Carlos
Morales del Coso
Toma solo el labio que no abandona pronto al ladrón su vino porque el amor y la vida sólo son de quienes los combaten
JOSUÉ
De qué te sirvió la arena del desierto? De qué te sirvieron las largas noches en vela frente al fuego, contemplando las ánforas vacías de tu vida, sin agua en que limpiar las sales cenagosas de tus labios? Debiste pensarlo mejor. Recuerdo bien, Josué, el brillo de tus ojos, cuando al tercer día bajaron de los montes los jóvenes muchachos que enviaste a la ciudad, y dejaron caer sobre tu alfombra el rumor interminable de sus huertos y la rama de oloroso terebinto que traían para ti como un puñal dorado colgada en su cintura. Era tanto el ardor, Josué, tan larga fue la seca travesía? Y todo lo olvidaste. Y ya no te valieron las aguas desbordadas del Jordán que tus piernas cansadas rozaban con sus cantos: era demasiada la pasión que los vientos del este abandonaron en las cuevas donde yacen las leonas: querías entero el mar, todo el mar, el mar entero, para arrojarte a él, para flotar en él, para hundir en él tus crisantemos rojos. Y miraste a la noche, porque querías tan sólo que la noche cubriera tu estupor y te entregara el secreto de su música para encerrarla luego en las trompetas, en las cuernas de millones de carneros. Debiste pensarlo mejor: yo te recuerdo, Josué, mi pequeño amigo tonto, levantando tus brazos desnudos hacia el cielo y ordenando a los ángeles caer sobre las sólidas murallas de la ciudad que amaste. ¿Y todo para qué? Ganaste una ciudad, mas lo que viste detrás de los muros derribados no eran los fresquísimos jardines de su corazón sino un río devastado a los pies de tu corcel, una túnica en el barro, y el enorme y vacío rumor de tu silencio….
LA DANZA DEL BURKA
[Madrid, 11 de marzo]
La fosa cavad en el cielo las rosas bordad los muertos del aire clavad en los muertos las letras del cielo la mancha cortada in nómine dei la luna gamada dejad dormida su luz en los trenes y alzad los tambores las reses que yacen las palas las flautas tañed las dulces campanas las puertas cerradas las ruedas de hierro en el cielo pintad la bosta en la cama común un burka en la fosa que pájaros dancen que suene la noche del aire las arpas de rojo la luna partida colgada del aire la sharia gamada las flautas más hondo en las cruces colgad la sangre que luce Señor las flautas que soplan los muertos del alba las puertas cerradas los trenes abrid un lecho en la noche abrid una noche el cielo a canal tallad sobre el cielo las cruces los muertos del aire los cielos cavad en los ojos más hondo los muertos pintad en el aire la noche más triste las bestias cubrid las testas dormidas con velos rasgados los trenes partidos que arden clavad en la noche las lunas sajadas las rosas de marzo que cante la noche la luz del carnero que pájaros dancen que baile la pala que bala in nomine dei un burka en la fosa
biografia:
Carlos Morales [Tarancón de Cuenca, España,1959] es autor, como poeta, de Palabras de Tierra y Vino [1982], S [1984], Un rostro en el jardín [2000, Premio Luis Rius de poesía], El libro del Santo Lapicero [2000, Premio Juan Alcaide de Poesía] y, en italiano, Il tridente nel giardino [2000]. Su poesía ha sido recogida por Miguel Casado en la antología Mar interior [2002]. Colabora con algunos medios de comunicación como crítico literario. Interesado por los maestros del «postismo» y del «realismo mágico», ha estudiado y prologado la obra poética de Federico Muelas –Poesía secreta, 2000– y de Carlos de la Rica –Cántico de la creación, 2004– Ha antologado la obra de poetas árabes y hebreos que trabajan por la reconciliación –Coexistence, 2002–, con cuya causa está comprometido. Ha codirigido con el poeta Juan Ramón Mansilla el suplemento cultural «El juglar de la Frontera». Actualmente es director del proyecto editorial «El Toro de Barro», al tiempo que codirige con la poeta hebrea Margalit Matitiahu la colección «Kuadrinos sefardíes» y con el poeta austriaco Jaime Vándor la «Biblioteca Internacional del Holocausto».
edicioneseltorodebarro@gmail.com
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