Cartagena: Luego fuimos a conocer la tumba del inmenso Vicente Huidobro. Por Miguel Ánguel de Boer
Recostada sobre cerros bordeada con límpidas playas de arena. Habia bajamar y caminamos hasta la orilla. Almorzamos al son del canto de un músico popular. Escuchamos “Fogata de amor”, “La muralla”, “Gracias a la vida” y “Yolanda”. Me sentí feliz. Casi no comí. Luego fuimos a conocer la tumba del inmenso Vicente Huidobro. Casi no llegamos puesto que el acceso es difícil. El camino es de tierra y teníamos que levantar los cables que cruzaban las calles para que pasara el bus. Qué decir de la tumba de Huidobro [aquí me sale decir el apellido]. Es el extremo opuesto de las casas de Pablo. Austero. Ascético. Con un cerco de alambre y madera. Apenas un cartel indicador. No hay artesanos. No hay museos. No hay souvenirs. No hay marketing. Solo estaba el cuidador. Un personaje. Que por todo lo que nos contó [la historia no solo literaria y política, sino tambien personal, amores e hijos varios incluidos, o anécdotas increibles como la de que Huidobro había entrado al bunker de Hitler y se había apoderado del teléfono rojo que ahora, actualmente, esta en manos de......Nicanor Parra!!] y siendo que es un fortuito empleado del municipio y que todo lo que sabe del poeta es lo que fue recopilando de los relatos de los visitantes del lugar, supusimos no solo que es un enviado [como él mismo cree] para custodiar su memoria, sino que tal vez sea Huidobro mismo. También hicimos un homenaje y yo leí “Contramaestre, mar y tierra”. Otro supergustazo. Mi viejo presente.
Miguel Ánguel de Boer: http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=573 |