracto,
el trabajo del juez, y ya?,
esto me deja algo de barroco, de asco geométrico,
y cuando te duermas, yo sigue en tu digestión.
14
Cuando me desdoblo, olvido que afuera la loba
y me llegan imágenes del abuelo cubierto de piojos
en la escena manresana.
Es que soy duplicado, mustio mi doble,
gozándome con la garganta abierta,
en la domesticación de otro fiat lux.
Siempre tengo miedo después del reflejo,
y son las condiciones de la presa:
vos se mueve en las entrañas
pero hay una orden que me paraliza:
del otro lado, soy tu némesis.
15
Tiempo que se granula
y desgasta los vidrios.
A ventana perpetua
las locas vigilan
que la gente se embrutezca
en las discotecas,
hoy que se muerde la cola
en relámpagos de lubricante
sobre el ripio.
Las casas se inclinan al sudeste.
Madre hilvana mi corazón
a unos objetos que a la tarde
se convierten en gatos blancos,
o estatuillas coloreadas
de San Jorge, el matadragones.
Alguna vez, en una bruma roja, en una mañana
de fortunas canceladas, era el padre.
Cierro los ojos y encierro el polvo
bajo los párpados, para poder ver.
16
Hablabas de la totalidad como de una carcoma,
del número como evocación de la nada.
Le hablabas al insomne y eras una marea
trayendo la humareda de los viajes en colectivo,
pelucas amarillas y el recuerdo áspero
de todas las traiciones.
Eso te excitaba hasta despellejarte,
rendida a la madre y a la espuma de los días
hacías el trabajo de lo impune, de lo oblícuo,
de los alcoholes sosteniéndonos de pie,
unas visiones en las que odiarnos radiantes,
en las falsas apariciones del todo.
17
Está en medio del crujir de abedules ancianos
y el tronar de una tormenta marina en la bahía,
hay celo de lobos y rumores de lechuzas en luna llena,
nada con valor agregado, es lo invariante
que persiste, y en el interior de los hablantes
-que son el producido de los caminos-
hay una huida, un lugar religado con algo de calvario
y rosarios budistas, un aferrarse a la superstición
de toda razón, aunque a veces tan transparente,
tan sutil, nunca acabando en árbol ni tempestad,
ni otro ni búho. Así, me hago invisible.
18
Ojo que nubla el ojo,
quirúrgico ojo
que se multiplica
en cópula de ojo
ojo conejo ojo viral
también nada líquida
que se asoma a la nada
del puro ojo de mundo
en aguja pupila
en el paredón de la córnea
un fusilado
una parturienta saqueada
ojito puesto en vinagre
ojito ave que la muerte
arrastra sobre el mar
ojo desgajado
que adorna vidrieras
ojos de misa negra
de corte de los milagros
ojo roto derrama ojos
sobre las pantallas parrillas
en amores del bosco
y bares meseta adentro
ojos de fuego verde maldición
del ojo que ahora enfoca
el ojo solo que los pájaros
picotean
sobre tu hombro desnudo.
19
Escrito con tiza sobre el cemento
de las viejas paredes manchadas de mar
que nombran lo sagrado (todos aspiran
al hongo de tu alma), nombra
en salpicaduras de rata
y otras cuestiones políticas,
como la campana que tañe
en la cinta grabada de un cura
que espera a su Enamorado de regreso
en el quilombo, así descifrarte
los muslos húmedos beberte
como un penitente de la maldita escritura,
en la discontinuidad de época,
yo es otra copia, un frasquito de láudano
entre tus piernas, una mala escucha
en las subsidiadas habitaciones
del Masturbatorio Nacional, la apoteosis
de la taxidermia como identidad,
y valga la escena para expurgar referencias
a vacas, guerras psicológicas,
monarquías de cotillón
y anestésicos de toda pata en la fuente.
20
A S. Lacy
Pasaje de hosteles, nevisca
que cubre perros en la acera.
Siluetas planas bajo el derrame lunar
en un silencio de fin de mundo:
las palabras son insectos de oro
en cráneos de cristal,
¡cuánto gesto tanguero helándose
en piernas austríacas!
Lacy susurra entre los contenedores,
llena los intersticios con lenguas
de loro bajo el cielo eléctrico;
una mujer tirita junto a la negra puerta
de un hostel envuelta en humito
santo, bajo un grafiti que se desliza
por sus orejas y le pinta los ojos
de rojo al aceite, y luego los clava
en la pared rutilante de escarcha;
Lacy cruje sobre las lajas
y jugamos el guión del sábado
en personajes que el vino muda
en máquinas sexuales, en mercadeo
de glándulas en los baños, y luego será
la consistencia del domingo
un nombre escrito en la nieve
yéndose con Lacy si alguna vez de día.
