EL MUNDO, UN PAÍS EXTRANJERO. Por Carlos BENÍTEZ VILLODRES*
ESPAÑA: La prosa del escritor Gerardo Piña Rosales es clara, directa, luminosa…. sin adjetivaciones ni recursos innecesarios. Una prosa con un lenguaje que le permite al lector adentrarse en la soberbia narración que el autor le ofrece, y por el cual está allí, enfrente, devorando las palabras. Sus textos son universales, lo que equivale a decir, que todo lector debe acceder a la comprensión del tema, sin elementos que lo distraigan de lo fundamental del asunto en cuestión. Piña Rosales cuida su prosa, desde la entrega total de su ser de escritor, con tesón, paciencia y esmero, para que ésta sea clara, bella y nítida en sus ideas…, en definitiva: una invitación al lector.
Belleza y magia, nitidez y honestidad… se percibe en esta genial novela de Gerardo, ya que conoce a la perfección las reglas que permiten una buena comunicación -escritor/lector- en el idioma que utiliza el autor.
Así las cosas, nuestro escritor andaluz crea con delicadeza, cuidado y responsabilidad sus textos, lo cual le permite expresar ideas y situaciones y conflictos…diáfanos en su exposición narrativa, dando lugar a un silencioso diálogo con el lector.
De tal manera lo consigue Piña Rosales, que su interior se funde con el del lector a pesar de las distancias físicas que puedan existir entre ambos. Autor y lector forman, pues, una sola alma sumergida en un mundo maravilloso que les permite un viaje hacia la magia que encierran las palabras. Obviamente esto sucederá siempre que se dé la circunstancia de una lectura responsable por parte del lector. Claridad y belleza, sencillez y magia van de la mano en esta maravillosa obra de Gerardo sobre un personaje que vivió las consecuencias siempre indeseables del exilio político. ¡Cuántas y cuántas personas pueden identificarse, actualmente, con el protagonista de esta novela! Comienza la presente narración con un estudio sobre la misma, creación del propio autor, titulado A guisa de prólogo. Una cita de Tzvetan Todorov -aunque búlgaro este lingüista, historiador, filósofo…, de 69 años, vive actualmente en Francia- abre dicho “preámbulo”: El hombre que encuentra dulce a su patria no es más que un debutante; aquél para quien cada suelo es como el suyo propio ya es digno de consideración; pero sólo es perfecto aquél para quien el mundo entero es como un país extranjero.
En el exordio, ya citado, para Piña Rosales -investigador y estudioso de la cultura española contemporánea- el exilio republicano de 1939, ocupa, según él, desde hace bastantes años, un lugar primordial en su campo de acción. Gracias a Eugenio F. Granell [La Coruña, 1912-Madrid, 2001], pintor y literato, exiliado en Nueva York desde los años 50 y considerado por muchos como el último de los maestros del surrealismo base, Gerardo conoce, en su casa de Tarrytown, a Rafael Bejarano, fotógrafo y escritor, exiliado también en Nueva York. El misántropo Bejarano, después de un largo silencio, le envía a Piña Rosales un manuscrito sobre su vida y obra, además de una misiva. Nunca más supo de él. Ni siquiera otros amigos de Bejarano, a instancia de Gerardo, pudieron darle noticias de su paradero como es el caso de Eugenio Granell. Este libro es la reproducción de los escritos enviados por Bejarano a Piña Rosales. “Me parece, querido lector, manifiesta el autor en “A guisa de prólogo”, que hubiese sido un imperdonable error por mi parte mantener inéditas estas páginas. Creo que su valor histórico, psicológico y literario avalan con creces mi decisión”. 