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08 Apr 2022

GUSTAVO ZERBINO Y TRAGEDIA DE LOS ANDES (Segunda parte)

Después de la muerte, ¿hay algo más, nada?

Cuando te morís tu espíritu se va a nivelar, por eso el alma pesa 800 grs. Esa energía va a ir para otro lado y va a entrar en algo. La vida y la muerte son complementarias, como la noche y el día: 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad. El diploma en la vida es la muerte. Si vos no morís, no viviste. Es un ciclo. Y viene otro ciclo.

Estuve muerto dos veces y siempre tuve una nueva oportunidad. La primera vez fue cuando cayó el avión. Estaba sentado, me levanté y me fui a hablar con los pilotos; estaban tomando mate y observaron que había montañas muy grandes y vieron que estaban perdidos; ahí me mandaron para atrás. Indicaron que nos pusiéramos los cinturones y, de repente, agarramos un pozo de aire de casi 500 metros y el avión coleó, para no chocar de frente y, cuando estaba por chocar, sentí pip pip , el avión entró en pérdida ¡Tac! A 500 km por hora chocar contra una montaña mirándola… no queda nada. Esperás que se vuelva todo negro y se acabe todo. Segundos antes de que choque el avión, me levanté y me saqué el cinturón. Hice todo lo contrario, de vuelta. Me agarré del corredor de las maletas e imploré: “Jesusito, Jesusito, no quiero morir”. De repente, el avión chocó –hubo un gran estruendo- se desintegró todo.  Esperaba que se terminara todo pero aún seguía teniendo consciencia, tenía la percepción de la consciencia. Pensé que después  de la vida, seguís teniendo consciencia; no era Gustavo Zerbino, era consciencia. ¿Hay vida después de la muerte? ¿Dónde estoy? ¿En qué plano? De repente, me cae una gota por la cara, abro los ojos, me toco y miro y era una gota del equipo del aire acondicionado – un líquido amarillo, que, aparte es corrosivo, y no me quemó. Miré para adelante y me di cuenta de que estaba solo y vivo ,el avión se partió justo atrás mío y di un paso y me caí dentro la nieve. Quedé enterrado hasta la cintura. Miré para arriba, veía las nubes, un compañero que bajaba caminando en la nieve y se cayó hacia un precipicio; tuve que hacer un esfuerzo extraordinario para volver a subir al avión; los oídos pitaban porque la cabina se había despresurizado y me explotaron los tímpanos  En ese aturdimiento, a 4000 metros de altura, el aire no te llega a los pulmones, el corazón iba a mil- tenía taquicardia-, la mente en cámara lenta. Quería moverme y saqué un asiento y estaba Canessa; otro, estaba muerto. Esa fue la primera vez que entre en contacto con un muerte- en la montaña-

La otra fue con la avalancha. Eran las 4 de la tarde y hacía tres días que nevaba; estábamos todos adentro del avión -uno frente al otro con los ojos entrecerrados- esperando que pase el tiempo. De repente, un temblor, un ruido que te aturdía; entró una avalancha de nieve dentro del avión y lo cubrió totalmente por 15 metros. Me quise mover y era como si tuviera una tonelada de cemento arriba; en mis manos tenía los pies de la persona de enfrente y le apreté los dedos para ver si me contestaba y no se movió; estaba muerto. Con mis dos codos toqué a las personas que estaban a mi lado y nada. ¡Estaban todos muertos, me aterroricé! El corazón me latía a mil km por hora, el aire no me entraba, se expandían los pulmones, pero no había aire, y me empecé a desesperar sentí que en instantes yo también me iba a morir . De golpe, se me aclaró la mente y una voz me decía -esa vos interior que nunca me abandonó, la misma que me hizo sacar el cinturón justo antes del impacto-. La vos me decía: “Tranquilo, pará. Tranquilo. Cuando vos estabas en la panza de tu madre, tu vida era una vida intrauterina, saliste y quedaste adentro de tu cuerpo. Y seguía: si crees en Dios, Dios no te puede invitar a una fiesta que es la vida, y, en los últimos instantes  de tu vida, te hace pasar por  una experiencia que es la muerte, no puede ser mala, tiene que haber algo más; tenés que confiar. Animate a vivirla.”

