Dora
Goldemberg Fux
Mi Rusia, mía.
Imagen que entra como una aguja en el género que cose y en el hilo que remonta: viajando sin tiempo, allá, donde vuelan las grullas, donde se empina el abedul: la tierra fría de mi fría Rusia, que llevo en las venas cosidas con el hilo de mi memoria. Rusia fría, Rusia blanca: te quedaste engarzada en mi voz y en mi piel que fue blanca como tus nieves, y caliente como tu samovar encendido...
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Azul tengo en mi memoria, jirones de infancia, absurda y deforme entrega de imágenes borrosas: una a una- ¡Despierta! – dice la mañana, y andando, que llenen los vacíos en tu estancia. En el bus se aprietan los que duermen: el sueño inacabado; el hambre se pega en sus tripas devorando las distancias. Hay un diario que informa: que todos los pobres, esperan- que todos los mercenarios, matan- que los de arriba y los de abajo: se bañan en charcos de sangre_ unos dejando sus blandas plumas; otros- sus mantas rotas: los miraron por las ventanas: unas, tapizadas de fieltro y rejas- otras, rotos sus vidrios- silbando vientos. Afuera: una mujer lava un pantalón, que él no usará otra vez... como lo hiciera, otra vez y otra vez...
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Obligadas Sombras por Ambar
En un mosaico de espejismos tejí una blonda de absurdos; cual diamantes en sombras-desde mi ventana amanecía en jirones de recuerdos tomando formas en horas perdidas; me recordaban que era verano verano helado. Sopor, dolor, “nublaban” mi voz y “acallaban” mis ojos- En obligadas sombras sellé mi vida a la tuya- en un jardín sin luces buscaba el trébol de cuatro hojas; en una senda perdida cruzaba tambaleante la huella que no era: vuelos y espasmos furtivos se apegaban a mi conciencia que luego despegaba como a una costra... Suenan los cristales... click clack, “ despierta!” - me dicen: y que nunca fuimos, y nunca seremos...
YERBA
yerba: síntoma inequívoco de lo eterno- tardes violetas-azules, paseos por el mar husmeando las olas, ignorante obligado de pasiones ajenas. Unas gaviotas solitarias interrogan al mar concentrando su noche en un azar cadencioso.
Confrontando su pena con ese árbol a cuyo nombre le debía un saludo- aalí donde izan los árboles hay que rezar por la noche; atormentándola a preguntas, a las que ella responde de silencio en silencio- a un corazón sedante, que ya no está intacto
Y a la luna opalina que noche a noche arruga y estira las olas, volveremos más tarde por tardías preguntas- mientras, revientan en miles de verdes los musgos: salen al paso con sus respuestas. Dejando atrás, jardines ataviados de flores: un paseo al interior de sí misma. Sin saberlo, le abría se ventana hacia esos otros obligados colores, aromas y susurros, de una infancia que calladamente seguía sus pasos de hombre; y atravesando su memoria, su memoria solapada, tornaba toda pena en una desahogada distancia, llevándose un dolor punzante, cincelado de momento en momento- para ir e morir en la tibia y murmurante arena, dejando el aire- con soplos de viento fresco, deseando, que nadie oyera, porque no decía nada... Bajo un cielo que ennegrece cuando parten las golondrinas, un murmullo amanece anidado en un enorme palpitar sangrante que es el corazón del hombre.
biografia:
Dora Goldemberg Fux: mis padres, cuyos padres fueron víctimas del Holocausto- llegan al asilo de Chile en los comienzos de la 2a Guerra- Unica hija nacida en este país--curso la secundaria y luego recibo el título de profesora de inglés en la Universidad de Chile. Asisto a talleres de escritura en Chile y en Inglaterra y publico poemas- relatos cortos y artículos varios en Chile y en el extranjero. Empuñar la pluma es lo que nos interesa a los que estamos y somos en el mundo.
doragold@yahoo.com
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