19 son los capítulos que componen esta magistral obra. En el 1º, La madriguera, tal y como Bejarano llamaba a su casa de Tarrytown, es el propio Rafael quien se confiesa, por escrito, con Piña Rosales, sobre su vida actual, su familia -divorciado y con una hija-, sus amigos, su casa, sus fotografías y su inminente marcha… ¿Adónde? Nadie supo más qué fue de la vida del afamado fotógrafo. En el 2º capítulo -Ronda- habla Bejarano de su infancia durante los años de la II República española; de su padre, Rafael un maestro de Archidona [Málaga], que fue destinado a Ronda [Málaga], donde conoció a su madre, Remedios; de su casa junto al río Guadalevín, su primer viaje a Madrid, su primera visita al Museo de El Prado… Pero entre todos sus recuerdos, destacan dos, los más queridos y nítidos: el de su padre y el de su madre. La guerra civil española [capítulo 3º] y sus antecedentes europeos [Hitler y la consolidación del III Reich] y españoles [la masacre de Casas Viejas -Cádiz-, la represión de la huelga minera en Asturias, la victoria del Frente Popular, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, la victoria fascista sobre los republicanos, la toma de Valencia, la muerte del padre en la guerra… y demás hechos históricos y familiares ocupan el tercer capítulo]. Argelés-Sur-Mer es el título del 4º capítulo. En él se nos narra la huida de España a Francia, a través de los Pirineos, de la familia Bejarano; el confinamiento en el campo de concentración que da nombre a esta parte del libro; la vida sin vida dentro del campo; la reunión, en París, con su madre y su hermana [Rosario] -acogidas por una familia en Perpignan- y su tío Salvador; los hechos históricos más destacados… El 5º capítulo lo titula el autor con el nombre de México. Embarque en el barco “Ipanema”, en Burdeos, de la familia Bejarano. Destino: La Habana. Pero al impedir el dictador Batista el desembarco, la nave puso rumbo al puerto de Veracruz [México]. Después vendría la marcha, en tren, hasta Ciudad de México La vida en dicha ciudad. Rafael Bejarano continúa sus estudios de bachillerato, interrumpidos por la guerra fratricida, en la Academia Hispano-Mexicana. El despertar de mi vocación, título del capítulo 6º. Gracias a su tío Salvador, en Rafael se encendió y avivó su vocación de fotógrafo. Por ello y para un mayor conocimiento y perfección de la labor a realizar, ingresó en la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Los primeros pasos en esta profesión fueron difíciles. Estudió ávidamente todo lo concerniente a la fotografía. Visitó exposiciones. Muere de repente su tío. Finaliza el conflicto bélico mundial y los años difíciles para Rafael y su familia. Rafael empezó a crear su obra La luz del sur [capítulo 7º]. Día a día desarrollaba, con suma eficacia, su profesión, fotografiando personas y lugares de México D.F., es decir, todo aquello que de una forma u otra le impactaba. Publica su primer libro fotográfico -Luces y sombras de México- con unas cincuenta fotografías comentadas con textos de su autoría. En esta época comenzó a aprender inglés. Mediada la década de los 50 -USA, capítulo 8º- viaja a San Francisco invitado por el fotógrafo Harry Thompson, al que conoció en Cuernavaca. En San Francisco conoce a Norma, excelente pintora, con la que más adelante se casaría. De esta unión nace una niña [Tamar]. Regresa a México D.F. Se despide de su familia. Desmantela su estudio. Regresa a San Francisco. Posteriormente Rafael y Norma se trasladan a Nueva York. Viaja, gracias a una beca Guggenheim, por México, Argentina, Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. Conoce y fotografía, en su gira, a personajes ilustres de las artes y de las letras, de la política [P. R. Picasso, L. Bueñuel, Salvador de Mardariaga, Américo Castro, Ramón J. Sender, León Felipe, Victoria Kent… Regresa a Nueva York. Prosigue sus relaciones con otros exiliados españoles. Publica su libro Faces of the Spanish Exile, en inglés, por indicación de su editora. [Capítulo 9º]. Tras esta obra, publica Onirolandia [capítulo 10º] -fotografías de Manhattan con textos del propio autor-. Libro que alcanzó un éxito sin fronteras. Contratos y más contratos para nuevas publicaciones. Logra, con la exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York -Museum of Modern Art [MOMA]-, un éxito internacional sin precedentes, excepto en la España franquista. Es contratado por la School of Visual Arts para impartir una serie de seminarios sobre fotografía. Escribir con luz [y con sombras], capítulo 11º.
