Raúl Alfonso
Allain Vega
Flotar es precipitar
Al tratar de conjeturar el amor, vi en el camino su encandilado cuerpecillo encaminar, y entre sangre y amor, hacia el poseedor de cabello cano avanzar, parecía flotar y sus movimientos sinuosos predecían su futuro engañar.
Mis ojos gélidos de conmoción vieron que sobre círculos se regocijaba entre las barbas de aquel provecto ser, y al girar descubrí, que no hay sangre ni amor porque aunque pueda flotar, su pasión nunca se acercaría a mi amor.
Esa pasión que la convirtió en animal, sediento de carne experimentada, putrefacta, también degolló y cercenó mi amor en trozos exquisitos del mal, llenos de su olor.
Mis lágrimas inundaron el ámbito fatal y la despertaron de su éxtasis, de su clímax bestial, mi sangre y su saliva crearon un elixir y contra la naturaleza la envenené, trayéndola a mi sufrir.
Reclamé del abismo del sufrimiento y al sendero de su lujuria y envolvimiento, me ahogué en mi propia sangre, sintiendo su sabor dulcemente amargo, catándome irónicamente en letargo.
Su perdón dejó de ser ironía y sus pupilas mostraban sinceridad, percibí su alma como la mía, sollozando ante un golpe brutal de traición, moribundo y mi pecho destrozado, lleno de golpes mortales, no cedió, condenándose a la tortura infinita, digna de simples obtusos mortales.
No es traición, vociferó, desgarrando las últimas cuerdas vocales que no habían sido violentadas al momento de flotar y agotada de llorar arrepentimientos, dijo con goteante sequedad, cuando tu corazón vomite su verdad sabrás porque me revuelco en el fango que forman tus lágrimas yo siendo la tierra que pisas.
Entiendo las palabras que escupes sobre mí, por eso divagaré sembrando en la orilla y al regresar mi lengua afilada sabrá podar lo falso, tu dolor falso.
Mis sentimientos se volcaron inexpugnablemente, la culpa me abarcó, siendo yo el victimado y a la faz de la traición y lo saciado desterré la sexualidad de mi edad lozana, jugando con la verdad de mi mañana.
Y juré siempre entender que, la única forma de flotar es precipitar.
Alas trozadas
Mis lágrimas se evaporan en el abrasamiento de un dolor implacable; y jugando con esferas de fuego, el suicidio muestra su lisa dorsal en todo mi cuerpo afiebrado.
Una mediana circunferencia se delinea lánguidamente en el centro de mi tórax, cada punto que la conforma es tan ardoroso que se muestran vertientes de lava emanando de los orificios de mis ojos.
Tú, amor de cálidos colores, has decidido desplegar tus alitas en frondosos horizontes que se perseguirán en cíclicos ardientes, para llegar al mismo cardinal.
Infinitos poemas fueron manchados por brea reluciente, la cual también cubre mi corazón con su terciopelo negro; palomita, aunque pasen años luz por tu vida, no pierdas lo que nunca pude poseer, esa alegría que mueve tu sentir, la ternura en sus más tenues dibujitos que serán estrellas fugaces para mi cielo malhadado.
Asimismo en mi reino celestial guardaré tus alitas disecadas que de este modo conservarán ese brío de calidez que suavemente me abrigó; y besaré esas estáticas alitas todos los días para olvidarme la imagen de tu boquita besando y tragando posible futura vida.
Y así, mi sentimiento más puro será volatilizado; el aire lo descuartizará en esporas que serán aspiradas por bocas pérfidas y putrefactas de desequilibrados, que se encontraran en la esquina de un eructo.
Sexo cerodimensional
Sólo nos masturbamos dentro de una mujer. Ascendemos por sus escalones ígneos De configuraciones flameantes Para expulsar en la cúpula Nuestros impulsos degradantes, Perennizar chillidos, Cuales ratas en los acueductos del amor.
Nos embarramos en sus mareas infectas Disfrutamos nuestra libertad Cebándonos en la mujer, la carroña Que cazamos en la no atmósfera, en la cumbre Cerca de, y a su izquierda En su tercer bastón, mandamiento Sexo, reproducción.
Cubismo de la vida, Voces magnéticas atraídas por el calcio Que se degrada con los lácteos nacionales,
encuéntrame en la calle de la locura Entiérrame en las estrellas, Rásgame el sexo, mútame con síndromes Hazme entender que sólo busco El placer pasajero, Porque quiero ser el bastión de nuevas formas Porque quiero encontrarla en representaciones diversas, Donde las figuras se mezclan para ser nada Para ser recuerdo en la constelación de puntos De carne.
Sólo así nos encontraremos Con el sexo cerodimensional, para reproducirnos Después del suicidio natural, Y nuestros cerebros ya no serán porfiados sexuales, Criminales, nuestros genitales serán uno solo, Se exterminarán los hombres y las mujeres, Existiremos como recuerdos múltiples En las oraciones de cada ser humano Que se masturbarán en nuestras tumbas Y beberán de tu clítoris, cual cáliz celestial.
biografia: Raúl Alfonso Allain Vega Raúl Allain [Lima, 1989] Estudiante de Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fundador del Grupo Suicidas y editor de la antología poética Suicidas Sub-21 [Editorial electrónica Remolinos, 2009]. Ha participado en la antología de literatura bizarra Abofeteando a un cadáver [Bizarro Ediciones - Centro Cultural de España, 2007] y en diversos medios literarios virtuales como Remolinos [Perú], Incomunidade [Portugal], Letralia [Venezuela], Crónica literaria [Argentina], Liceus [España], Amores bizarros [Perú], etcétera.
raulallave1189@hotmail.com
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