Francisco Azuela
[Embajador - Bolivia]
HABLEMOS DE TU MUERTE
A una sombra. Para ti no es importante ni el ayer, ni el mañana ni el ahora, tu muerte no es importante sí lo es el tiempo que has vivido, tus pasiones y tus noches de desvelo con tus ojos puestos en el horizonte de la maldad. No es importante tu muerte, a nadie le importa después de dejar tus restos en el fondo de un jardín o de una lápida improvisada que nunca será visitada. Hablemos de tu muerte tú quién eres?, es decir quién fuiste? Invadiste Afganistán y le sacaste el corazón a miles de hombres. Hablemos de tu muerte en un ataúd blanco del Pentágono, un ataúd de flores marchitas. Tú nunca has sido nuestro héroe fuiste condecorado con la chatarra del imperio, fuiste muerto dos veces antes de asumir el mando de los poderosos sin conciencia, fuiste ya muerto antes en la invención de tu propio carácter, asesino de hombres, falsificado como un billete de mil dólares. Pero bueno, hablemos de tu muerte, tú siempre has sido muerto saliste de tu tumba llorando tu impotencia, llorando tu desdicha, tu amargura y tu llanto, pero, acaso hubo lágrimas, no las conoces, no sabes a que saben, hipócrita. En la aurora de los tiempos hablemos de tu muerte contigo muerto desdichado gobernante de la impiedad. Estás viendo en el espejo de tu desgracia a un poeta que llora por la humanidad, un poeta que sufre tu desprecio tu crueldad. Adiós hombre sin alma, adiós ataúd. Guanajuato, 23 de febrero de 2009
GARZAS DE LUZ
Para mi amada Carola en la ausencia Francisco Azuela
Al despuntar el día sueltan sus alas al aire en la línea del horizonte, blancas y pequeñas se estampan en el cielo estrellas de la mañana. Muchas viajan en solitario mapa de puntos distantes, no son aves migratorias al atardecer caen como racimos de viento, puñados de plumas y de picos lluvia blanca frente al cerro de la Bufa en esta ciudad antigua reliquia de los tiempos donde el reloj de orfebrería marca la hora de cerámicas encendidas en cantos del pasado. Como pequeños avioncillos planean su retorno se insertan en las hojas de los árboles y se pierden en la oscuridad, Jardín de Embajadoras las campanas de la ciudad eclipsan el silencio, duermen los árboles cobijados de sueños el Paseo Madero está tranquilo y tú en la distancia de los Andes eres también mi avecilla de colores con tus ojos fijos en el Illimani.
Guanajuato, Gto., México, enero 26 de 2009
ISFAHAN
A Isfahan, Ispahán, antigua Aspadana, ciudad de grandes augurios.
Al Centro de Literatura Moderna de Irán, con afecto sin límites.
I
Mañana cuando nos vayamos en medio de los vientos que dejan hojas perdidas en el horizonte y un frío de espinas en el alba cruzando atardeceres, tú estarás allí sublime y espontánea en tus puentes del siglo diecisiete, río del norte Zaindeh Rud, puerta Alí-Kapu,
II Río y luz noche de los tiempos, si un día yo muriera en tu seno de mezquitas de oro y cementerio con mis ojos en la Masjid-i-Shah y en la Masjid-i-Shaikh-Lutfullah de azulejos y tejas persas, desearía reposar mis huellas y mi tiempo en tus orillas donde la alborada tiene un nombre verdadero, Alá y el canto de sus pájaros que no olvidan al mundo ni el sufrimiento de estas naciones sometidas al hambre, pena y lágrimas.
III Vi los ojos de Alá en el Corán su corazón en Irán, patria de amor, de esperanza y de sueños.
IV Isfahan, cubierta como un misterio en el manteau y el chador, cultivadora de algodón, seda y lana; brocados y alfombras como la de Ardabīl; tierra de
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