Alicia Susana
Gómez
UTOPÍA.
Volverás, Utopía. Vendrás en alto vuelo y seremos tu nido.
CHOCOLATE.
Chocolate, pensó. Un chocolate me quitará esta abulia. Entonces, fue cuando vio pasar ese hombre tan moreno. Se fue tras él.
'MI VIDA POR UN DÍA'.
Para que brote en letras tu primer balbuceo: Yo te ofrezco mi vida por un día. Si en los libros encuentras las verdades que marcaron tu historia, y quedaron pendientes o son las que deseaste plasmar, con tu palabra: Yo te ofrezco mi vida por un día. Cuando tus letras digan lo oculto, que molesta y emerja de la tierra de tu conciencia lo que nunca pudiste descifrar de tus sueños: Yo te ofrezco mi vida por un día. Si logras descubrir que no hay papel que alcanza y las horas que escribes ya no tienen relojes. Que un viaje en colectivo es un periplo a un texto y en el banco de al lado está aquel personaje del próximo capítulo de tu esbozo primero: Yo te ofrezco mi vida por un día. Si encuentras en 'el otro' lo eternamente nuestro: ¡Te ofrezco todo el tiempo que me queda de vida!
'EL CAPO'.
Con el Tano las cosas habían sido distintas. Se había matado en un accidente con una moto prestada, corriendo carreras. En cambio, cuando me junté con el Tito, me parecía que la muerte no nos iba a tocar. Sí, el Tito era el capo de banda de chorros, pero yo me sentía segura con él. Hasta se me pegó su forma de hablar. Un día lo pesqué, con los cuatro que lo seguían, planeando asaltar a Doña Etelvina, la vecina de la vuelta. A mí me dio cosa, pero yo no tenía voz ni voto. Uno de los secuaces del Tito, el Tuerto, entró al edificio donde ella vivía. No necesitó llave de la puerta de calle, se metió con ella cuando volvía del mercado, con el monedero y la bolsita colgándole del brazo que le reventaba las venas. El Tuerto entró al departamento y, de un empujón nomás, la dejó en el piso y se llevó hasta los calzones que tenía en el ropero. Justo había cobrado la pensión y la tenía escondida debajo de un cajón. Tito, esa misma noche, me dijo que teníamos que teníamos que salir rajando a lo de Rodríguez, en la casita de San Clemente del Tuyú, donde vivía con la Nancy. Allí nos esperaban con cervezas frías y sanguchitos. Ya nos habíamos acomodado en un catre en la cocina cuando, a la noche, la luz se cortó. Había empezado a lloviznar. Rodríguez se había ido al barcito a jugar al truco. Tito, pensando que yo estaba dormida, se metió en la Nancy y los vi cómo se iban, en puntas de pié para no despertar a los pibes. También escuché como, el muy turro le decía que siempre le había gustado. ¡La minita era de calladita! Rodríguez la tenía a los cintazos. Pero le tenía ganas al Tito. Se fueron hasta la playa, que quedaba cerca, con la excusa de juntar cangrejos para el almuerzo. Bah, eso dijeron cuando volvieron cerca del mediodía. Después, llovió todas las noches... Al cuarto día, había tantos cangrejos dentro de la casa, que Rodríguez tuvo que empezar a juntarlos para tirarlos de nuevo al mar. Yo, medio lo avivé, cagando miedo, así que Rodríguez, sin encararla a la Nancy, vino una tarde y nos dijo que el Tito se las había tomado. Nancy y yo, nos imaginamos todo. Pero sólo le preguntamos si se había cansado de comer tanatos cangrejos. A lo que él contestó, mientras se sacaba el cinto y la miraba fijo: - Este animal abunda en las playas de la zona. Se puede encontrar muchos bichos de su especie. ¡Mierda! - pensé. Éste se lo aprendió de memoria. ¿De dónde habrá sacado el diccionario? Al Tito no lo vi nunca más...
'TEDIO'. Caminarás diez cuadras de madrugada. Treparás colectivos. Bajarás, en andas, la escalera del subte. El molinete será una espiral sin límite. Luego, un tifón mitad ahogado, mitad, desnudo te dejará a cien pasos de la oficina. Alzarás la mirada verás el rostro de un compañero entornados los ojos. Copiarás la pila de borradores en hojas con el nombre de su firma al pié. Imprimirás la tanda. La llevarás al jefe. Aguardarás que corrija lo que no corrigió. Volverás al escribir lo mismo que escribiste cambiado el párrafo uno por el párrafo tres. Sentirás el deseo de componer poemas, y arrojarlos por la ventana de vidrios sellados para que los recoja un transeúnte. Almorzarás la vianda que llevaste en un bolso. Volverás al despacho las hojas corregidas que cambiará el tres por el párrafo uno y teclearás de nuevo porque borraste el viejo. Ya en el atardecer percibido en neón recordará que falta aquel trabajo urgente. Te tomará rehacerlo quince minutos. Saldrás del edificio prendido el cigarrillo que deseaste durante nueve horas. Antes de terminarlo te atrapará el gentío hacia el infierno y luego, un huracán, al frío de la esquina donde para tu línea. Bajarás a diez cuadras de la puerta de casa.
biografia: Alicia Susana Gómez Escribo desde los cuatro años. Soy maestra de escuela primaria y conservo en el alma la niña curiosa e intuitiva que supo aprender de la gente humilde su sabiduría de la experiencia. Pertenezco a una familia que hizo de su historia una artesanía. Evado el circuito comercial del arte y su historia oficial. Considero que el artista debe testimoniar 'lo que no se habla ni dicen los medios'. Me empeño en ser coherente con mi sentir, pensar, decir y hacer...
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