Humberto Jaramillo Ángel, representante de la intelectualidad calarqueña. Por Ángel Castaño Guzmán*
COLOMBIA: El 29 de agosto se cumplen 100 años del natalicio de Humberto Jaramillo Ángel, representante de la intelectualidad calarqueña. Autor de Viaje a la Aldea, Regreso del Viento, Multitud y Cerca y Lejos de España, entre otros. Con una carpeta llena de papeles llegaba a la plaza de Bolívar de Calarcá. “Mire, este texto, que escribí anoche, lo hubiera escrito Vargas Vila. Es tan bueno que lo firmaría el divino Darío.”, le decía a Oscar Zapata. En una foto se le ve caminando de gancho con Baudilio Montoya. Humberto Jaramillo Ángel, cuentista calarqueño, recorría, con mirada pensativa, las calles del pueblo, hasta Skiros, su casa. Guillermo Sepúlveda cuenta que en una ocasión Baudilio le regaló a Jaramillo Ángel un poemario con afectuosa dedicatoria. A los días, cuando el poeta fue a comprar vituallas, encontró que el tendero envolvía el pedido en las hojas del libro obsequiado. La amistad no se resintió. En el libro “Letras y Letrados”, editado en la Imprenta Departamental de Caldas, el 8 de febrero de 1962, Humberto escribe hermosas páginas sobre “Cenizas”, obra de Montoya: “para hablar de la poesía de Baudilio, las mejores palabras de nuestro idioma resultarían pocas”. Cercanos en lo poético, Montoya y Jaramillo fueron temperamentos contrarios. El primero amigo de la bohemia y el alcohol. El segundo, adusto y circunspecto.
Considerado por coetáneos suyos tan ilustres como Otto Morales y Lino Gil como uno de los mejores cultores del cuento, la obra narrativa de Jaramillo Ángel comienza con la publicación de “Multitud”, compendio de relatos. Los personajes de sus ficciones, movidos por el amor y el odio, retratan la gente de su comarca. En los años de la juventud, trabajó como peón en Nabarco. Por las noches, al amparo de una vela, leía a Zola, Racine y García Lorca. Aunque poco viajero, fue amigo de fabular sobre otros rincones y latitudes lejanas. Escribió con propiedad sobre Castilla y Montparnase sin conocerlos. Adel López Gómez compara sus trasiegos literarios con los de Julio Verne. Menos prolífica, su obra poética inicia con “Boletines de Mar”, prosas líricas y culmina con “Final del Amor” libro editado en 1995 por Ediciones Kanora, revista que dirigió junto a su hijo, Umberto Senegal.
Además de escritor, se distinguió como organizador de eventos culturales de gran envergadura. En su columna “Calidoscopio”, publicada el 28 de junio de 1974 en el Espectador, Lino Gil reseña la imposición de la medalla “Jorge Zalamea” a Rafael Maya. Dicha distinción, también recibida en años anteriores por León de Greiff y Eduardo Carranza, fue instituida por Jaramillo Ángel, en ese entonces jefe de extensión cultural municipal de la villa del cacique. “Jaramillo Ángel es una abeja incansable de la cultura que aparte de propiciar actos culturales, continua elaborando en sus panales interiores la miel de la belleza”, escribe Gil.
Durante cuarenta años publicó una columna periodística en “La Patria” de Manizales, con el nombre de “Esquina del Mundo” y bajo el seudónimo de Juan Ramón Segovia. Tribuna de fervores y desdenes, Jaramillo Ángel vituperó y agasajó a diestra y siniestra en ella. Amigo de las mañanas soleadas y galantes en extremo, el cuentista superó con la vida la medida de sus ficciones. Otto Morales Benítez radiografió los afectos de Jaramillo Ángel al decir que era extraño que un ser rodeado por un escenario de tan sugerente belleza como el Quindío, estuviera atado a un funambulesco sueño, el más desasido de lo contemporáneo. Su prosa estuvo más cerca de la estética española que del costumbrismo criollo. Algunos amigos recuerdan que al enterarse que una de sus novias lo engañaba con un policía, Jaramillo Ángel la instaba con seductoras palabras: “Así como pudiste engañarme a mí, te pido que debes en cuando pases por mi casa para devolverle el favor.”
Ángel Castaño Guzmán*, POETA del MUNDO: http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=4645
FOTO: Humberto Jaramillo Ángel
07-09-2008 |