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    Bella Clara 
    Ventura 


    ARBOL Y TIERRA

    Es mi padre
    el árbol que me habita,
    mi madre, la tierra.
    Desde la cuna los mimos del padre
    enramaron mi espíritu.
    La tierra me cobijó los sueños.
    Ambos plantaron en mí
    ilusiones de niña grande,
    flor de todos los rocíos
    bebiendo sus aguas.
    Me hicieron fuerte como las raíces.
    Al árbol pertenecen.
    Y a la tierra mis anhelos
    de paz certera entre mis semejantes.
    Eché el tronco a la vista,
    situada en las alturas
    hacia cielos más azules
    con soles de mi propiedad.
    En la base secreta me dejó.
    Florecí.
    Me dieron la madurez,
    huésped de la savia.
    Recuerdo de la hija iluminada
    del árbol y de la tierra.
    Ambos elementos me siguen,
    como se persigue la vida
    hasta la lápida.
    Sobre la cual brotará una piedra.
    Dirá que fui judía
    con hojas y frutos
    de la Tierra prometida,
    que no es otra sino el Planeta,
    anfitrión de mis pisadas,
    similares a las de mis hermanos de habla diferente
    y mirada de abierta redondez
    a mis abrazos,
    despojados de sangre ajena
    bajo el canto de otros gallos.

    RENE VILLAR

    Alto y espigado,
    niño jamás dejaste de ser.
    Soñabas con un mundo de versos,
    lejano de guerras y violencias.
    Ibas de encuentro a encuentro
    bajo el deber del hallazgo
    de otras voces
    parejas a las tuyas
    en su afán de quebrantar
    la metáfora del odio.
    Sensible como hombre de palabra
    reñías
    con los seres de poca monta,
    de miseria humana
    porque tu condición de poeta
    te sitúa entre los grandes.
    Con tu partida
    dejas el vacío de quien
    supo alargar el verbo hasta la tumba
    donde depositaré una piedra
    a mi manera,
    judía en esencia,
    portadora de las mismas enseñanzas
    de Job
    huésped de las escaleras
    con sueños de altura.
    Hoy, en la luz logras sitio de honor.
    Mora en tu sepulcro.
    Brillos emanan de tu memoria,
    Inmortal en el recuerdo de aquellos
    que estrechamos tu mano.
    Tu alma gigante vuela.
    La atisbo posada en una nube
    largando gotas de alegría por una labor cumplida.
    La tuya en la huella de la ausencia
    vencida jamás será.

    BELLA CLARA VENTURA desde COLOMBIA



    ALMA EN ROCAS

    Quiero ser reconocida
    En mis rutas
    De clavelina esencia.
    De la música sacar mis geografías
    De agua y sol
    Cuando el fuego medular
    Que contienen mis venas
    Estalle en el aire.
    Fluido artístico,
    Celestino de mis pasiones
    Donde creo la marcha de las piedras
    Para ofrendarle al cielo
    Mi presencia.
    Tan humana como la del vecino,
    Aquel que me rinde el homenaje
    Al sentir mi imagen y mis sombras
    Ubicadas en las nubes.
    Desgajo palabras en las lluvias,
    Forman el rocío de la tierra.
    Renace la flor de todos los tiempos
    Hecha pétalo de sabiduría
    En el casco de mi corazón.
    Sangrante cuando escucho las noticias
    De otros fuegos,
    Los tiros que desangran la Tierra,
    Mi planeta favorito,
    herido de muerte por mis hermanos
    con el alma en rocas
    y el cuerpo en desamparo
    cuando el disparo es su propio boomerang.

