Poetas del Mundo: REFLEXIÓN CHILENA después del Encuentro en Chile. Por Iván Segarra 
 

Tengo que olvidarme para rescatar el sueño de los pájaros. La luna grita no sé yo que espanto trasnochado y los árboles son como canguros que tienen miedo de subirse a las nubes. Veo desde aquí, desde este corazón sin lágrimas, como todo cambia sin forma exacta y los pájaros siguen jugando con las palabras como si fueran dardos rotos por no tener números. Los hombres siempre están buscando su norte y las mujeres navegan entre las ramas de las olas del sur. ¿Será que la primavera llegará como siempre o en esta nueva primavera las flores no darán más abejas? Todo es una sombra de otra sombra virgen, como capullos disecados al viento. El sol de hoy, se vuelve el sol de mañana, y los hombres son fantasmas de hombres que fueron viejos un día. Todo es lo mismo como un eco que asesina a otro eco en la noche que amanece con cara de sol recién nacido.

A lo lejos, queda el recuerdo de Chile con sus calles y su gente, gente que está al otro lado del charco, y sólo hay que extender la mano y ya estamos hablando la misma lengua, el mismo espíritu, la misma cosa, que no es otra cosa que el mismo hombre con otro cuerpo. ¡Será que Los Andes han venido a verme o será que las rosas dan más rosas por el color del aire en que contemplo la vida. Después de esta ardua reflexiín sobre Chile y su suelo, veo que los chilenos siguen atados al alma de América como todos los demás países hermanos de habla hispana. ¿Habrá que nacer en Chile, en el Chile de la magía y de la rosa, en el Chile puro, que huele a rosa de eucalipto? Creo que tengo el alma llena de mensajes de luz, es como una búsqueda, una hermosa búsqueda que termina contemplando las estrellas de Chile y las voces lejanas y viejas de Gabriela Mistral y Pablo Neruda en esas “Huellas de Pablo Neruda” que no pude hacer, pero que de alguna forma siguen habitándome muy dentro, allá, si allá, dónde los jazmines vienen a mecerse con aquel bello Puerto de Valparaíso, donde queda un aire susurrando no sé qué cosas a lo lejos y donde mis ojos se levantaron para ver la belleza del mar desde “ La Sebastiana”. Más allá, a lo lejos del corazón con ganas infinitas de seguir viajando queda el eco sin fondo de Gabriela.

Gabriela Mistral, mujer profunda, sin mancha, dama de su época muy adelantada a los ruidos de la calle. Aún puedo oirla diciendo versos por todo Chile. Mi alma levanta una foto vieja de la poeta, madre de las poetas americanas, ejemplo de rectitud, mujer devota y firme. Aún suelo escuchar sus versos en mi cerebro, versos que leí en yo no sé qué vieja y olvidada juventud de qué sé yo que parte de mi vida… Ah sí, recuerdo aquellos versos de … “ Él va con la otra…[ con ella creo yo] …” Estoy tratando de parafrasearla pero mi vida me lo impide. Este contacto con Chile ha hecho de mi nostalgia una herida. América tiene mucho futuro y se logrará sólo cuando todos los hombres y mujeres de América logremos poner nuestras ideas al servicio de los demás y sólo con el alma es que podemos luchar con lo más triste que nos separa: la envidia, el odio; el querer ser otros cuando somos esto, el nuevo rostro del mundo americano. Si vieran los hispanos de todo el mundo cómo la televisión norteamericana está cambiando la impresión que tiene sombre nuestros pueblos, porque recién estan dándose cuenta que, para las próximas centurias, los latinos nos quedaremos con el mundo de habla inglesa. La realidad de América será la realidad de América, pero al tiempo, hay que darle una esperanza y esa esperanza tiene que comenzar con los escritores que son los llamados a cambiar las cosas. Todo sueño comienza con una idea tonta que sea hace realidad, porque la idea sale de un cuerpo de un hombre que la acarició largamente y tanto y tanto, que logró contagiar a otros con su idea, y la idea entonces, se hace realidad. Creo que yo tengo la misma idea de José Martí, de Eugenio María de Hostos, de Lautaro, de Simón Bolivar, de aquellos hombres y mujeres que soñaron con un mejor mundo, con una bella América.

