Yo me encargaré de que sólo los momentos mágicos permanezcan en mi corazón. 
 

He dejado pasar unos días para analizar más fríamente el último día del Festival de Poesía realizado por ASOLAPO en Valparaíso, entre el 11 y el 14 de Octubre.
Ese viernes 14, día de cierre del Festival, partimos, con mi amiga Yuly, bien temprano, ansiosas por insertarnos en el mundo de la poesía y encontrarnos con el mar. Llegamos muy de mañana a ese puerto bullente de actividad que nos sorprendió con un día esplendoroso, con un cielo límpido, sin una nube, lo que reconfortó aun más nuestro espíritu. Nos integramos al grupo que ya estaba en La Sebastiana y fuimos felices al abrazar a aquellos poetas que ya conocíamos: Adelaida, Sara, Teresa, Milka, Sonia y Betty, de Uruguay; a quienes empezábamos a considerar nuestras amigas. También al encontrarnos con Bella Clara [de Colombia], con Juan y Manuel [de España], con Luis Gilberto [de Venezuela] con Iván [de Puerto Rico], en fin con todos aquellos poetas con que habíamos compartido en días pasados en el Encuentro de Santiago, y prontamente comenzamos a relacionarnos con aquellos que habían llegado directamente a Valparaíso. Fue emocionante visitar esta otra casa de Neruda y escuchar las voces iguales y tan diferentes de los asistentes, en el recital efectuado en los jardines, mirando el océano y sintiendo la primavera energizadora. La paz, el amor, los más elevados pensamientos manifestados por los presentes, eran llevados por el viento hacia los cerros de Valparaíso. En esos momentos sentíamos que éramos artífices de la paz del lugar, de nuestro país y del mundo. Instantes mágicos, inolvidables, que nos convencían que se justificaba haber dejado a los hijos encargados a otra persona [Yuly] o solicitado un día de permiso en el trabajo [yo]. Estábamos contentas. El grupo se disgregó en diferentes actividades, nos separamos después de las dos de la tarde con el compromiso de reencontrarnos a las 20 horas para el cierre del Festival.
Luego, Yuly y Yo compartimos un sencillo almuerzo con una poeta peruana [Luz], una uruguaya [Sara] y una boliviana [Rosa], paseamos por los alrededores y después nos reunimos con los demás a la hora y en el lugar señalado.
Ya instalados para el cierre del Encuentro, Luis Arias, el anfitrión, en su calidad de Vicepresidente de ASOLAPO, comenzó a entregar los diplomas que acreditaban la participación de cada uno de los presentes. Abrazos, alegría por haber compartido con personas sensibles y que pocos días antes eran desconocidas para nosotras y también tristeza por tener que separarnos de ellas. Todo normal hasta que se comienza a hacer el balance y surge primeramente, una voz airada y dolorosamente grosera que emporca la atmósfera: “Yo no soy un lameculos y debo decir que te has mandado una gran cagada” decía el escritor argentino dirigiéndose a Luis Arias. De esa forma quería graficar su molestia pues en días pasados había sufrido los inconvenientes de un hotel que no cumplía sus expectativas y algunos otros problemas. ¿Era necesaria tanta ira? ¿Se justificaba tanta violencia, además justo en la Clausura? ¿Tenían derecho él y todos los que hacían saber de esa forma su descontento, repito, tenían derecho a tensionar a todos los presentes de la manera que lo hicieron?
Independiente de si existían o no razones para estar molestos ¿Era ese el modo y el momento para tanta expresar tanta rabia? ¿Los traicionaron sus egos? ¿Se olvidaron de las emociones y las palabras vertidas horas antes?
A pesar de los problemas que puedan haber existido, de las expectativas no cumplidas y de todos los etcéteras, aparte de todo aquello, me consta que Luis Arias trabajó arduamente para sacar adelante el Festival. Me consta que puso a disposición de ASOLAPO sus recursos personales, su tiempo y su infraestructura, para que todo resultara bien. Si todo no fue perfecto no deberíamos sorprendernos, somos seres imperfectos y es difícil pensar que lograremos el cien por ciento en los resultados. Desde mi punto de vista, deberíamos contentarnos con hacer nuestro mayor esfuerzo, con entregar lo máximo de cada uno, para que todo lo que emprendamos resulte de la mejor forma. Si se consigue contentar a la mayoría, magnífico y si no, por lo menos en conciencia sabremos que hicimos lo que estuvo en nuestras manos para que la tarea resultara. Y no es una actitud mediocre, no, sólo objetiva y realista.
Triste y doloroso epílogo para la jornada. No se necesitaba un marco de esa belleza para contener tantas bajas pasiones. Sin olvidar el final, prefiero guardar el recuerdo de La Sebastiana, del bello día que nos recibió, de la brisa marina, de la inconmensurable alegría de haber compartido con algunos poetas que antes del Festival no conocía y de reencontrarme con otras bellas amistades.
Gracias Luis, gracias por lo bueno y por el embrujo vivido. ¿Hubo problemas...? Varios dicen que si, pero eso ya es parte del pasado, yo me encargaré de que sólo los momentos mágicos permanezcan en mi corazón.
Gloria Real J. [Chile]


Ayten Mutlu
José Pablo Quevedo
Ali Al-Dimshawy
Juergen Polinske
Maggy
Gómez Sepúlveda
Candida
Pedersen
Xuanxo Bardibia Garçelya
Fredy Ramón Pacheco
Jimmy Javier Obando
Maria Cristina
Drese


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