21
Despertamos un poco bíblicos
un tanto jónicos
cuánticos o uterinos
un poquito nick cave,
sólo es visible lo enterrado
en secreto. Es una especie
de pascua, retazos de historia
que vuelan entre los cables,
ya no se recuerda el relato completo,
pero en él habitamos.
Se contempla el misterio en colgajos
de yeso, con los pulmones llenos
de arena, y aromas a comino
y colonia inglesa. Un comic
de vestidos y pañuelos violetas,
una muerte facial en tanto desciende
el viernes, y acaso el tedio de un averno
espléndido, como un mediodía en Hidra.
No hay más adviento, madre, estás sola
y piedra, y yo soy hecho a la imagen
de un capitán de navío inglés.
La máscara viene del oeste, viene
de entierro, pero nada puede ser dicho:
mi boca está cubierta con el silencio
del cordero. El matadero, siempre de fiesta.
22
Es la consumación de lo líquido
de lo invisible
y lo subterráneo.
Podemos imaginar un sistema.
Ella se viste retro, algo dark,
como un pastiche estadístico
para varones metroemasculados.
Es época de espuma corporativa,
nada fluye, la conectividad (me repito)
es la catatonia, ¡qué bonitos
los engendros de Vaticano y caseríos
en Las Heras!.
En el monoambiente recalentado
entre libros de forster wallace
y brotes de soja, hay propuestas
contranatura, y no te muevas,
quietito, no hay nada afuera,
afuera es un oleaje alcalino,
el ser también inmóvil,
ninguna travesía te incumbe,
sólo el desgaste de las córneas.
23
No puedo pensarte con esos materiales,
con un bosque de utilería
y un demonio de la propiedad.
Te pienso entre flores de papel, y es pensar
que se desquicia en cuanto se construye
y multiplica, un poco anfetamínico debajo,
en hilitos de ego que se adhieren
a las baldosas y mienten un país.
Es pensar la marca, la doble forma
que me desenfoca en mil lugares del mirar,
escupiendo juicios desde el hígado
o la mitral, entre celeste y lodazal,
y así no puedo pensarte bajo el sol,
sólo cuando anochezca será la norma,
y allí no hay error.
24
Ya que se enuncia traslúcido
y vos en la imagen
de violetas y fucsias,
con el rostro del veredicto
esperando al hombre de tu vida
en un jardín sin senderos,
descerebrándote en arabescos
impresos en las sábanas,
sufriendo una peste de agua bendita
y la dialéctica en formol,
vibrando en las piernas giacometti
en orgasmos secos,
rezando a la Virgen de la Merca
más que sola, deshabitada,
pero no escribiré hoy del ícono reproducido
ni de las pijas exiliadas,
todo está cayendo en el pozo de los deseos
menos los yupis y las modelos del fin del mundo,
a veces hay un parpadeo en el alumbrado de la autopista
o una bandada de gorriones mecánicos;
simplifico: doy cuenta del momento
en mis encías, en la erótica de masas,
que se enuncia, en lo que el objeto mande.
25
Lo que estaba antes de los campos magnéticos
antes del cuerpo de la novia en la mar furiosa
antes de las elegantes alimañas de la esperanza
en la boca del psicópata transcendente,
que es anterior a la servidumbre
de los hombres de buena voluntad, lo que estaba antes
de los efectos de verdad y temblaba en términos
binarios, lo que nunca vivo cuando el vientre
de leviatán soñaba los asesinatos en masa,
lo que se solapa en la dramaturgia del romance
y es el antes sin semejanzas, lo que surge
de la farsa del presente.
26
Interiores de esporas suspensas en humo blanco,
tus palabras llegan con algún retraso,
todo ha sucedido, tan tarde, siempre tan tarde,
tan extemporáneo todo, menos las esporas,
como rastros de lo que nunca ha sido, un sentido
muriendo en formas pop, o en las películas
de Bergman sobre paredes encaladas, nostálgicas
de espectadores, en un mundo de voces
como acequias de vaselina, donde juegan los niños
obesos mórbidos; de manera que, bajo las esporas,
una vaga memoria de jardines, una leyenda de rosas
dentadas, cuando había un cielo que nos resistía.
27
A L. Cohen
Viaje circular
lineal
reticular
la historia según el psicópata,
ay, tanto deseo fabril
de ojitos electrónicos
en la vulva,
Leonard le canta
a diez mil mujeres
frente al espejo de cuerpo entero,
y es el terror del hambre de Si
todo lo que abandones regresa
en psicotrópicos
y es justo: estos gestos
son un osario de nombres revueltos,
una muestra de mimos democráticos,
que será como VOLARTE LA CABEZA,
una canción que aborta
en cosmos interruptus,
estos tiempos pintados
con las heces del Señor.
Un viejo ciruja salmodia
el Eclesiatés
mientras viaja extático
al sur del frío.
Verdad, tumor.
