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    Claudio Edgar 
    Anaya L. Cónsul Bucaramanga


    Arte poética

    Me han convertido en herramienta
    e instrumento de sus fantasías
    exigiéndome casi lo imposible;
    la belleza sublime, florece alguna vez.
    Pero cierto es
    que entretengo los siglos
    apacentando sus palabras
    desvirtuando sus imágenes
    desfigurando sus recuerdos.

    Confesión

    Hijo de la adversidad;
    la temprana muerte
    visitó mis ilusiones
    después mi cuerpo
    por último la memoria.
    Bajo el tráfago de la ciudad
    oigo caer la arena piedra a piedra
    buscando un lecho
    su tectónico reposo.
    Celebro la eternidad porque pervivo
    este polvo, esta ceniza
    conserva aún en germen, querida
    la mano que te acarició.

    Monólogo del coleccionista

    …ansiedad que me condena a ser testigo
    hurtado al río de savia disfrutado por ellos
    rabiosamente en su momento.
    …decrépita vocación de embalsamador
    coleccionista de bellas y queridas imágenes
    a diario pulidas
    con el ajado lienzo de la angustia.
    …ansiedad que rompe la cadencia de la tribu
    y sueña en su fantasía posesionándose en mí,
    en estos espacios y estos objetos
    en su paciente y terca persistencia…
    que sobrevivirá a estas manos.

    Doctrina para iniciados

    Has atravesado ya el océano del tiempo
    y de las pasiones humanas.
    Hoy saboreas los cálidos alcoholes de la nostalgia
    esa cansada manera de nacer en los ocasos
    cuando las historias flotan insepultas
    como ondas en el estanque de tu rostro.
    ¿Qué más te queda tan misteriosamente
    idéntico a la vida?

    Poema gratuito
    Hoy, ocho de marzo, en la noche
    amo la tranquilidad de esta sala semivacía
    amo la sensualidad de la mujer que come en la otra mesa
    amo a tantas cosas, el color de mi cerveza en el vaso
    el periódico que acaricio sin leer
    el lejano recuerdo de mi adolescencia
    pletórica de amistades
    amo hasta el tiempo transcurrido sin escribir un poema
    y observo a la mujer sonrosada
    algo en ella me recuerda
    esta realidad que se deshace:
    un animal grande y hermoso
    comiendo los despojos de un ave.


    Erótica

    Con tu voz, parecida al lejano sonido de las caracolas
    al subterráneo respirar de las fieras cuando duermen
    y esa actitud de fundirse en el universo
    o devorarlo
    para que todos vivan en ti
    o para estar diseminada en todas las conciencias
    lamiéndolas con tu lengua apresurada y acariciante
    noche, a costa de todas tus vergüenzas
    amante despiadada
    me sumerges en tu pubis de tinieblas.

    Enero

    Recuerdo de ese enero la calle
    y los campos como un estallido de luz
    el descubrimiento de mi mano afortunada
    entre el verdor y los espinos
    en mitad de la tarde solitaria
    haciendo girar la dorada plenitud de un fruto.
    Recuerdo la fugaz visita del hermano
    y ese diálogo inconcluso en mitad de la noche
    lo inevitable... lo remoto...
    Los días, el Sol, el ocio
    eran de una misma sustancia deleitosa
    las ventanas y las puertas eran vivos cuadros
    y adentro la casa semivacía
    vivía en penumbras
    se colaba la algarabía de los niños
    a su seno terroso y primigenio
    a veces el aleteo de las palomas en el techo
    el sonido de un cántaro de cobre
    su metálica alegría en ese enero
    al recibir una moneda... o una gota de agua.

    La casa y la llanura interior

    Calmos y plateados rayos caen
    sobre el bosque y la ciudad, indiferentes
    sobre el aliento de la noche
    cubren el muro de piedra, el jardín, la casa
    de ese vacío escapa un olor, sutil por la distancia
    ¡despierta olfato!
    traes excitantes sensaciones e imágenes
    la más pura y perenne
    alocada carrera en la estepa infinita
    bajo una luna llena
    y esa brisa y ese disco de plata, que hipnotizan
    olor a ritual, sonido de cascabel
    impúdica risa
    el espíritu de la estepa sobreviviente en la sangre
    serías sabio si supieras oler.

    Insomne

    Pequeño círculo iluminado
    en la rugosa piel de la Tierra,
    recogimiento en sí mismo
    herida invisible y palpitante,
    sobre ella la suavidad, la untura, la virtud
    de las hierbas recogidas en silencio
    echa al cielo oscuro los anzuelos de sus ojos
    ¿qué historia inconfesable no le pregunto?
    ¿de su vacío, de su desierto, de su vergüenza?
    ¿de sus manos en el pubis?
    ¿de sus manos en el corazón?