Según nos narra Gerardo Piña Rosales en El retorno. ¿De qué nos valen las raíces? [capítulo 12º], Norma y Rafael compran una casa en Terrytown. Su casa. Su “Madriguera”. En 1968, a petición de la revista Life, regresa a España para llevar a cabo un fotorreportaje sobre “las corridas de toros”. Ya en Madrid, gracias a Albert Shommer, que hace que contacte con una familia gitana de Vallecas, toma notas para su trabajo sobre los gitanos españoles, al que titulará Los Zincalí. En Sevilla, asiste a un “colmao” sevillano, donde canta Bernardo el de los Lobitos [Bernardo Álvarez Pérez]. Aún recuerda la letra de la soleá que cantó el egregio cantaor de Alcalá de Guadaira [Sevilla], fallecido, en 1969, en Madrid: Yo soy como l´arbol solo / que estaba ar pie del camino / dándole sombra a los lobos. // También asiste, durante la Feria de Abril de Sevilla, al ruedo de La Maestranza. El cartel lo formaban los diestros Santiago Martín, “El Viti”, Curro Romero y Antonio Ordóñez. Sobre esta corrida de toros Rafael escribió El momento de la verdad [Moment of Truth], publicado en Life. Tuvo una gran acogida. De Sevilla marchó a Ronda. Recuerdos y más recuerdos le trajo la Ciudad del Tajo, y recordó aquellos sublimes versos de Luis Rius Azcoitia [ex niño español exiliado en México]: Hacia mí, / cada vez que me pongo / a caminar hacia mí, / pierdo el rumbo y me desvío. // También quien esto escribe y firma recuerda estos versos finales del poema Destierro. Recordando un óleo de Antonio Rodríguez Luna del poeta nacido en Tarancón [Cuenca, 1930] y fallecido, en 1984, en Ciudad de México. Versos estos que compendian líricamente la oquedad, la negrura, la mudez inmensas, absolutas, del exilio: La noche sin estrellas. / El silencio sin lágrimas. / Enorme y silenciosa, / por los parajes últimos de España, / es la oscura serpiente del destierro / que en la noche se arrastra. // Tras la dolorosa visita a Ronda, Rafael marchó a Marruecos. Corría el año 1978. Rafael recibe el premio de la American Association of Magazine Photographers y participa en la Bienal Fotográfica de Venecia. Norma es víctima de una depresión tal que hubo que ingresarla en un psiquiátrico. Como la relación de pareja, que ya vivía vidas separadas, se había enfriado bastante antes, deciden separarse Norma [capítulo 13º] y Rafael. Al salir Norma del hospital, se traslada a Santa Mónica, donde fija su residencia. La hija culpa al padre de lo sucedido a la madre. Finaliza la década de los 70 y Rafael [Los olvidados, capítulo 14º] realiza un fotorreportaje sobre la Eastern State Penintiary de Filadelfia. Mientras, escribe poemas y un “diario” sobre la vida en la penitenciaría. Publicaba cuanto escribía y fotografiaba. Después vendría otro sobre las reservas del indio americano. Por este último trabajo logró el Premio de la Academia Americana de las Artes y las Letras. Posteriormente contacta con Rasputin o Garibaldi [Mijail Takunin]. Éste llegó a los Estados Unidos tras la Gran Guerra del 14. Rafael lo llamaba mi adorado Bill [capítulo 15º], un viejo personaje, que malvivía como un vagabundo en Nueva York, lo cual no era obvio para que fuese un hombre sumamente instruido -dominaba 5 idiomas y se defendía con el hebreo y el hindi, además de ser un ávido lector de obras inmortales-. Cansado de tanto trabajo y bullicio, Rafael alquila una cabaña rústica a orilla de un lago y a 35 millas de Gloucester [Nueva Inglaterra]. Se traslada a dicho lugar. Pero en vez de descansar prosigue con su trabajo fotográfico. El Museum of Photography and Film, de Rochester, le compró este trabajo, al que tituló New England Towns. [Remanso, capítulo 16º]. En El último viaje [capítulo 17º], Rafael está y se siente solo, aquejado de determinadas patologías gástricas. En este tiempo se dedica a pintar “bodegones” atípicos, que serían expuestos, posteriormente, en la Malborough Gallery. Vive rodeado de fotografías, libros y recuerdos. La cámara oscura, es el penúltimo capítulo. Rafael quema, en su casa La Madriguera, todos los negativos que posee, y espera que le visite la muerte. El último capítulo, Los agentes de la muerte, es un poema con el mismo título, el cual comienza: Desde sus túneles y galerías, / desde sus colonias y guaridas subterráneas, extendiendo su imperio por toda la madriguera, / irrumpirán tropeles de musarañas y topos / […], y concluye con estos versos: ejércitos de gusanos y lombrices / de orugas y babosas, de musculoso tubo cutáneo; / huestes de gorgojos, de larvas y de pulgones, / acaudillados por el cárabo rojo, /necrófago, /necrófago, / necrófago… Gerardo Piña Rosales nació en la Línea de la Concepción [Cádiz], en 1948. Estudió Filosofía y Letras, y en 1973 viajó a Nueva York, donde ha desarrollado una importante labor en el estudio de nuestra lengua. Profesor, crítico y escritor, es autor de Narrativa breve de Manuel Andujar y La obra narrativa de S, Serrano Poncela. Es miembro de número de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y Correspondiente de la Real Academia Española.
Es impresionante la calidad literaria que posee Desde esta cámara oscura. Aunque es una novela, el autor hace verosímil la vida de los personajes en especial la del protagonista gracias a su prosa tan trabajada. Asimismo, su estilo narrativo consigue que este libro sea ameno y entretenido, interesante y de fácil lectura. Es, pues, recomendable e inevitable para los amantes de la narrativa más sorprendente y suculenta y atrayente.
DESDE ESTA CÁMARA OSCURA Gerardo Piña Rosales VIII Premio Internacional de Novela Corta Casino-Ayuntamiento de Lorca Editorial Nostrum. Madrid, 2006. Págs. 140
Carlos BENÍTEZ VILLODRES*, POETA del MUNDO: http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_europa.asp?ID=985
12-09-2008 |