    TRAVIESAS GEOGRAFIAS

    Como nunca
    anoche le hice el amor
    en estallidos de luces y estampidas.
    Brindé el orgasmo a todos los hombres
    que le hacen daño a las mujeres.
    En son de perdón
    para empezar el año con
    borrón y cuenta nueva.
    Lo sutil dibujé en
    el cruce de manos apretadas,
    en el beso encendido de una pasión
    de colores en fuego,
    en caricias de traviesas geografías,
    y en abrazos de universo
    en la piel erizada
    que nos convidó en rojo vivo
    al festín de la carne.
    Reviví su aliento sin distancia.
    Lo sabía sin ojos
    pero con mirada.
    Sin cuerpo
    y sin embargo con presencia.
    Eras tú, Dios mío,
    a mi alcance
    fundiéndome en ignotos propósitos
    para un nuevo año
    que avecina su nariz
    con las aromas,
    divinas esencias
    que todavía se riegan en mis paraísos interiores
    mientras tu Voz
    delinea mis méritos,
    de ser mujer para olvidar desengaños
    y propuestas no cumplidas.
    Soy mujer en el huracán de tus gemidos.
    Dama de coronas me hago
    en tus brazos.
    Viento cálido en el eco de la entrega.
    Camino hacia al altar.

    EL HOGAR

    Me propongo ordenar la casa.
    Meter en la terraza la Tour Eiffel
    para ver desde arriba la ciudad.
    Colocar el Chimborazo en la alcoba,
    que derrame su lava sobre mi cuerpo
    bajo el silencio de los pájaros.
    Introducir las Cataratas de Iguazú
    en el baño,
    limpieza de mi mundo interior
    mientras las aguas purifican mis vuelos.
    Al lado de la sala, situar los jardines japoneses,
    recibiendo de su arte
    el mensaje de la naturaleza.
    Cobijar las habitaciones con cuadros famosos,
    y recordar que cada pincelada
    me acerca a su autor
    desde Rubens hasta Picasso,
    con la Gioconda de espejo frente a los ojos.
    Llevar a la cocina la reconstrucción del Templo,
    que los alimentos sepan a la sazón de Dios.
    En el sanalejo dejaré el Muro de los Lamentos,
    pared de llantos y gemidos,
    recuerdo de los días que se forjan con el esfuerzo.
    Al corredor le cae bien el Triangulo de las Bermudas.
    Al pasar dejaré en su centrífuga fuerza
    los dolores de la vida.
    En el cuarto de los niños,
    el mundo de Hanzel y Gretel
    vestirán la alcoba de sueños.
    En el altillo El Big Ben marcará las buenas horas.
    Dejaré para el zaguán el Arco del Triunfo.
    Las sombras de la Historia habitarán el sótano.
    Uno que otro fantasma barrerá su mirada
    sobre muebles y objetos de todas las épocas.
    El Taj Majal
    en la habitación de huéspedes
    a fin que recree sus afanes en tapetes volantes.
    En el salón habrá la visita de las ruinas de Grecia,
    donde sentaré los bienes de una civilización
    que aún reina.
    Platón y Sócrates alumbrarán la tertulia.
    Y en la entrada habrá un puente,
    el Golden Gate que une dos lugares
    como tú y yo en el Universo.
    Será hogar de encuentro y de hallazgos
    mientras ordeno esta bendita casa.

    DESTINO

    Dicen que un viejo amor
    ni se olvida ni se entrega...
    Un viejo amor
    renace como capullo
    a la distancia.
    A medida que se acerca
    florece
    con novedades.
    En las ramas,
    prendido a un árbol
    de viejas sintonías
    con raíces tan profundas
    como el recuerdo.
    Dadivas del destino.
    Ponen nuevamente en contacto
    a dos seres
    que por alguna circunstancia
    aún no estaban
    listos para armar su historia.
    Dos almas navegan el inconsciente,
    en busca de un faro,
    brillo de otras experiencias
    bajo las corrientes
    de un océano de luz.
    Cuando la mañana sabia
    hace su arribo,
    un viejo amor
    se estrena cada día
    como milagro del Cielo
    en la Tierra.

