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    Fadir 
    Delgado Acosta 


    Ciudad de Arrugas

    Hemos comprado la muerte y la estamos pagando a plazos
    Qué se puede decir si la mentira sólo nos funciona cuando somos niños y la risa es una mascara que se alquila a bajo precio.
    El cine abandonado en la esquina como ropa vieja
    Las calles llenas de graffitis de gente que hasta el silencio se lo han tenido que guardar en los bolsillos.
    Dioses guerreros
    Rezos antiguos
    Tristes iglesias
    Y este desarraigo absurdo de la palabra
    Aunque necesitemos de un rincón
    se debe entender que hay demasiados mares entre la mentira y el secreto.
    Todo recuerdo trae su dolor bajo el brazo, como las noches que arrastran soles para semifelices de los sábados o escalofríos repartidos como gatos alegres.
    Alguien habla de disfraces del teatro callejero y la burla. Aun así no se puede evitar la verdad inconclusa
    Los cementerios del amor
    El aliento seco de las piedras.
    Esta ciudad de arrugas, de mármoles carnales no habla. Sólo entrega el aullido del ultimo abrazo, el peligro del cuerpo. Me entrega la angustia del perro callejero.
    Tambores en las esquinas llamando tradiciones
    La actitud aburrida del teléfono.

    -Relojes mentirosos- la piel no resistirá el sudor de los asfaltos
    La guerra también pedirá auxilio y entonces no se podrán hacer juguetes de tierra. Hasta las ruinas de la ciudad nos abandonarán
    Tristes iglesias
    Dioses guerreros
    Rezos antiguos
    Seremos relámpago de los soles. Seremos celdas del asombro.
    Tal vez llegaran los días donde las mascaras no tendrán un bajo precio
    y entonces deberemos pintarnos la risa con retazos de miseria.

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    Cenicero

    Aquí los árboles no entienden el silencio.

    Abundan voces de colores y una palabra verde.

    Hacen falta los escalofríos del abrazo
    Hace falta el miedo y la cicatriz de un grito.

    Tantas veces hemos humillado a la luna
    No es caer
    Es casi igual que un juramento a espaldas, es como mirarnos en el abrigo del ojo y hacer inevitable la ventana gris de los espejos o la distancia de estar juntos.

    Hay cosas tan inexplicables como un milagro trágico.
    Cosas tan simples como el pánico en la cabellera de la boca.

    Espantarnos de asombro
    No se puede negar que los fantasmas tienen sombra.
    Deshabitarnos los labios y la luna se accidenta entre calles de sol.

    Podemos ser ceniceros y repartir el miedo hasta las rodillas.

    Alguien duele como el final de un buen libro.
    Y los ojos tampoco entienden el silencio.

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    Las colonias del Cielo

    Expongo el rostro a la noche.
    Le dejo los ojos al viento

    El árbol de ramas inestables observa de lejos y le hablo de las colonias del cielo.

    Luminiscencias de las calles
    confiesen este agudo espacio.

    No se marchitaran los espinos levantados como muros.

    Las luciérnagas recibirán los crepúsculos extraviados y el corazón blanco.

    Ratas callejeras háblenme de sus amores en los asfaltos
    Ya no se escriben poemas en el aire.
    Tengo que inventar los versos sobra estas calles

    Mármoles arrastrados por los pies, le he mentido aquel árbol de ramas inestables.
    No he conocido aún las colonias del cielo.
    Sólo le he arrancado versos a la luna.
    Y la luna. La luna en esta noche es simplemente un agujero semioscuro
    La observo desde esta ventana hecha de madera y hierro.
    Y la luna muere como cualquier moribundo.


    biografia:

    Nació en Barranquilla, Colombia. Autora del poemario 'La casa de hierro y otros poemas'
    Comunicadora Social

    Joven sobresaliente en el campo de las artes de Barranquilla [2.004], mención entregada por la Cámara Junior de Barranquilla. Primer lugar en poesía en la 6 Bienal de Noveles Escritores Costeños, que organiza la Universidad Metropolitana [Año 2.003]. Representante por Colombia a las 'Jornadas sobre La Joven Poesía Latinoamericana [Barquisimeto, Venezuela, 2.002]. Invitada como poeta al espacio artístico Cafélibro en Quito, Ecuador y a las Jornadas Internacionales de Arte realizadas en este país por el Teatro La Guaba [año 2.004]. Ha orientado Talleres literarios dirigidos a jóvenes y niños en diversos espacios culturales y educativos. Socia Fundadora y gestora de la Fundación Artística Casa de Hierro.

    Violeta Boncheva
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