28
Trabajo el estilo en jirones
de vivaldi y signac,
ah todo tan extemporáneo
y decadente,
tu cuello olía a pizarnik
y jazmín,
yo mordía y era casis
y lluvias marinas que me partían
la frente y me dejaba puro
bajo el faro descompuesto,
lumpen de alas oleosas
moribundo entre las campanadas
de un sábado negro, aires
de lou en berlín, en láminas
de bacon éramos eviscerados
y prendidos fuego
con estilos de materia negra,
yo, una penumbra fosilizada
sin la armonía que vela la bailarina
y el cardumen, un ser clandestino
en trenes murmurando eluard
e ideologías de balaceras, parresiasta
en la costanera mordida por el mar,
pasajero de hoteles muy felman muy parra
y nunca volvíamos a ninguna parte, pobres
de futuro molido, arrojados
a un presente invertido, y lo que se salvó,
estos cuerpos incompletos
que destilan la rabia
de los que nunca pierden
porque jamás poseerán nada.
29
El desierto modela gestos de cirujano.
Junio te fumaba en la ventana
y yo era la ley y el deseo
(que son lo mismo).
Había roces como hojitas de afeitar:
Sabíamos que eso era habitarse ajenos,
que éramos efectos del giro de la lengua y,
sin embargo, hiciste tres días
de personajes buscándose un autor.
Sombras de un hámster en tus muslos.
Había risas como púas por el motel,
estruendos de sangre en las alfombras.
En el pozo de las terminales nerviosas
hubo gente rompiéndose la crisma
contra mi sed. Nunca estuvimos más cerca.
30
La rosa es sin por qué?
Preguntas del cuerpo que se constela,
que se aleja en burbujas financieras
o es amor bipolar en las caídas,
en la repetición de mostrarse denso.
El huevo se incuba en los modernos intestinos
de fantasía, ¿acaso alguien ha escapado
por el agujero del otro?
Ahí van los héroes del principio,
los abanderados del servicio secreto
entre los generales ebrios
de tu soledad alzada como una bandera,
todos sueños sucios de bar a medianoche
y tus delirios de simetría
fabricados en cárceles y escuelas.
La rosa es sin nombre?
Son operaciones lingüísticas, y electrodomésticos,
una estética material, como la causa de la rosa.
31
Algo entre la iluminación y la penumbra
y lo que allí se controla,
es quien camina tu desamparo
el que gusta el fuego en el hielo
y resiste en lo innombrable
la eterna escena del despedazado,
lo que se condena en cuanto entra en tu boca
y se vuelve cosa cruda,
cosa arrebatada, depósito de criaturas
jalándome el alma
colocándose de mí, y en ese instante sos pródiga
diciéndome siempre otra cosa,
todo tan simple, así, iluminada
y a la vez umbrosa, posición de producir
verdad, a veces flujo, a veces tierra,
en ese instante, sagrada.
32
Texto coloquial: el cuento del asfalto
siempre garpa, así como las cenizas
entre los dientes, las crónicas de luz fría
en las gotitas del wiski solo en el bar,
el poema de perros canónicos, pero
no el dolor de almas muertas,
no lo que el coloquio encubre de inventarios,
no la ciudad calesita (hay placer
en la periferia aunque el gusto
siempre sea sometido a un centro).
A 40 grados quemo recuerdos y me hago el poeta
que ojos en tierra canta la gloria de la mugre.
Hago el coloquio, el sensorio manso
y tranquilo, sordo a las voces en pena
de los condenados al ciclo del relato.
33
Monocromo
zinc vibrato
óxido el paladar
en el oratorio
el enamorado
se pone duro
de virgen al rojo
esmalte
al rojo ojo
del tabernáculo
dios presente
cualquier dios
de alcantarillas
esnifa creyentes
que duran un ratito
que duran en gris
y rellenan la nariz
de un niño.
34
Caminar sobre el río congelado,
sobre el agua muerta
erguirse sobre las olitas duras
dejar que la brisa te amole la piel
y verte afuera loco deambulatorio,
quedarte en ese lugar mientras el dolor
te llena en hilachas de un discurso
con poses de adicto
en el bubón de poder de un pueblo
de ciegos, con el órgano averiado,
y así quedarse mientras la hipotermia
te cubre de arañitas azules
y ya no tenés límites sobre el río quieto
fundido en la visión del más acá.
35
Fiesta, hay arte
de penetraciones
la cadera piensa
con las tripas
eso que lo fascina,
después la miseria
del café hervido,
un nomadismo en miniatura
disfraz de reina o pajero
neoyorquino
hablando de lo que rueda
en las venas de occidente,
desperdicios de merton
y don juan,
alguna pasta de blues,
todo se ve en simultáneo
todo ya fue en la elipsis
del capital
junto con los alcoholes y los porros,
ya sos ilegible
en el cuarto que huele a suicida
todo muy estándar
con novedades de litio
adornos surcoreanos
y frituras de rocanrol
y sigue esta joda de sur
en formas mínimas,
un retorno cada día
del mismo día.