    EL LLAMADO DE LA ENTREGA

    A riesgo de parecer
    atrevida,
    quiero hacerle el amor a Dios.
    Anhelo acariciar sus infinitos,
    palpar sus humedades,
    penetrar los océanos
    al secar sus sudores.
    Estar presente en su lecho de sueños.
    Y albergar su corazón en el mío.
    Ser luz de sus ojos,
    cuando al oído me murmure
    que me ama.
    Deseo reconocer en su voz
    el llamado de la entrega.
    Aplaudir con ambas manos
    en alto
    la belleza de su geografía,
    amplia como el Universo
    que me regala cuando suspiro.
    Me unjo de sol con
    el beso ardiente
    de la mejor pasión.
    Me deja seca,
    desierta
    como las arenas mansas
    que callan la agonía.
    Quiero hacerle el amor a Dios
    a riesgo
    de ser atrevida.
    Mis toques serán de sabios murmullos
    y de dulce proximidad
    sobre la Energía,
    Huésped de un nuevo estado de conciencia
    donde Dios me hace suya.



    NAUFRAGIOS

    Desde una mirada traidora,
    me rebusco el equilibrio
    de mis ojos,
    balanza de sueños y olvidos.
    La vista se escapa del afuera.
    Regresa con la calma,
    vestida de ignotos sabores,
    mandarinas dulces y limones de primavera.
    Recorre el mapa interior
    con pupilas de aventura,
    versos de cabo roto
    a la deriva.
    Forman vanguardia de miradas.
    Reclama el clima del yo,
    Aniversario de toda una vida.
    Se atiene a los fantoches,
    fantasmas
    Cuando la imagen se despoja
    De San Benitos
    Y el cuerpo de la vista
    Se hace instrumento de
    Naufragios interiores.


    AYACUCHO

    Te haces tierno,
    Niño de ojos negros,
    grandes como el alma,
    tez de indio de los ancestros.
    Sombrero de pariguana
    abre alas,
    alaza amistades.
    Palabras de adobe curten
    la batalla.
    Bolívar regresa,
    lluvia de honores,
    jinete de sueños.
    Yo, desde mi colombianidad,
    hija de Simón,
    de sol me unjo,
    anfitrión de mañanas sonrientes.
    Hoy entre ustedes,
    huamanginos de estirpe y fuerza,
    me bebo vuestra tierra.
    Una comida con las manos,
    manjar de costumbres del lugar
    entrelaza puentes,
    ayeres de amor,
    de patria fértil,
    unificada.
    Plumas de luna bajo la mirada
    del Inca dibujan
    el quechua de mis infinitos,
    donde se posan nuevas querencias.
    Ayacucho de huella hidalga
    en el corazón ajeno,
    susurro de historia
    en mi canto hermano.


    PERFIL DE UNA SONRISA


    La lluvia resbala sobre
    los problemas,
    moja la letra de los gemidos
    mientras cruza el agua
    de los llantos.
    Barre la lágrima impresa,
    esa que nos deja a sol abierto
    cuando sacudimos los trapitos
    que despojan las ataduras
    de las vestimentas.
    Se deja el pasado
    en la caneca,
    como se abandona
    la mortaja en la tierra.
    Y un clamor de viento
    regresa con gotas de sangre.
    Inmortalizan el nombre
    de un héroe.
    Supo vivir sin pasado ni futuro,
    sólo con ese presente
    que lo hace del aquí
    de nuevos rumbos
    con el perfil de una sonrisa.
    Se estrena en cada paso.



    LLANTO

    Me desenfreno en mi llanto.
    Gotas de sal salpican
    la mañana,
    aturden la luz con sus
    manos enguantadas.
    Buscan el perfil
    de la noche para sofocar
    en un silbido
    la miseria del mundo.
    Ahogo por un instante
    la mención del paraíso.
    Naufraga en un arcoiris
    sin colores,
    fantasma del abuso
    de los gemidos
    de la jauría humana.
    Me visto de loca.
    Grito a los vientos,
    a los tsunamis mi dolor de ausencia,
    diluvio de emociones.
    En un tobogán de luz,
    regresa la voz del niño.
    Augura un nuevo amanecer
    sin lluvia,
    donde el clamor
    del hombre corre el telón
    del escenario para ubicar
    la viva caricia
    de las aguas en calma.


