Rancagua y el homenaje a Oscar Castro y su viuda Isolda Pradel. Por Miguel Angel de Boer 
 

No me queda sino sintetizar lo que fue nuestra visita a Rancagua. Poético por donde se mire. Ni bien llegamos partimos para Sewell, la mina de cobre mas grande el mundo, acompañados de un guia cuya vida transcurrió en el lugar. Un experto, orgulloso de su pertenencia. El ascenso fue una aventura. La historia de la mina, fantástica. Al promediar el viaje la bella Mariana [hija de la poeta Irem Toal] nos conmovió con la canción de Oscar Castro [Zuñiga] y Ariel Arancibia “Para que no me olvides” [ Yo me pondré a vivir en cada rosa / y en cada lirio que tus ojos miren / y en todo trino cantaré tu nombre / para que no me olvides], mientras íbamos contemplando la inmensidad de las montañas. A mi me crujió el corazón de ternura al descubrir que ese tema era de Castro y al escuchar esa voz prodigiosa en un lugar colmado de magia. Luego recorrimos las instalaciones de la base, el museo, el “bowling” que tenían los “gringos” cuando la explotaban. La mina ahora está nacionalizada. Y como cierre en un acto casi ceremonial, hicimos una ronda de poemas, alli, a 2000 metros de altura en el medio de los Andes chilenos. Que más. Eso era lo que pensaba, porque luego fuimos a almorzar a un lugar encantador. Paseamos por Rancagua que es una ciudad muy peculiar, por su mixtura entre rural y urbana. Era domingo y las peatonales parecían estar solo para nosotros. Por la tarde le hicimos un homenaje en su tumba a Oscar Castro. Leí, canté y cantamos “Soñé que soñaba”. Me sentí dichoso. Menciono al pasar que tambien conocimos el mausoleo del vampiro Tito Lastarria. Llena de inscripciones con pedidos y promesas, que dicen se van a cumplir cuando caiga la última cruz de la cripta. Y ya quedan menos. Pero aún faltaba para completar el día. Primero no sé cómo, nos desprendimos del grupo con Mario Noel Rodríguez [exquisito poeta salvadoreño, de un humor excelente y una especial habilidad para “perderse”, lo que motivaba pacientes esperas hasta que aparecía o lo encontrábamos; aunque de esto yo había aprendido bastante en mi viaje al Cuzco] en compañía del simpático joven poeta rancagüino Rafael Henriquez. Un poco más tarde nos encontramos, en la casa de la Fundación Oscar Castro, nada menos que con su viuda, también escritora, Isolda Pradel [Ernestina] que tiene noventa años y una lucidez y una frescura envidiables. Es, precisamente, a quien Oscar le dedicó esa hermosa canción, y muchos de sus poemas. Asi, tuvimos la dicha de que nos contara aspectos de su vida junto al poeta, de cómo se conocieron, de cómo no quedó trunco y algunas cosas mas, con la espontaneidad que logran quienes no solo tienen una larga vida sino que tambien han has sabido adquirir sabiduría. Quedamos extasiados y todos deseábamos que no pasara el tiempo. Un privilegio. De paso, me parece que estan por realizar una película para la tv chilena sobre la historia de Isolda y Oscar. Por la noche nos homenajearon con una copiosa cena en “La vieja pared”, cuyo dueño es un clon de Pablo Neruda [muy buen anfitrión y con una voz que ni les cuento], donde ademas hubo música [Mariana nos deleitó con su violín y su voz] y baile. Yo me dí el placer inolvidable de hacerlo con la tierna Isolda!. Esa noche me dormí sintiendo que era afortunado. Gracias a la vida.

Miguel Angel de Boer:
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=573

FOTO: Miguel Angel junto a Isaura Pradel


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