    Letra para un blues

    Lo que vi, no es el impulso de mi escritura
    no, la fachada de ladrillo sin cubrir
    no, el inválido cuerpo soportado en los brazos
    y que deposité en la sábana dudosa
    no la ansiedad al transponer la puerta
    y pisar ese haz de luz
    sobre el baldosín humedecido
    inevitable sentimiento del intruso
    la culpa y un deseo de huir a tiempo
    hacía pensar en saltos de venados y gamos
    la presencia tardía y temida
    indeleble pesadilla
    ¡cómo cargaba ese cuerpo inválido!
    un vientecillo helado recorría la calle
    cuando salimos a esa fecha.

    Lectura de Edward Hopper
    [Poema para leer tras la ventana]

    Estación que deseca las palabras, tal vez los sueños
    polvo que se abate incesante sobre el mundo y el alma
    tristes animales olisqueando lo invisible
    las esquivas respuestas, el mudo hastío
    el sabio y narcotizante veneno de lo cotidiano
    en sus rostros, en su actitud
    un juego patético de luces y sombras
    clara y cincelada caligrafía de mudos gritos
    de anodinas y trágicas biografías.

    Lectura de Andrew Wyeth
    [Oda a la soledad]

    Un sueño profundo la alejaba del mundo
    la promesa de la tarde apacible y olvidada
    el paraje donde en pleno día
    sólo se oía el rozar del viento
    y en las súbitas calmas
    la marcha de los insectos, algunas aves
    quizá la muda y empolvada vista
    de una lejanísima carretera de vereda.
    Cuando inició su sueño entre la sombra de los pinos
    todavía su conciencia daba vueltas
    en torno a la gran casa de madera
    y la paja seca y vencida sobre el piso
    pocos objetos la conectaban al mundo
    la caja de golosinas, el pocillo de latón, los binoculares...
    su perro aguardaba cabeceando
    la luz del día ocultaba sigilosas marchas
    obscuros y vacuos océanos, inexistentes estrellas
    el ignoto mecanismo del azar oculto bajo la luz.

    Mal de oficio

    Hablaron de un sitio peligroso de ubicación indefinida
    voces sin rostro, viajando a intervalos sobre el viento
    tal vez un valle gris y violeta o una ciudad sin luz
    en la carretera, una curva sin tráfico
    llena de presentimientos
    para ellos hablar era el oficio
    de levantar gasas, pausadamente
    destejiendo la memoria o como quien
    sobre la tierra esponjada por el arado
    riega semillas aquí o allá
    había un río subterráneo cual terma oculta
    donde acudíamos todos
    había un arte para vivir a segmentos
    apareciendo y desapareciendo a conveniencia
    había el don de la ubicuidad, el rayo adánico
    el sueño que regresaba cada noche con su boca roja
    el estruendo de la locomotora
    cruzando a mediodía por la habitación
    y ese coro femenino que reunía
    el suave ronquido de la ola y la dulzura de la flauta
    el deseo proscrito de volver a ese valle
    poblado con vestigios de obeliscos humeantes.

    Músicos

    Son cuatro figuras en la noche
    latentes bajo el alumbrado público
    emergen de la oscuridad, es decir
    del lado de la tragedia, de ese inmenso océano oscuro que envuelve al cosmos y la llanura
    donde ahora acampan y se asoman
    a este mundo de postes de hierro
    y mallas protectoras, de reflectores, cámaras y cuerdas con voltaje,
    son músicos y piden permiso
    para tocar, su aspecto
    refleja las distancias recorridas
    su impenitente embriaguez, un fatal escepticismo y su música es
    como sus vestidos, de prendas
    vaporosas y sueltas que se lleva
    el viento y sólo una mano pudorosa
    puede detener,
    sus rostros expresan cierto brillo triste que hace pensar con sorpresa:
    ¡Hay belleza en las tinieblas!
    y oyendo los instrumentos y las voces
    las melodías y las noticias de tanta muerte diseminada como una
    milenaria semilla
    al mirar a contraluz la mutante
    y contrahecha silueta de los músicos piensa uno
    ¿cómo pudo haber sobrevivido
    ese rescoldo de alegría?

    Ficha biográfica:

    Claudio Edgar Anaya L.

    Bucaramanga, octubre de 1958

    Figura en: Libro de Ganadores y Finalistas del Primer Concurso Metropolitano de Poesía “Gustavo Cote Uribe”, publicado por la Alcaldía de Bucaramanga y [Sic] Editorial, en enero de 2000; Bitácora de los Talleres Literarios en Colombia [ensayos] publicado por el Ministerio de Cultura en diciembre de 2000; Antología del Cuento en Santander Siglo XX de Alirio González Castillo, [Sic] Editorial, noviembre de 2005.
    En el año 1999 su libro de poesía Evocación del Espacio, fue finalista en el Primer Concurso Metropolitano de Poesía “Gustavo Cote Uribe”. En el año 2003 su libro de relatos, Bumangueses, fue una de las cinco obras ganadoras en la Primera Convocatoria para el Fondo Bibliográfico Regional, obra publicada por el Instituto Municipal de Cultura de Bucaramanga y [Sic] Editorial en abril de 2005.
    Tallerista en lectura y creación literaria. En la actualidad columnista en algunos periódicos de Colombia.

    lakartilla@hotmail.com

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