HONDURAS CAMBIO O RETROCESO. Por Antonio Rosa*
PUERTO RICO - HONDURAS: La toma del poder político por la fuerza en la república de Honduras ha traído nuevamente el planteamiento de la falta de autoridad efectiva que debieran tener las elecciones como medio de cambio, de transición de los elementos de jerarquía en el sistema electoral de Latinoamérica. Es obvio que una vez manifestada la voluntad de los pueblos electoralmente, el hecho de la limpieza del proceso, no constituye por sí solo, la garantía de la ejecución de un mandato popular. Así lo demuestra el caso actual hondureño. El mismo refleja claramente la debilidad en la implantación del proceso democrático. Por lo tanto, se hace indispensable desarrollar y constituir una estrategia, unas medidas y acuerdos que eviten y garanticen el establecer los mandatos de lo pueblos de forma indefectible. Es un hecho que la situación golpista hondureña retrotrae el abuso y la violencia como medio de advenir al poder y pone en entredicho la cultura política democrática, participativa, dentro de un proceso civilizado, que se ha estado plasmando en las décadas recientes en toda Latinoamérica. Por lo tanto, esto presupone una situación con la cual hay que reaccionar firme y efectivamente para erradicar futuras posibilidades golpistas.
El país hondureño se destaca por un sistema oligárquico, aliados de empresas multinacionales, que mantiene una enorme diferencia de clases, donde la distribución de la riqueza beneficia abrumadoramente dicha alianza. El ejército es prácticamente el fruto de la mal reputada Escuela de las Américas, Institución especializada para el desarrollo de líderes dictatoriales latinoamericanos. Es harto conocido su complicidad con los intereses de la clase dominante y su cercanía a sectores derechistas de la CIA y el ejército de los Estados Unidos. Su vasta producción de frutas se dirige mayormente a los mercados de Norteamérica. Dicha estructura constituye el sistema político-económico de este país, o sea, un sistema tipo camisa de fuerza, que opera legalmente contra la dinámica de cambio, sin competencia, sin fiscalización, represiva contra este humilde pueblo.
Y cómo hablar de hacer cambios políticos y económicos que beneficien al pueblo, a la justa distribución de las riquezas al apoderamiento de comunidades y ciudadanía en los destinos de su vida publica, cultural y de desarrollo. Pues en cuanto al país centroamericano se refiere, un sistema cerrado bipartita impera como cuadro electoral para que el pueblo se manifieste, en adición, no permite que un gobernante sea elegido nuevamente después de su mandato de 4 años. Lo que ha pasado en Honduras es, que el ejército neoindependiente de ese país, en complicidad y acuerdo con los sectores dominantes, operando el sistema oligarquico-multinacional-derechista descrito, no quiso darle tregua ni oportunidad al movimiento que propone el cambio político democrático, abierto, de avanzada y no violento PARA DESAFIAR el status quo injusto de la actualidad. El mismo que mantiene a los hondureños como el país más pobre de la región, superado únicamente por Haití.
El presidente Zelaya representa hoy día una esperanza de cambio por el medio que tanto nos han reclamado los países industrializados, las instituciones del desarrollo político y sus teóricos de la libertad predicada. Esta es una situación coyuntural que definiría la defensa de la autoestima de todos nuestros pueblos, de la capacidad de gobernarse bajo los propios esquemas del desarrollo y la sapiencia, del reforzar nuestra cultura democrática bajo la bandera de la justicia y la libertad. Hay que ponerle fin al juego de palabras, a la negociación de la rendición y la mentira. Todo el hemisferio americano y la totalidad del mundo democrático debe exigir el regreso a la presidencia del presidente electo permitiendo que continúe con sus planteamientos de propuesta de cambios al país hermano. Estas exigencias, a nivel internacional y latinoamericano, deben de alertar con resultados de presión efectiva que obligue a los golpistas a ceder a los procesos y mandatos de su pueblo.
Por último, la interrogante esperada es cuál y cómo será la posición política de Estados Unidos respecto a este “issue”. Definitivamente creo, que los países latinoamericanos deben de prescindir de la misma. No me refiero a que no ayudaría, o que la misma no sea importante en el sentido de influencia, sino que Latinoamérica debe dar muestra de su autocapacidad para resolver efectivamente, con Estados Unidos o sin él, este tipo de problema. Esta actitud reforzaría el carácter y la madurez política de la región, enviando un mensaje positivo de capacidad y dignidad a los norteamericanos y el resto del mundo.
Antonio Rosa*, POETA del MUNDO: http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=669
Publicación: 17-07-2009 |