En ese instante acepté lo que venía , todo se calmó. Mi mente se apagó. Mi corazón dejó de estar por explorar, mis pulmones se relajaron. Empecé a ver mi vida tridimensional. Yo estaba sentado en la primera fila de un teatro o un cine. Desde arriba yo veía a las dos personas, a la que la miraba y a la que la vivía (tridimensional); en segundos, pasaron todas las imágenes para atrás, de los momentos más mágicos y extraordinarios de mi vida. Lo último que me acuerdo es que estaba gateando desnudo (era un bebé) sobre  una toalla y mi madre de frente con las manos esperándome para recibirme. Acto seguido, me transformé en un rayo de luz fluorescente que iba hacia un centro de luz muy grande, como en los rayos de una bicicleta, en donde escuchaba y sentía la música más maravillosa que te puedas imaginar, un tiempo omnipresente- no había pasado ni futuro sólo energía-. Era parte de toda esa conciencia cósmica, era toda una unidad. De repente escuché la palabra GUSTAVO, GUSTAVO. Carlitos Páez -que estaba enfrente de la persona a mi derecha- se pudo destapar y estaba buscando a Nicolich y llegó a donde estaba yo, y vio que estaba muerto. Se paró, se dio vuelta y comenzó a escarbar para el otro lado. Al escuchar Gustavo, yo tomé conciencia de que ERA Gustavo y, esa palabra, mi nombre, fue como el despertador que suena de mañana y que, por un lado, querés seguir durmiendo y soñando y, por el otro, sabés que te tenés que levantar. Esa dualidad me hizo caer cómo en un ascensor desde 10 metros y volví a entrar en mi cuerpo y abrí los ojos. Le mordí el pie a Carlitos, parado sobre mí, y ahí, se dio vuelta y me destapó.

El tiempo real es el psicológico. Cinco minutos esperando una ambulancia para que venga a atender a tu padre que sé está  desangrando son 5 años; tres meses disfrutando tus vacaciones, son 5 minutos.

Las decisiones, ¿Con el corazón o la razón?

Con el corazón y la planificación de la mente

¿Crees en Dios?

Creo en Dios; y que hay tantos dioses como personas. El Dios mío es el amor; es un amor incondicional; quiere lo mejor para vos y tenés que aprender a vivir dentro tuyo. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Creo en Jesús, pero el que cree en Alá, Jehová o Mahoma, está bien, es el mismo dios. El mío no es el mejor. Para mí, tiene distintos nombres, pero es el mismo de  todos; es la misma música, pero con distinta letra. Básicamente, pregonan los mismos valores y principios adaptados a culturas diferentes .Muchos años recé el rosario todos los días.

¿Se puede eliminar la pobreza?

La abundancia y la carencia están en la mente. La insatisfacción es permanente y no te va a llenar nunca tu ambición.

Si, ok, pero hablo de un pibe que no tiene para comer

La pobreza más grande es ese hijo que no tuvo amor. El vacío espiritual no lo llena nada, ni el sexo, ni la plata ni el poder. Lo que tiene Putin es eso. No lo satisface nada. ¿Qué es la riqueza?

¿Qué es?

Existe gente carenciada de bienes materiales y oportunidades. En este Uruguay, republicano democrático, somos todos iguales ante la ley. Todos debemos tener las mismas oportunidades. Ahora, lo que haga la gente con esa oportunidad… Todos los niños en este país tienen una computadora, ahora después, si la usan o no la usan; si aprenden o no aprenden… La oportunidad hay que dársela a todos, la salud también. El estado tiene que ser lo más eficiente y chico posible para que todo el mundo pueda compartir bienestar. Creo que el mundo va a ir evolucionando, lástima que llego a la perfección de la auto destrucción. Que es bueno, porque ya la gente no puede más.

¿Cómo hay que educar?

Se tiene que educar con el ejemplo y la atracción; por responsabilidad, no por miedo. Esto está fallando. Como lo de Putin y la OTAN  hay una escalada simétrica; espero que cambie; si no, se van a agarrar a cuetazos. Algún día va a terminar esto, la Tierra. Empezará en otro lado.

“Somos seres espirituales en una experiencia humana” En el cosmos del universo, que somos un granito de arena, hay miles de lugares- como acá- donde puede haber una experiencia que no sea humana. Como un bebe que está en el útero y sale para vivir fuera de ti. Es decir, nace para morir, para independizarse de ti. Sale de la experiencia uterina para vivir la experiencia humana.

¿Cómo vivís la vida?

Vivo la vida preparado para lo peor esperando siempre lo mejor y confío plenamente en que no estoy solo: llevo a Jesús en mi corazón y es mi amigo, nunca me abandonó. El que a veces sé olvido de ÉL fui yo.

Lo importante no es lo que pasa es que hacemos nosotros con las cosas que nos pasan .

Vivo esta vida como si fuera la última. Y si me trajeran otra, la voy a vivir de vuelta. Estoy dispuesto a jugar todos los partidos a los que me inviten.

¿Cuál es la pregunta que me harías ahora, María?

¿Vamos a la playa a caminar?

Vamos a la playa, ooooo (canta)

Me deja en casa. Bajo del auto, me abre la puerta.

"Portate bien", se despide

“Voy a intentarlo”, le respondo.

Entro al edificio; el portero me pregunta: “¿Quién es es ese señor? Le veo cara conocida”.

“Acabas de ver a la bondad”.

 

María Cabeza
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