36
Todavía escucho en las habitaciones tomadas
el rumor de los cerebros rellenos con parafina,
aquella infancia de esqueleto glaciario,
Antonia sostiene la luna y yo
juega al imperio de los renacidos glamorosos,
ya era el autoexilio: en la escritura placentaria
(un poco de mierda salesiana y lógicas
de monaguillo) todo recuerdo acaba urdiéndose
en la madrepústula, el primer modo de lo diferente.
37
Viento adentro
destino de estepa
tu amor de greda.
Solo asoma
al verbo de tu miedo
un temblor de luz,
que es la muerte
de lo amanecido,
nada, que duele.
38
El relato de la desolación supone
gestos que habrán de reciclarse
sobre la explosión de fondo,
la trama de esquemas básicos:
hipérboles en el nervio óptico
y músculos atrofiados, una ventana
de vidrios ahumados y tu perfil
dibujando una rutina de sudores
más los ojos en plasma de estar;
eso se va diciendo, una soledad
de fotos quemadas, la sucesión
de las interpelaciones inútiles
que te tragan que te exudan que
te funden en un pastiche de violines
y hachas oxidadas, un agosto perpetuo
reiterando las epifanías y el hastío,
un dios degradado a fetiche
de maníaco-depresivos, unos tigres
sarnosos que terminaron intraducibles,
siempre SE ES el último sujeto,
un lugar atestado de arcángeles
y el Amado después de la ordalía,
oh, no te aflijas, el holograma
te está sacando de la obra, te vacía
en un estado de gracia,
y se parece a una invención política.
39
Escribir los nombres del mundo fallido,
la secuencia de los vientres de poliéster,
que la caleta viste de cartón,
sujetos de estíos artificiales, playas
de amar blondas muñecas, o avenidas
desiertas decoradas de tormentas secas
y una estampita de santa rita
entre tus pezones, hay rostros de harina
y grasa, hay lo que Yerma supo,
así ser tu acosador mental empastillado
para una guerra imaginaria de gancia
y jabón blanco, porque hay masas dislocadas
y una anemia de breton, las gambas
al cielorraso y tu nariz en las lunas
de Saturno, todo este mundo fallido,
de lluvias cortas, florecidas en ansia.
40
Estos días se inflacionan y maquillan
algún prócer.
Se reterritorializa, luego,
se canibaliza.
Cierra las arterias, y la imagen
nunca llega a palabra.
En íconos pixelados
el amor es un flash de bótox.
La gente produce variados genitales
muy novedosos
creativos
libérrimos
en cabezas de alfiler,
refritos de holocaustos,
que se sostienen en poses zen.
En la madrugada, tu manía
de levantar maquetas de marruecos
con mis huesos.
41
En recurrencias de rigor geométrico
un cormorán sobrevuela el catre,
venimos de un tema de Frisell repetido
hasta asquearnos, venimos
de un caserío que es un barco
como un mundo encallado, venimos
de ajenjo y valeriana en jueves
de baja resolución y viejos cínicos
y beatas moribundas; junto al fuego
estoy muy cartesiano, y vos una ruina
en el tránsito del deseo.
Preparo mate, y me dispongo
a que seas lo que todo poema descarta.
42
Paso del estado de sueño
al estado de texto. Solo
en la celda sin muros
puedo aparecerte, segregado
de mentas y gusanitos negros
que viven en la cama
y la bañadera donde nos susurramos:
-sabías que yo no estaba
antes de que apareciera,
sabías que era una sustitución,
una incógnita creciendo
en el único órgano permitido
que aún cree mis fabulaciones,
-no sé, y es mi no saber de siervo
o presidiario,
-falso,
-o no saber de presa, de animal
acorralado,
-falso,
-entonces saberte tres y ninguna,
-no, ahí te quedás, cosa que la voz
paraliza, agua estancada,
-cuando llegue al estado de texto, voy a matarte.
-Falso.
43
Crística que falla, soy
un santo conservado en vinagre,
un hombre de identidad recursiva,
y que en la falla es tan igual a sí mismo
que se vuelve traslúcido,
material religioso descartable
que se ofrenda al olvido
al pie de los santuarios abandonados.
Crística de carnicerías
y manteros ,
la resurrección es lo que sucede
cuando el padre abandona tu martirio,
y después no hay quién.
44
Despierto minotauro
y otros lugares comunes,
ensayo derrumbes en tabaco
(herencia de morirse
que finjo en estilo)
y la barca del abuelo,
cubierto de lirios
y anchoas, un enredo
de yo y sevillanas
que el día soterra
en ruidos de estática.
Pienso un qué pensar
algo de suelo y fobias
románticas, anomalías
cardíacas que van y vienen,
un vahído que disimulo
y hace sistema.