    TRIBUTO A LA VIDA

    Tributo a la vida
    se empeña
    en la divina gracia.
    Recorre mares indómitos,
    al alcance
    de lobos hambrientos
    de fauces de amor.
    Pasión sin frenos
    se monta en la cresta de ola
    donde el grito del mal
    canta su victoria.
    Crepusculea la oscuridad.
    Estalla la cólera
    de un invierno
    en los brazos desnudos
    de los árboles.
    Manotean al vacío su desespero.
    Un viento de muerte
    consigna en su boca
    la hiel.
    Desierto el aire,
    se respira pesado.
    Atraganta cruces,
    martillan el ayer
    mientras ondea la bandera
    de los mil colores
    en un firmamento vestido
    de nuevas hojas.
    Florece el canto
    de la rama
    en el mar de las flores.

    MASCOTA

    Desde mis entonces
    se fraguan anturios en el alma,
    crecen bajo la bebida sagrada,
    agua que se despeña cada tarde
    en la cresta del sol.
    Hoy despiertan ignotas ansias
    de tambores de luz.
    Se enmudecen con el canto del gallo,
    pronto a dejar al perro
    en libertad.
    Menea su cola
    bajo la dicha de ser mascota.
    Un amo le tiende la mano
    y los sacrificios de la humildad
    se tornan caricias.
    El asno ya no rebuzna,
    aprendió la lección
    bajo el látigo del amor.
    El camello se traga el desierto
    y el león cambia de rumbo,
    permite a la cachorra
    buscar en sus sienes
    el esplendor de la selva humana.
    Desperté con un zoológico a mi manera,
    tal como la canción de Sinatra...
    A mi manera,
    esa que se antoja animal y hembra
    cuando sacude
    su pelambre de mosquita muerta.

    CANCIONES EN LLAMAS

    Degusto el sabor de la mañana,
    trae en su nuevo día
    el cansancio del ayer
    y el puño en alto del futuro.
    Me bebo hasta la última
    gota de rocío.
    Empiezo a devorar
    el gusto por la vida.
    Lo comparto con aquel
    que viaja por lo desconocido
    y aprende a no temerle
    a nada.
    Sus horas se llenan de paz.
    El deleite
    se hace compañero
    hasta de la muerte
    del campeón.
    Supo jugársela toda
    a pesar de vientos en fuego
    y canciones en llamas.


    LA PINTURA

    Desliza su color
    sobre la vida,
    en el claro oscuro
    martilla el punto
    mientras devuelve la luz
    de abanicos en llamas.
    Ofrece un tinte en el cuerpo nudo.
    Arranca en la silueta
    la maroma del amor,
    invierte la sombra en el galope
    de un animal salvaje
    cuando en franca derrota
    se impone el trono
    del violeta.
    Transmuta cada paso de la bestia
    en vuelos de mariposa
    en su morada.
    Un alcance de rojos
    pinta el cielo
    en el ocaso.
    La tierra estremece sus raíces
    en un café de ladrillos rotos.
    Y en el centro del cuatro
    un hombre le clava el puñal
    a la melancolía.
    Renace con el pico del cóndor
    que sostiene
    la alegría de su pueblo.
    Dios se dibuja de Inca,
    en plumaje de pavo real,
    pronto a buscar en el horizonte
    el matiz de la existencia.



    MI PAIS

    De ansiedad me llena.
    Con la angustia del diario vivir
    lo vivo.
    Una poeta Carilda Oliver Labra
    decía en su verso
    en la Cuba de la entraña:
    me desordenas, amor,
    me desordenas.
    Le susurraba al amante
    desde la ternura y la pasión.
    Y yo le canto lo mismo a mi país.
    Me desordenas, amor,
    me desordenas.
    ¿Cómo lo logras?
    Con tanta violencia,
    muertos a la orden del día,
    injusticias sin mesura ni pan,
    egoísmos al trote
    con carencias de paz,
    desnudas de sentimientos
    como vil enojo.
    Gobernantes,
    huéspedes de la gloria
    y del bolsillo a reventar.
    Gente como yo,
    inundada de tristezas,
    que persigue en avenidas y trechos
    la alegría de vivir
    bajo un sol de mañanas en cuclillas,
    rendidas ante los pies
    de un caminante que busca
    en su brújula un país
    sin desorden,
    aunque todos lo tengan,
    Colombia mi patria,
    me desordena,
    me desordena, amor
    con sus gritos al viento
    y el llanto de un recién nacido
    con la pregunta en la piel,
    ¿por qué Colombia?
    confín de miserias
    bajo miradas de luz,
    maná de un despertar.

