Enrique
Brieba
CASTIDADES
Hago de mi cuerpo un cautiverio en fardo de cultivos. De la rigidez el cuerpo encierro casto de matriz enjuto de sordera como yesca, que no escucha el crepitar entre los ecos. Ya en vaciadas resonancias abro el surco en veta que se inmigra donde acuesta por mis huesos en la sórdida intemperie. De mi encierro, absorto no me evoluciono en plena vid por espirales embriagadas de sus ondas. Por los paramos yo surco entre los cardos encerrando los silencios, sin los brotes de pasión en la ternura y la fragancia. Por ventanas cierro vientos y de aspereza hago vecindad con las cenizas a la espera en fuego y ansia de encendidos ecos a otros ecos. No levanto las palabras, que se alejen los reflejos convocados, por la asepsia desolada de un espejo. Sin las vibras no me visto de algún mar y en mil pedazos hago estruendos con la sed de las arenas que anticipan a las ansias de una copula, que triza húmeda de roca. No abro al sol, ni a un puerto entre mis manos ni a los aires de los ojos. Casto con decreto permanente de las sales desvaídas sin movidas, permanezco, siempre quieto. ¡Cuando Dios nos quiere juntos a los ecos, desde soplos con los vientos entre el cuerpo!
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MEMORIAL DE ROMERIAS
De inquietud navega Tu silencio en romería con los hábitos del ruido. Desprendidos con hilvanes surcan tus silencios desvaídos con intentos al encuentro de siluetas que se agrandan por sus ecos. Por las tramas esparcidas tu memoria del pasado de inquietud inquieta el ancla de tu tiempo en los arraigos a su cuerpo, NN como humo, sin movida ya encallado en algún puerto.
Es el polvo hondo de memorias y cenizas, por mareas de caminos en miradas y recuerdos.
Tus insomnios levantaron esas velas que trizaron, encerradas, entre entierros anunciados. Hay testigos del silencio, sin los roces del rocío en las palabras donde el polvo entre sus vientos no levanta , y la humedad en queda hace huellas entre los huecos, y se alejan, olvidadas.
Tu inquietud a impulso de las hojas arrastra el viento del silencio y quiebra en los vacíos de los ecos. Tus memorias con las velas alargadas no hacen surcos, no se alejan. Por el este de mañana en sol vestida tu inquietud se encoge con las piedras traspasadas junto al frío , y las canteras de humedad alojan valles persistentes. Tus encierros inundan al silencio y al adiós por la pared de un claustro territorio de montaña con la muda lejanía. Es tu espacio torturado, Un ventisquero que no juega de los vientos, ni se acoge entre los ruidos de los aires juntos que levantan con las golondrinas. Tu aposento es roca fija de tu mástil hacia el tiempo inquieto de vigilias en los ojos de espirales esculpidos, y en alertas de un vigía. No te avistas hacia el fin, que enmudezca tus silencios y el abismo impostergable alce entre tus nidos, con obsequios. .
BUSQUEDAS
Búscame tras la implosión entre la veta de tu arado. En la búsqueda haz mi cuerpo el surco por profundos territorios que se hacen nido de las sombras con calor. De mi rostro envuelve tus miradas y despierta esos ojos entramados a los parpados abiertos. Muestra tus moradas para anuncios extendidas, cuidadosas, del tejido a todo el tiempo del momento en parto que se labra sin asedio. Haz de tus riveras aposentos anegados encontrados en crecidas de las búsquedas por campos en rocíos desde adentro la humedad de rocas y en la orilla. Toca de tu mano todo de mi piel que encienda los rincones en encuentros de espirales, tuyas, mías.
ebrieba@gmail.com
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