En la bañera, de nuevo
el toro ciego,
entre aromas de aceitunas
y jerez en las retinas.
Sin palabras, el laberinto
se confunde con el arte.
Muchos años ha que la niña
ha soltado mi mano.
45
De nada
el nacer
fecunda,
bajo los secretos
pliegues
de lo vivo
el capital
infesta la prole
trepana
carcome
trabaja
lo cerrado
y coreografía
cabezas
en cubos negros,
usurpa
lo que al animal
enferma.
46
Lo cotidiano, como la urgencia
de una mujer desnuda que otoña
se dora
a orillas de las llamas,
garúa
sobre los que van a morir
y se hojaldra,
una fiebre de Jehová en su Gomorra
de utilería (la abstinencia
de Lillith lo condena
a Su infinito no estar), algo
pregunta una y otra vez
en el estacionamiento:
¿es posible una pintura minimal
de estas manos carbonizadas,
de la vigilia del superhombre
con problemas eréctiles?, o bien,
entre la desnudez y la cosmomanía,
¿sólo ecolalias nos dejaron?
47
Lo sin-uno es
condición de lengua esteparia
que fuga e inmuta
en la máquina visual
y orgánica, allí
-there is not there-
operan razones de lagarto
y proyectan al amante
en su animal encarnado.
Sediento se muere, madre.
En la lógica del odontólogo,
como en la del capital,
en tu lógica derivada, madre,
no importa el dolor.
48
A la velocidad de la luz
se están yendo.
Se están yendo las cosas,
las más graves
las más leves
las dañadas por la experiencia
y las que solas vagan
en busca de ser tocadas.
Pensar las cosas como ángeles caídos
y cifrarlas en claves de la comedia
de los creyentes en la materia.
A la velocidad de la luz
se curvan
y retornan
en ídolos de masas
en mecanismos de relojería
o en las políticas del Androide,
y se vuelven a ir.
49
Sur del sesgo, sur de Marisa en pena.
Luz desterrada que da carbón parlante.
Sur la llaga, después que se maquilla
en espanto, y flota sobre la bajamar.
En las vegas, los animales se acalambran
de estrellas, y vos junto a la salamandra,
esperando un octubre cancelado
en cuanto se sueña. Alguien se acerca
por la huella nevada, y es alguien
que siempre está llegando. Sur ojos rotos,
extrañeza de seres que han perdido la espalda.
Síntomas
a jirones
voy quedando entero
ya
casi no me hago falta
Hugo Mujica
1
Como a un cangrejo Heike
tu gesto me devuelve al mar,
la alzada mano al frío
de las luces amarillas de mayo,
ademán que venera y abomina
en arcos del fogón al vino,
en la cebolla y el ajo,
un yo, un estremecimiento
en el agua que espera,
y, en verdad, ya no quiere
salvarse más.
2
Aparezco nocturno
en una vocal que es un líquen,
en una parodia, tan de moda,
del mal parido, y sueno áspero
en falsas empatías vacunas
y viejitos puro cerebro neolítico;
desde el séptimo piso veo
desfilar a los millonarios mejicanos
y narcos en progreso
(¿acaso no hay una causa del sistema?).
Anacrónico
en art nouveau
un sexo de cuaresma
un vampirismo light
y grafitis de masa encefálica
sobre las paredes de un barrio
de inmigrantes
(¿acaso no hay una causa del sujeto)
En baba de época aparezco
con experiencias de erizos marinos
y soy lo ausente en tu discurso,
lo que el aparecido olvida en tu boca
(¿es que tengo pezuñas
que ella no me extraña?)
No.
Es mi trabajo por permanecer
siendo.
3
Hay un tipo que dice haber sustituido
su inconciente por una computadora.
El tipo tiene una dieta de vicodin,
tiene unos archivos de AMM sonando
todo el día, y supone que el ocio
es un efecto sistémico programable.
El tipo se aburre en el sur profundo
mirando fotos de amsterdan en la red.
Ama mujeres con su cámara digital,
que le reparan los cambios de horario
y el enfisema. Es un tipo con fobias
literarias que sueña imágenes
de mares desenfocados y museos
mal iluminados donde se exhiben réplicas
de los objetos que poblaron su infancia.
De vez en cuando se echa un polvo.
Cuando se deprime, escribe la novela
de sí mismo,
de lo contingente
de lo inmensurable
y contempla en éxtasis
la sincronía entre la academia, el mercado
y el lector. Es una vida muy metódica,
muy homeostática, y algo en mí envidia
el formato.
4
En la habitación donde suponemos el amor
somos una serie, una manía, una obsesión
de cantidad, lo que se sustrae entre el mundo
y lo que preda, piedra que en el vientre
nos crece, y es cosa replicante, viral,
que es frío y metálico, y es mientras
nos sumergimos y las voces caen en aguas negras
reflejando otra serie, más aleatoria,
que se pronuncia y funda creencia murmurada
acerca de la habitación sin puertas
ni ventanas, en la que alguien nos vela,
aunque allá, en la superficie, la manía,
la serie, la continua obsesión
de los espacios sin límites,
de un amor hipostasiado al abrir los ojos.