A veces tenemos que podar la razón para que nazcan las ideas y las ideas hay que alimentarlas con la gente que te escuche para que la idea tenga alas y pueda llegar a los otros del más allá y no del más acá donde estamos acuartelados. América tiene que volverse a encontrar consigo misma, y sólo lo logrará cuando los hombres de América logren luchar unidos por los mismos fines o las mismas ideas.

Hoy estoy reflexionando sobre estos cortos días en Chile, y lejos de todas las cosas buenas o menos buenas que pasaron; aunque para mí, no fueron cosas menos buenas, sino cosas humanas, en que los hombres no suelen entenderse como deberían. El hombre es una hoja de un árbol y ese gran árbol es Dios. Cuando llegue el otoño y todos los hombres del mundo se encuentren en la tierra verán El Gran Árbol, cada día, hecha más hojas al mundo para poblarlo. El hombre es un espejo de otro espejo, es el espejo donde se refleja Dios, pero el cual, algunas veces se quiebra porque descuidamos en el fondo del corazón cuidarlo como Dios nos ha pedido: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Las palabras suenan fáciles, pero que dificiles es componerlas. Las palabras son como mandatos, como ruidos extraños que asusan a los pájaros del alma, y que luego, salen a la luz y nos confienzan que debemos avanzar un poco más.

Después de este hermoso sueño de vivir con cuarenta y cinco poetas de varias partes del mundo en Chile, sólo queda, reflexionar por los más aptos, por lo que aprendimos de todos ellos, por los amigos nuevos que hicimos mientras el viaje se realizaba y guardar en la caja del corazón, los recuerdos de sus risas y sus poemas y, sobre todo, guardar la esperanza de volverlos a ver a todos y cada uno de ellos, triunfando en cualquier parte del mundo donde ellos decidan entrar a plantar banderas. No sé, hay como una fe loca, extraña, necia que no me deja dormir, creo que será la fe de la esperanza que en mi alma ha entrado cambiandolo todo. Tengo fe en este grupo de poetas que seguirá unido buscándose y sin poder olvidarse porque al olvidarse, se olvidará América; y América es lo más importante.

El mundo cambia pero el corazón debe permanecer sincero ante todo lo que acontesca… Los hombres tienen miedo de subirse a los árboles ahora, peinsa que se caeran de todas formas, pero quién no se suba a los árboles tiene la esperanza perdida y hay que encontrársela. ¿Qué es un hombre sin esperanzas y sin sueños? … Lo más probable, un pedazo de carne con piernas, qué no saben para dónde va. El hombre del nuevo milenio tiene que congregarse y sonreírse con la naturaleza, para hacer el milagro; y ese milagro, debe nacer en el hombre cuando este abandona todo principio o prejuicio y se une a los demás hombres del planeta buscando una solución a sus múltiples problemas como a los problemas de los demás. Para nacer hay que morir en nosotros mismos y podar, de vez en cuando, el árbol del vecino. Ver que, más allá de la soledad del mundo, está la soledad del hombre; y un hombre solo es como todos los hombres desnudos que no tienen pan ni cobijas y la soledad los va mantando lentamente. El hombre tiene que esperar lo mejor de los demás seres humanos; y sólo así, podrá llegar a desenterrar el misterio de la vida.

Espero que con este breve ensayo de reflexión chilena logré comunicarles a todos mis amigos poetas que América es una y que los necesita, que América al igual que todos nosotros nos necesitamos de corazón, obra y gracia, y que yo, desde acá, desde este costado noerteamericano donde me ha traido el destino sigo teniendo las manos abiertas para recibirlos y saludarlos cuando todos podamos seguir el contacto los unos con los otros.

Hasta horita,

Ivan Segarra Baez
Embajador de Poetas del Mundo
San Juan de Puerto Rico


En la foto: Bella Clara Ventura e Iván Segarra en el Teatro Municipal de Valparaíso


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