CHILE: encuentro de celestes encendidos y rugidos de tambor de cuna al pie de Neruda y de la Mistral
Se me antoja volver a los días de permanencia en Chile donde Gabriela y Pablo salieron a recibir el paso de los poetas iberoamericanos gracias a los buenos oficios de un hombre de talento como Luis Arias Manzo. Supo convocar en su primer encuentro a poetas de buena palabra y verso de altura para recorrer diversos escenarios. Permitió con una justicia salomónica que cada poeta ocupara su lugar con la voz cantante. Los museos de Neruda abrieron sus puertas, los objetos se encaramaron en la entraña de los visitantes y por aquella locura que habita en cada alma en busca de su verdad, los huéspedes de La Chascona y de Isla negra pudieron a sus anchas probar las sillas de Neruda, la cama y hasta tomar en sus manos el león que le obsequiara Matilde cuando recibió el premio Nóbel para orgullo del idioma castellano. Todo se hizo fiesta con la presencia de más de 20 países con su delegación de musas. No se escatimaron permisos para intimar con la poesía de Gabriela y Pablo. Acortaron la distancia entre el más allá con ese aquí que se quiere nuestro. Sorbimos gota a gota la presencia de esos espíritus gigantes que sin lugar a duda coronan la poesía latinoamericana con la boca llena y el corazón de niño que encuentra el juego en lo serio. Nos encontramos más de cuarenta poetas, sin distingo de géneros, sólo con el firme propósito de llevar el rumor del poema con diversos acentos y colores a cada escenario. Valparaíso también declaró a sus huéspedes con saludo de honor. Se hicieron los festejos con la música del alma, y los poetas chilenos acompañaron la palabra de los extranjeros que ya se sentían en casa. El encuentro con los niños, los adultos en los barrios, en las escuelas, los hospitales, los ancianatos y hasta en la cárcel de alta seguridad le dieron el tinte social al hallazgo. Hacer del recorrido, mella en cada ser sufriente o en cercanía con el silencio ajeno. Un hombre como Todd E. Temkin, presidente de la Fundación Valparaíso, aclamó la poesía en sus predios con vista a un mar de ensueños, donde los poetas invitados probaron las bellezas de la ciudad costera. Viña del Mar destapó su calidez con el recibimiento a los trovadores e hizo de sus aguas en movimiento, una coreografía de saludos. Las sirenas con sus cantos amenizaron la danza del verbo. La solidaridad entre todos fue la nota del acorde y la batuta de Luis se hizo fina en sus movimientos con sigilo y aplomo y firme para conducir la orquesta de los bates al mejor puerto. Luego vino la proximidad de la Mistral, al recorrer sus predios entre montañas cargadas de la mejor energía. Montegrande le hizo venia a la poesía. Alojó a los poetas con sus versos en la zona donde otrora la niña Gabriela hizo sus pininos y seguramente parió sus primeros versos al regodearse con el poder de las cimas en cielos de estrellas mordidas por la oscuridad. Fueron 3 encuentros en uno, Santiago y sus calles, Valparaíso y Viña del Mar y finalmente todo el Valle de Elquí donde las voces hicieron ecos del sin olvido y flautas mágicas con la gracia de la poesía y el donaire del abrazo. Anfitrionas maravillosas como Soledad García-Huidobro, sobrina nieta del poeta Vicente Huidobro, Yeniffer Hurtado, la poeta de los grandes ojos negros, y su equipo de mujeres al servicio de la cultura transformaron la estadía en gozos de luna llena y de soles en pétalos abiertos. La partida deja amigos, acorta distancias porque la inventiva de la ciencia nos hace el puente con el otro. Ahora nos llenamos de emails para corresponder a tanta dicha y al banquete de las odas en palabras. Y un hasta luego se impone hasta el año entrante cuando los bríos renovados de Luis Arias Manzo y su compañera Marcia Motta de un Brasil tan cercano, vuelvan a entregar otro encuentro de celestes encendidos y rugidos de tambor de cuna al pie de Neruda y de la Mistral.
Bella Clara Ventura Embajadora de Colombia Poetas del Mundo
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