5
Darse cuenta de la soledad
de no estar y resistiendo
ser que libera a la pregunta
de su crisálida, que nada
pregunta excepto a su deriva
sin suelo sin trabajo ni sitio,
un montaje de claroscuros
y urinarios, y luego desangrar
a quien dialogue, suspenderlo
entre dos guerras, persistir
en la escisión, en el logos
cloacal y, evadido en misterio,
habitar esa quietud,
un desgarrar las negras medias de la muerte,
y lo demás gastronomía.
6
Mandato moderno:
decirlo en silicatos
decirlo en minerales
eléctrostático
o polvo fílmico,
hacerse paisaje el ojo
y mirar por la cámara
infrarroja
tus paseos por la feria
(sigue allí la madre
y sus cuervos),
abrir un cráter
donde hay una mujer,
abandonarte en el hombre que fuiste
y hacer la tarea de lo irreal
en lo próximo,
que es disolver la casa
con emociones de trotil,
nada debe rozar la carne,
hay que decirlo y que ya no sea,
decirlo en un punto ciego,
desaparecer al huésped,
en correcto decir político
y pervertir lo finito.
7
Cuando el día se abre en alacrán
se interrumpe el opio de lo imaginario,
gotea saliva rosa en las mercaderías
y hay lugar para ciertos transplantes
y los esqueletos de tus pájaros tropicales,
yo trabajo en mi disfunción atencional,
imagino golpear a la neuropsicóloga
hasta que los puños se astillen
haciéndome el mono, y es un día carroña,
lo sé, soy una mancha de humedad
y me está vedada la época, no volaré
tu cuerpo poseso, no alzaré mi culo
al rostro de la ley, sé que nunca
es la hora, y que toda palabra se ha cumplido,
muerto por muerto, y estoy
acabando en otra parte,
donde el día se clava el aguijón.
8
Hilván de perro en la neblina,
¿de qué origen este hombre
que se desagrega bajo el puente
la condición?. Luz que se mezcla
en la costra de la escarcha
sobre los párpados, unos nudos
de oscuridad y músculo,
hombre-rata duerme un mundo,
el ombligo de nada, limbo
de dunas lilas la danza de ella
o el ofidio cuando el púber
bajo una lluvia de meteoros
ahora no, ahora
puente abajo, hombre abajo,
¿qué origen hay en el muerto
bajo el puente?
9
Hoy estoy muy lírico,
antipoético, y sin embargo
arrebatado en amarillos
tintinibulados
es lo que me asecha
todo de zarpas y resinas
se acuesta con tu primera sombra
y me mira desde una suspensión
amarillo en volutas de lengua muerta
que mal me dice, y es
lo que falso se procrea industrial
o en escribanías, amarillo
barbitúrico e interiores acolchados,
vapores de capón
un momento terciopelo de puñaladas
y esquirla en el ojo del enamorado
premoderno, contrapolítico
que agoniza amarillo
declinante en cilias de tiempo
entre la gente sumergida,
amarillos principio de siglo
flotante sobre los escombros
del decorado,
una lírica de cuerpos en el fondo
del lago.
10
Me escucho algo difunto, un poco abstracto
en tu escucha,
tramada de yerba y norcoreanos desaforados,
relámpagos en la cúpula del cráneo
mientras amanece y te movés algo irisada
en crema de braque polvoriento,
vas a hablar y serás lo mismo,
lo que yo difunto y abstracto
en primer plano granulado
el rostro bajo tu rostro
bajo tu rostro
y debajo, después el tronar de la luz
la sordera, y te desvanecés en carne.
11
Esto es un pastiche,
dijo mi payaso.
El pastiche apesta
enamora
se descompone en pastiche de deseo,
¿te excita?
¿te politiza?
¿te estetiza?
¿o todo lo contrario?
Enuncia mi payaso:
No hay una manera de expresarse
que no sea artificial,
la parodia ya no tiene sentido,
no busco lo nuevo ni la tradición,
imito estilos arqueológicos
en una cultura global sin historia
en tiempo evacuado,
hago mi escritura líquida, oh sí,
la prédica de puros significantes
materiales, de una materialidad
que idiotiza, que me pone eufórico
intoxicado alucinado, un gozo
de nono y beckett, un despertar tieso
en la revelación a través de la diferencia
¿es lo sublime, Natura?
no, no, artefactos,
el horror de la totalidad
en la que un puñado de semejantes
me sugieren enterrarme vivo.
Y agrega: esta escritura debe explicitar
sus condiciones, su desencanto epiléptico
desdramatizado.
