Homenaje a Salvador Allende en la Moneda. Por Miguel Angel de Boer* 
 

Aún no sé si fue por las empanadas, por el frío o por todas las emociones vividas, lo cierto es que esa noche tuve una descompostura. Sabía que al otro día íbamos a ir a la Casa de Gobierno con el objetivo de realizar un homenaje al Presidente Salvador Allende. Yo tenía la gran ilusión de poder leer un poema en el sitio donde había muerto y se lo había comentado a Luis y a algunos compañeros de Poetas. La noche no fue fácil. Pero a las 10 de la mañana, como estaba previsto fuimos al Palacio. Antes de entrar presenciamos el cambio de Guardia en un dia primaveral. Aún estoy impresionado por la calidez y el respeto con que nos recibieron. En nombre de la Presidenta Michelle Bachelet, circunstancialmente de visita en Italia, recorrimos gran parte de la casa de gobierno y recibimos el saludo del Jefe de Gabinete del Ministro del Interior, Nicolás Torrealba, a la vez que nos explicaban e informaban sobre aspectos arquitectónicos, artísticos e históricos de la Casda. A mi se sorprendió la naturalidad y sencillez del trato. No es que esté muy habituado a ser recibido en casas de gobierno, pero me senti mucho mas que cómodo, dada la cordialidad casi informal que nos brindaron. Si. A nosotros. Poetas y escritores. El momento crucial se produjo al llegar al lugar donde murió el Presidente Allende, donde dejaron al descubierto ladrillos originales, residuales del ignominioso bombardeo cuando su derrocamiento. Ni que decirles cuando Luis propuso que leyera un poema. Como transmitir lo que sentí al leer “Me dejaron tu pulover verde”. La vida volvió a transcurrir en un segundo. Los sueños, las luchas, las alegrías y tristezas. Recordé nuestra reacción ante el golpe y la bronca y pena al enterarnos de su muerte y la intención de muchos de venir a pelear contra la dictadura. Y lo que me costó convencer Mary [mi primera esposa, a quien le dediqué el poema] para que no lo hiciera, temiendo por su vida. En fin, sentí que era un homenaje para y también en nombre de todos aquellos que lucharon por hacer de este un mundo distinto. Por los compañeros. Me parecía mentira, y aún estoy impactado, hacerlo en ese sitio. Después de tanto tiempo, tantas ilusiones, tantas pérdidas, de tantos amaneceres y tinieblas, brindando mi testimonio precisamente alli. Como no maravillarme de estos imprevisibles milagros que nos depara la existencia. Un rato mas tarde se realizaba el Acto de clausura de nuestro Encuentro en la la Biblioteca Nacional. Ya había pasado el mediodía. Yo decidí ir a descansar tremedamente agotado y con un alivio que me hacía sentir feliz. Después me fui recuperando con el apoyo y ayuda de las amigas y amigos de Poetas [destaco la que me brindó el colega boliviano Dr. Edmundo Torrejón Jurado, que supo atender al Papa Juan Pablo II nada menos!] hasta que llegó el momento de partir. No sin antes me hicieran llegar el diploma, el cual me colmó de alegría, de manos de la querida Emilce Zorzut. Regresé sin inconvenientes a la Argentina y, casi sin darme cuenta, a Comodoro. Mientras el avión iba descendiendo y miraba la costa patagónica, tan bella como siempre, sentí un profundo regocijo y una casi orgullosa satisfacción.

Y un inconmesurable agradecimiento. A todos.A todos. A todos.

Por Miguel Angel de Boer*, Cónsul de Poetas del Mundo:
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=573

FOTO: Miguel Angel de Boer en el lugar mismo donde cayó en combate Salvador Allende el 11 de septiembre 1973.


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