LOS SANTOS INOCENTES. Por Juan pan García* 
 

ESPAÑA: “La Fuerza Aérea israelí ha vuelto a bombardear esta noche objetivos de Hamás, lanzaderas de cohetes y carreteras. Además, una mezquita ha sido bombardeada en las últimas horas por acoger 'actividades terroristas', ha confirmado un portavoz militar israelí. Este sábado la franja de Gaza se ha convertido en el escenario del ataque más fmortífero de los últimos 20 años por parte de Israel, que se ha cobrado la vida de al menos 225 personas y ha dejado más de 800 heridos, la mayoría de ellos en la ciudad de Gaza, así como en los poblados de Jan Younis y Rafah en el sur de la franja, según fuentes del servicio local de emergencias. Debido a la gravedad de muchos de los heridos, la cifra de muertos podría aumentar, han informado portavoces de la Autoridad Nacional Palestina [ANP], que gobierna Cisjordania.”
Diario El País, 28 /12/08

La historia se repite una y otra vez: Israel, cuyo famoso y efectivo servicio de espionaje, el MOSAD, fue capaz de descubrir y eliminar a tantos generales asesinos nazis, escondidos en España y América del Sur con diferentes identidades y cambios de rostros gracias a la cirugía estética, no se molesta ahora en detener y eliminar a los cabecillas del terrorismo palestino, a pesar de tenerlos identificados y controlados en Gaza.
Prefiere destruir la ciudad y eliminar al pueblo que la habita.

Es el mismo terror que practicaron los nazis con el pueblo judío y practican ahora las etnias dominantes en el Congo y otros países africanos: eliminar de la faz de la Tierra al contrario u obligarles a huir y apoderarse de sus tierras.
Mientras tanto, en Occidente la población mira hacia otro lado y esconde su vergüenza celebrando hipócritamente unas fiestas en nombre del que entregó su vida en favor de La Paz y el Amor entre los humanos.

BEIRUT, junio de 2006. Yo no estaba allí presenciando la masacre, pero la historia pudo suceder así:
Pasan dos horas de la media noche y el cielo, envuelto en polvo y humo por el anterior bombardeo, está sumido en la oscuridad. Ni siquiera se ve la Luna, y menos aún las estrellas.
Una familia se encuentra junto a docenas de otras en el sótano de un edificio de cinco plantas, que permanece en pie milagrosamente en medio de las ruinas de otros edificios similares cuyos escombros cubren toda la calle, formando montañas de cascotes, hierros retorcidos y restos de muebles. La mujer abraza al más pequeño de sus cuatro hijos, que duerme en sus brazos; los otros se apegan a su madre horrorizados por la oscuridad y por el ruido de los aviones que cruzan el espacio sobre la ciudad.

Esa imagen familiar se repite en cientos de bloques de viviendas, oficinas y casas de Beirut. Miles de ancianos, mujeres y niños que no han tenido nada que ver con las afrentas a Israel por parte de un grupo terrorista que se oculta lejos, en el sur, sufren la represalia hebrea.
Fuera del refugio el hedor a muerte, a cloacas y a polvo llena el aire y lo hace irrespirable.
De pronto las explosiones hacen temblar los cimientos del lugar que pisan, provocando gritos histéricos de mujeres y niños indefensos, que no pueden moverse apretados como están contra otros seres de ojos grandes y brillantes por el miedo. Un gran estruendo se escucha sobre sus cabezas y el suelo vuelve a temblar. Apenas pueden respirar el aire del refugio, después de permanecer cerrado durante tantos días, ocultando a las treinta familias que lo habitan.
Los mayores intentan calmar a los jóvenes; ya están acostumbrados a la barbarie, han nacido en medio de ese horror y toda su vida ha estado plagada de guerras, de invasiones, de muerte. Ya no creen en Dios, en ningún Dios, pues fue a causa de éstos que sufrieron durante toda su vida.
Pero ahora no se trata de eso, hace años que saben que no existe nadie arriba, que ése está aquí abajo, y es todopoderoso, cruel, sin alma ni sentimientos. Lo único que le mueve es la codicia de controlar las riquezas de la Tierra, aplastando a aquéllos que se oponen a ellos.
Para ello, dividen a las naciones en dos clases: las aliadas y los agentes del Mal. Las que miran hacia otro lado porque luego se beneficiarán de los despojos del cadáver, como los buitres y las hienas, y los que sufrirán las consecuencias de haber nacido en una zona donde abunda el petróleo, esa materia oscura y gelatinosa que permite que los países del Norte continúen avasallando a los del Sur, esquilmándoles sus riquezas, sus familias y sus vidas en el nombre de no se entiende qué clase de Libertad.
Mientras que las bombas caían sobre Beirut, las naciones del Norte se preocupaban de si Reyes ficharía finalmente por el Real Madrid; y si Ronaldiño marcaría en esa liga más goles que la anterior; si Ronaldo sería prejubilado o Roberto Carlos debía ser puesto en venta…
Mientras tanto, el edificio, al igual que otros muchos otros, se ha derrumbado, convirtiéndose en sepultura para todos aquellos que se ocultaron en el sótano esperando salir ilesos de la barbarie. No habrá nadie capaz de rescatarlos; no hay medios ni tiempo, y son numerosos los inmuebles convertidos en montañas de escombros. Antes de que puedan estudiar la forma de rescatar a los desaparecidos llegará la noche, y con ella nuevos aviones, nuevos bombardeos, nuevas muertes inocentes. El dios poderoso dice que es un castigo para los terroristas de Herbolá; pero estos no están allí, no viven en Beirut, viven lejos de la ciudad… ¿Por qué entonces la bombardean?
Está todo bien calculado y programado, se trata de limpiar el camino de obstáculos hasta alcanzar el oro negro.
Todo el Medio Oriente, desde Israel hasta Afganistán, debe de caer en manos del Yankee. Los hebreos son los sicarios enviados a cumplir los asesinatos, pero el cerebro está en Washington. Los americanos, esos mismos que conocieron el horror de los aviones empotrados en las Torres Gemelas, miran ahora para otro lado, están felices: su industria es bélica y necesitan salir de la crisis; no les importan los medios empleados. Saben que conseguirán sus objetivos: son los más poderosos y sus sicarios están bien entrenados: aprendieron las más eficaces técnicas de muerte sufriéndolas en sus propias carnes en Autwicht. Saben cómo aterrorizar, cómo asesinar impunemente, y, por experiencia, están convencidos de que el mundo no reaccionará en contra.

