XENOFOBIA, ARGUMENTO DE IGNORANTES. Por Alberto Grajales García* 
 

COLOMBIA: Steve se convirtió en el mejor surfista del planeta por allá en la década de 1960. Su dedicación a ese deporte fue total desde muy temprana edad debido a que abandonó la escuela cansado de los ataques de racismo y xenofobia [dos actitudes que siempre se manifiestan juntas] de que fue víctima por parte de sus compañeros de clase.

Él con sus ojos azules, cabello rubio, y piel blanca, rechinaba en medio de una multitud de asiáticos de piel marrón, ojos oblicuos, y cabello negro. Esas diferencias no fueron asimiladas ni toleradas por sus compañeros de escuela y lo hicieron blanco de rechazo e insultos.

A la edad de 9 años llegó a vivir a Hawai en compañía de su padre, un militar naval apostado en Pearl Harbor meses antes del ataque japonés; y de su madre, una enfermera al servicio de las fuerzas armadas estadounidenses. Ella, previendo una larga estadía en las islas matriculó al pequeño Steve en una escuela local con el fin de que se adaptara a la nueva cultura.

Steve descubrió playas remotas que nadie frecuentaba. Las visitó diariamente. Con una tabla de surf se lanzaba en busca de las olas que desde entonces fueron sus únicas compañeras durante muchos años. Con el paso del tiempo el solitario surfista adquirió las destrezas y creó las maniobras que lo formaron como el mejor monta-olas de la historia. Sus padres, sumergidos en el fragor de la guerra ni siquiera notaban su ausencia.

La familia regresó a Estados Unidos después de la guerra y Steve se dedicó a practicar sus habilidades en playas de California, Australia, Brasil, México, Costa Rica, Perú, Chile, y demás lugares exóticos que la naciente comunidad de surfistas iba incorporando al itinerario cada vez más exigente de playas con olas más grandes y salvajes.

Relato esta pequeña historia para resaltar que la xenofobia en la mayoría de los casos no tiene que ver con el color de piel o con la nacionalidad sino con la incapacidad de reconocer a otro ser humano como nuestro igual.

La xenofobia no tiene ningún argumento válido que la sustente. Escucho decir que los extranjeros quitan plazas de trabajo y aumentan los índices de pobreza o de delincuencia, o que parasitan de los subsidios de seguridad social y de salud. ¿Acaso ninguno aporta al país donde reside, ninguno trabaja, ninguno invierte dinero para crear empresas o negocios?

La xenofobia ha sido nefasta cuando algunos gobiernos la utilizan con el sofisma de proteger intereses nacionales. Millones de personas han muerto por causa de ese odio injustificado. Basta recordar el odio nazi hacia los judíos para citar un solo ejemplo.

Si usted es una persona multiplicadora de prejuicios que escucha de otros contra los extranjeros sin ninguna reflexión previa, hágase un autoanálisis para verificar si hace parte de una cadena, y piense con toda sinceridad si le gustaría que usted o un familiar suyo sea tratado mal en otro país por el simple hecho de encontrarse allí viviendo o de turista.

En mi opinión los xenófobos son personas de escasa inteligencia; una fauna de seres oscuros, llenos de complejos y vacios de afecto.

Todos los países tienen residentes extranjeros. Hasta los lugares más remotos del mundo como Alaska, la isla de Pascua, y el Polo Sur. Si alguien puede demostrar lo contrario por favor me lo comunica.

Alberto Grajales García*, PPdM.co:
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=2592

Publicación: 04-02-2010


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