    VIDA EN SOLEDAD

    En pugna se mecen
    mis sentimientos.
    Abortan el aire de la herida
    en la masa fresca.
    Retornan los azafranes
    con el color del sol.
    Un resquicio de luna chata
    amortigua
    los pies descalzos.
    Entran en sintonía
    las plegarias
    en un afán de unión
    con el Cosmos.
    Hacen su arribo
    con trapos viejos
    mientras
    yo me visto de atardeceres
    en el ocaso del engaño.
    Resucito
    en flores muertas
    bebiendo su propia sed
    en vida de soledad.

    TRASNOCHO

    Ese muerto olía a trasnocho.
    Desde mi ventana
    percibí aromas de muerte
    en la penumbra.
    Algún bus en afán,
    raptó su aliento
    dejándolo tirado en la calle,
    como perro sin dueño.
    Apestaba a muerte fresca,
    sin rocío
    bajo el canto de los buitres
    en retirada.
    Acababa de llegar gente a visitar su ida,
    a ponerle un periódico
    sobre el rostro
    para que yo no supiera
    a que se le parecía la mirada.
    Intuí
    que dentro de sus ojos vacíos
    seguía el pensamiento
    de qué hacer con su familia
    si el sustento quedaba suspendido
    en los cielos secos,
    sin maná para los deudos,
    curiosos de conocer
    el sino del pariente
    en boca de ruedas
    necias
    sobre piedras muertas.
    Y yo, todavía perseguida por la inquietud,
    ¿por qué vislumbré al muerto
    desde un ángulo
    que sólo me adjudicaba su presencia
    para recordarme
    que el ausente de alma
    permanecerá vivo en mi memoria
    como quien sacude
    la patria con el despertar
    de una aurora sin olvido
    entre humos de dolor
    por el desatino de un conductor,
    veloz en ser asesino.

    EL UMBRAL

    Barría la muerte con su trasero
    sobre el piso.
    Sus cabellos nieve
    filtraban la luz de un bombillo
    tan viejo como sus años,
    titilando la agonía.
    Me espanté al ver tan claro
    el rostro de la partida
    en un movimiento.
    Mecía la desesperanza.
    Desde la ventana del autobús,
    observé con el mimo de la vida
    cómo la anciana
    le imploraba a la tierra
    que se hiciera dueña
    de su carne.
    Con la enagua sucia de tiempo
    y de olvidos
    batía el suelo.
    No quería seguir arrastrando
    sus noches sobre
    el umbral de la muerte.
    Parecía ser eterna,
    esa muerte sin nombre y sin día
    que la visitaba
    tiznada de lluvia
    y embadurnada de emociones.
    No eran propiamente las de la ida.
    Juegan a las escondidas con
    el viso de un mañana vuelvo al acecho.
    Efímeras miradas
    anuncian
    que las bestias de la carroña
    se aprestan a llegar
    con su traje de lentejuelas
    y los brillos de la huida.
    De repente, volteó su viso,
    derramado por el llanto
    de la pesadez de una existencia
    al cuidado de estrellas apagadas
    y de una luna mordida por su suerte
    que esculpe desazón en el alma
    y aprieta el corazón
    de tantos antaños.