Saben que la ONU ha dejado de ser una poderosa institución y que se ha convertido en sierva del poderoso que paga sus gastos, sus viajes lujosos e inútiles; que se prostituye ante el imperio, que ya no usa la misma vara de medir… ni siquiera tiene ya vara.

Y mientras aquí en España la policía de tráfico toma precauciones especiales para evitar el aumento de siniestros durante este fin de semana, en Oriente otros cientos de personas serán masacradas, asesinadas impunemente, ante los ojos radiantes de codicia de los empresarios más poderosos de Europa y América, que se verán agraciados con el turismo que dejará de viajar al Medio Oriente y se quedarán en nuestros hoteles y playas; por las grandes empresas constructoras, que pujarán para reconstruir las ciudades aplastadas; por la Texas Oil Company, que verá por fin realizado su sueño de controlar el petróleo mundial.

Vemos en directo estos asesinatos repetidamente en las noticias, y es manifiesta la pasividad de las naciones, de los ciudadanos, quienes en otra ocasiones han demostrado que son capaces de mover el mundo cuando sus empleos están en juego, saliendo a manifestarse en las calles contra los despidos masivos de las fábricas; o cuando el equipo de fútbol de su ciudad es castigado con el descenso por la corrupción de sus dirigentes…

Lo que sucedió allí, anoche sucedió en Gaza. Y continúa sucediendo rutinariamente en Agfanistan, Líbano, Iraq, Iran…

Gaza. 1 de marzo de 2008
GAZA [Reuters] - Las fuerzas israelíes causaron la muerte el sábado de 61 personas en la Franja de Gaza, en la más sangrienta ofensiva para los palestinos desde el comienzo del levantamiento contra la ocupación de Israel en el año 2000.

27/08/2008 | Actualizada a las 02:35h
Nueva York.[EFE].- Rusia presentó hoy en el Consejo de Seguridad de la ONU un borrador de declaración en el que se condena el reciente bombardeo de la aviación de EE.UU. contra una población del norte de Afganistán, que, al parecer, causó 90 muertos civiles.

Las averiguaciones preliminares efectuadas por la Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán [UNAMA] han hallado 'pruebas evidentes' de que 90 civiles, entre ellos 60 niños, perdieron la vida el pasado 22 de agosto en un ataque aéreo de las fuerzas de EEUU desplegadas en Afganistán.

Al comprobar que nadie se mueve ahora para alzar sus voces contra este crimen contra la Humanidad, no dejo de recordar las palabras de Bertold Brecht:

“Un día vinieron a por los comunistas, pero dado que yo no era comunista, no me preocupé.
Luego vinieron por los curas, pero yo no era creyente y no hice caso.
Otro día se llevaron a los judíos, pero yo no era judío y no me molesté.
Un día vinieron a por mí, y nadie hizo nada.”


Ave metálica y maldita
Cuyo alimento es la sangre de inocentes
Hierro y fuego son tus excrementos
Carroñera, buscas entre los despojos
El trofeo para tus vitrinas

Palestina:
Tierra yerma cubierta de cadáveres
Qué horribles máquinas allanarán
Tus plazas y calles
Para cultivar naranjas con zumos de sangre

¿Cuántos Herodes en jerusalén
enviarán sus huestes a
matar a tus hijos?
¿Cuántos de éstos deberán derramar
su sangre para que el mundo despierte?

Israel:
Reclamas una tierrra que no es tuya
¡nunca lo ha sido!
Desde el principio te enamoraste de ella
Cuando saliste de Egipto la ocupaste
Matando ancianos, mujeres y niños
No es tu tierra
¡Nunca lo ha sido!
Fueron las armas las que hablaron
Con sangre firmaron las escrituras

En la ceremonia sangrienta,
Ingleses y americanos, tus amigos
del crimen fueron testigos
Pero al igual que Cristo, uno de tus hijos,
Israel, por tus crímenes
¡Yo te maldigo!


Por Juan pan García*, POETA del MUNDO:
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_europa.asp?ID=4955


Violeta Boncheva
Patricia Andrea
Rodriguez
Ahmed
Almarasi
Elena
Kohen
María
Aparecida da Silva
Roberto
Da Silva
Luciana
Campos
Gardenia
Barraza Farinelli
Nkai
Mpiosso-ye-kongo
Ljubomir Mihajlovski


Patrocinadores