El payaso sufre el pasado: una colección
de elementos mal o bien articulados.
Voy, pues, dice el payaso,
a diseñar una organización,
pero con interfaces anómalas.
En conclusión: hay que matar al payaso.
12
Hubo epifanías artaudianas, las hubo
nerudianas, lorquianas,
de veronese matándonos de tedio
de morrison en parís
o en el cello de satoko fuyi,
y suceden en los rituales
de las casas de secuestro, modelan
muslos, cuellos, plexos, pubis,
de animales fantásticos
y androginias de mercadeo, basura virtual
que nos duerme la lengua,
revelaciones oscuras en la boca
de trinchera, un llanto secreto
imaginando crímenes políticos
o monstruo oceánico devorando soles,
aunque también las hay asociadas
al superyó, y las que nos hacen flotar
sobre los restos de la cultura occidental,
revelaciones montadas en viejas metáforas,
en el realismo sucio de los cubículos
citadinos de romper en añicos el alma,
realpoétik, entre lo excrementicio
y un gurú,
¿yo es el sujeto de esas revelaciones?
Después siempre el desierto regresa.
y crece dentro.
13
Régimen de los relatos,
de toda voz circulante
en el negocio de lo ficticio,
un hijoputismo elegante
con demonios laxos
y la lucha por la armonía
de las clases,
es empleo de escritor
en iowa, de enfermeras
ninfómanas enema en mano,
en las playas argumentales
de los licántropos católicos
y el AMO VÍCTIMA
¡ay cómo duele el silencio ruso!
con esos tipos perdidos
en misantropías altruistas,
aunque ahora todo a la trituradora
psicolingüística, todo
al canónico disparate
de una escritura vidriada
de páginas que repiten
al varón en la noche troyana
al ciego fundido en el sillón
al padre-cosa,
¡disciplina! o no
¡simetría! o no
¡forma! o no
¡hay que pagar la parte
del molusco!
El que fuma paco en la esquina
dice la palabra de dios,
lo que innombrable nutre
al mercado editorial.
14
Diario del elefante (3): Estoy soñando. Tengo en la boca una mantis con el rostro de Jorge Rial que dice textos de Tomás Abraham. La lengua está en reposo, anestesiada, y un hilito de saliva me corre por la barba. Un dispositivo de acero inoxidable, sujeto a la silla de espaldar alto, mantiene mi cabeza erguida y las mandíbulas abiertas. Delante, a unos tres metros, sentados, miran a la mantis dos ancianos. La vieja está vestida con un sobretodo negro, y lleva puestos unos anteojos de sol con lentes de color rojo (la forma de los anteojos me recuerda a la primer Gatúbela); él viste un pijama amarillo, y un rosario de bolas rojas le cuelga sobre el pecho. Detrás de los viejos, una cámara digital sobre un trípode, toma mi imagen, que aparece en una pantalla arriba, a mi izquierda, donde puedo ver un primer plano de la mantis. Los viejos aplauden cuando Rial dice: “la tensión entre la voluntad de ordenar y el exceso de lo real es inevitable”. Despierto empapado, y descubro porqué estás durmiendo conmigo.
15
Desorden de falosaurios
y un dionisio de yeso deprimido
por el piso, pequeños carnavales
baratos bajo la cama,
y detrás de la heladera
desperdigados mis soldados
con brillos seminales
y diagnósticos de carencias
afectivas; hoy estoy peripatético
cual paciente de un neurosiquiátrico
y me pregunto yendo y viniendo
quién está susurrando a juan donne
con un tono apocalíptico
de cura jesuita borracho
o teniente de infantería cornudo,
también susurros de hechizos sexuales
programas revolucionarios
teorías conspirativas,
la voz de madre en la siesta
blanca de la meseta
porque nada de esta basura funcionaría
si yo no fuera un objeto más
en estas habitaciones, eso sí:
atento, enfocado,
esperando el juego de mi dueño.
16
Cuando todas las musas migraron
a una luna de Júpiter
había la herida, lo reactivo,
el miedo que me ahuecaba
y me injertaba unos tentáculos
un Más Acá
de verborragias insoportables
bajo el papel picado despidiendo
órganos en los hospitales,
después llegaron los bosques en coma
y un ingeniero que pasea el cuadrito
de sai baba en luna nueva.
No es cierto que todo poder
sólo produce resistencia,
también produce materiales
conductivos.