    Bella Clara Ventura: La poesía del Cielo. Por Carlos Garrido Chalén
    Bella Clara Ventura tiene los ojos más lindos que uno puede imaginar. Pero en el verde nemoroso - y por eso a veces azul y a veces celeste como el Cielo - que demarca la extensión de su mirada, no sólo los mortales podemos extasiarnos - y declararnos bobos por ella para toda la vida - sino, fundamentalmente, convencernos [por que hablan por si solos; y solos por eso se descubren] que su propietaria - aunque el dueño de su corazón y de sus ojos nadie lo imagine - es una escritora y poeta extraordinaria. Judía, de madre mexicana y padre sudafricano, nació en Bogotá [Colombia].
    Pero para llegar a ella no hay que hacerlo, a través del velo de las alegorías hieráticas y místicas de los antiguos dogmas de su pueblo. Su
    literatura no tiene el sello de las escrituras sagradas, ni ha sido reproducida de las ruinas de Nínive o de Tebas o puesta sobre las carcomidas piedras de los antiguos templos y esfinges de Asiria o Egipto. Tampoco la ha extraído de las páginas sagradas de los vedas o de los antiguos libros de alquimia. Su potencia creadora puede hacer palidecer a los tiranos o derrumbar imperios con su genio. Manda a los elementos y sabe el lenguaje de los astros. Y aunque no puede dar a su antojo el paraíso o el infierno, o presumir que es dueña del amor o el odio, ha conseguido en la última década situarse en una posición de excelencia dentro del panorama de la literatura hispana. Poeta con diez
    libros publicados, entre poemarios y antologías, novelista con cinco
    obras de gran éxito editadas, directora y productora de cine, laureada
    en varias justas, Bella Clara ha recorrido el mundo llevando su palabra a los rincones más selectos del Planeta. No posee la lámpara de Trismegisto, ni el manto de Apolonio o el bastón de los patriarcas, para tener la razón ilusionada por la ciencia, la posesión completa de sí mismo, que aísla al sabio de las corrientes instintivas o el socorro de las fuerzas ocultas y perpetuas de la naturaleza. Pero su grandeza viene de un Dios que la copa y la beneficia. La suya es una literatura que rompe ataduras y sortilegios, que se entrega a si misma para homenajearse; que es como una diáspora de numerosos colores y sabores, que se da con una autenticidad que en el mundo pareciera ser una especie en peligro de extinción. Leerla es encontrarse con una vitalidad que es, a la vez, ayuda para el desvalido, catapulta de amor para el que muere, como un mensaje de fe para el que alza sus manos hacia el Cielo pretendiendo una bendición que lo llene de Dios y de esperanza..
    Desde su Almamocha [novela], pasando por Diáspora y Asombro [Poesía], Lo que la vida quiera [novela], Hechizos del Bosque [Poesía], Huésped de la Luz [Poesía], A lo lejos [Poesía], Armando Fuego [novela], hasta Magias y retablos [Poesía] entre otras obras, Bella Clara ha demostrado ser un caso único en su género dentro de la literatura latinoamericana. Creadora de un estilo propio, que no es mancillado por el adjetivo inútil, que no se afana en eufemismos vanos, ha ingresado con el pie derecho a un territorio que siempre fue vedado injustamente para las damas creadoras, pero que ahora las reconoce en ellas y se congracia con sus maneras y sus formas. Su Obra, reconocida en Suecia, Estados Unidos, Puerto Rico, México, Brasil, Ecuador, Uruguay, Perú, Cuba y Francia, es relativamente nueva; pero retumba como una voz autorizada de antigua data, publicada por importantes sellos como
    Oveja Negra y se apresta a caminar el camino de un reconocimiento total que ni ella misma seguramente soñó, pero que es un paso justo a su calidad y potencia creadora, y a esa búsqueda, muy suya, de definiciones que retumban como campanas de Iglesia en nuestros corazones.

    Carlos Garrido Chalén
    Poeta peruano, abogado y Periodista nacido en Zorritos [Tumbes - Perú] en 1951.
    Premio Nacional de Poesía
    'Patrimonio Cultural Vivo de la Nación'

    beclave@hotmail.com

    http://bellaclaraventura.blogspot.com/

    Violeta Boncheva
    Patricia Andrea
    Rodriguez
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    Da Silva
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    Barraza Farinelli
    Nkai
    Mpiosso-ye-kongo
    Ljubomir Mihajlovski