17
ACTO adherencia, goma que te rellena
y se arrastra por el páramo entre las cosas
espacio exiliado o tiempo
que expandido ya no le importa a nadie,
acto con rostros de pedernal, la carne
más allá de la carne, y siempre
las médulas buscándose los orificios
y las prominencias y los encajes
NINGÚN OBJETO PUEDE OCUPAR LA CULPA
DEL OTRO, acto función, acto la cadena
el que cuelga en el matadero,
la gravedad que sangra la palabra
y no pasa nada, a cierta escala
todo está quieto, acto microscópico,
a cierta escala es antiguo testamento
o la joda talibán o un drone
como un mosquito en el living, et caétera,
acto la trampa, acto sedimento,
los estratos de acto la piel que se raja
y debajo la otra que ni siquiera tuya,
la mano clown que debajo la glock
que debajo ánima de la stasi
mirándote desnudo, las evoluciones
de la cocina al colchón, del colchón
a la boca del martillero público,
acto del espantajo, juego del acto
escénico que se justifica en el orden
visual, en pus moral, en la esponjosa
continuidad de los actos, acto
dibujitos en el cuarto oscuro,
la rota nariz de mármol de la virgen,
acto jurídico que muere y entonces
papá de Hamlet y otras bellas imposturas,
acto de pozo ciego, así: imposible
fingir un acto, cuando me ves soy
lo que invisible te condena, acto
del perseguidor suicida, que actúa fuera
y es por dentro en la noche que no acaba
de romper, el acto de infinitas aproximaciones
aplastado bajo un millón de películas
de artes marciales,
acto de la próxima imagen
donde las piernas se abren,
ser en acto y lo demás no importa,
acto de los ojos retroactivo, toda perspectiva
es un instante cancerado,
belle epoque que recursa posmo,
acto de campanas para lacan y barrick gold,
acto visual, luego, olfativo
acto que se autorreferencia, con una pulga
en el centro, acto del protagonista
en extinción, en el acto sin acto
de habla, acto de mundo forense:
soy antes del acto
soy después del acto
y durante la impotencia de ser,
ACTO COSA de cancelar adjetivos
todo ese ruido de locura,
acto pragmático y crimen de lesa subjetividad
(el actuado no deja de actuar),
acto en ambientes de asesinos seriales
y funcionalidades jacoby,
acto rutina doméstica que deviene
en movimiento de masas,
escupir en la tumba del héroe
acto de virgilio o goya
en la social dilatación de las pupilas,
acto de racionalidad académica
con gestos cronométricos que viran al bronce,
todos los actos detritus
que te sujetan idéntico.
18
Diario del elefante (4): Lo que acontece es el fantasma de todos los posibles. Acontecer, bifurcar. La palabra, el cuerpo, la tierra bifurca. Madre-lengua bifurca. Lo que se abre y segrega el abandono, la desolación, las mascaradas de la sucesión, las órbitas morales que nos precipitan en el amor y la guerra. Lo que adviene a mi boca revienta en desocupados. El espaciotiempo de mi voz se disloca, se abrasa en los objetos donde vas depositándote, con silencios de vaca sagrada. No hay palabra desvanecida: todas hacen nicho, basural, cripta; no hay palabra que encarne el acontecimiento. Toda palabra es ácido o cadáver.
Lo que acontece se preña de centros falsos. Lo que pregunta supone una resaca de sentido. Estar perdido como el tejido de lo que existe, de lo que habla siendo, de lo que siendo infesta el ahora. Si no hay palabra (y el monstruo que las viola en cuanto emergen), hay la bestia triunfante.
Es más acá donde se muere. Nada puede decirse simple (excepto la lengua de los marquetineros, que es maldita). La totalidad es un acto de mala fe. Lo que me mata es la compulsión a nombrarlo todo, morir diciendo, que la palabra traiciones es irrelevante. Lo que se dice bifurca, y el que calla celebra al lobo. Por eso oro a San Genet.
Yo no pretendo categorías espaciales. Yo no cruza el desierto, soy el desierto. Miro mi mano: soy el grafómano. Mis ojos vagan por la página escrita, la luz del velador está bien. Aquí no hay verdad alguna, porque no hay verdad a la que el ojo acceda. Y no es saber que se funde en lugar alguno: sólo me cruza, en el halo del ibuprofeno.
Lo que se celebra se drena. Yo quiero hablar del apetito del Amo, de mí al ser digerido, de lo abstruso como vía regia. Ser bifurcado que declina, no más que eso. Algo de Enzensberger, o de Badiou, vale. Destruir lo que se ha escrito es en vano: surgirá de nuevo en el títere de la identidad. No jodamos: la forma es el síntoma
Los ñires se apagan. Pienso lunar: es el momento en que el ojo de la mente ve. Ve lo que habita el entre, una experiencia sin canon, que es la caída del mundo disimulada en res pública.
No hay que hablar la poesía, hay que ser su quirófano.
19
La máquina gardeliana
o hip hop en bulerías
¡ah los dulces masajes prostáticos!
24 horas de fútbol global alrededor
mi foto de Patti
de Girondo enamorado
y los ojos de soles negros de Federico,
el amo multinacional
amplía el espectro autista,
y otras cuestiones domésticas
entre Cervantes y Basho.
Es el desmantelamiento,
y los poetas roen los muros
de la Ciudad.
