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Mari-Paz Ovidi  [Consul - Sydney, New South Wells]

Mari-Paz Ovidi [Consul - Sydney, New South Wells]


Nationality: Australia
Email:

Biography
DOS ROSAS

Ayer planté una rosa.
Tenía que elegir entre plantar una rosa,
salir de compras,
escribir un artículo pendiente
o tomar café con una amiga,
y elegí plantar la rosa,
pues hacía diez años que planté la última;
entonces no tuve que elegir,
lo pensé y la planté sin más ni más.
Ahora todo lo analizo,
lo calculo, lo sopeso...
es como si quisiera ver resultados inmediatos,
para anotarlo por la noche en el diario,
contárselo a mis amigos,
y convencerme a mi misma
de que no voy por una senda equivocada.
Cuando planté la otra rosa no lo anoté,
y recuerdo que creció hermosa
y perfumada, y que yo
me sentaba a su lado a contemplarla.
Pero algo que nunca supe se cruzó por mi vida,
y desde aquel entonces, poco a poco,
yo dejé de amar los silencios
y las expresiones reflexivas;
dejé también de escuchar palabras suaves,
de salvar pajarillos caídos del nido,
y de mirar a lo lejos a la hora del crepúsculo.
No sé si fue que un día
descubrí que los budistas no tienen Dios,
que los niños pueden nacer sin padres,
que el amor sale de un ordenador,
que el terrorismo es una filosofía,
y que un pozo de petróleo
vale más que cien mil vidas humanas.
Por aquel entonces empecé a jugar a las cartas,
a amar las sensaciones fuertes,
a subir el tono de voz
y a buscar protagonismo a toda costa.
¿Recuerda alguien
lo qué pasó en el mundo hace unos años?...
Perdonadme. Es mejor que no siga,
no vaya a ser que la rosa me oiga,
se llene de angustia
y acabe muriéndose de pena.
Yo quiero que sea feliz como la otra,
aquella que planté sin más ni más
y luego me sentaba a contemplar.
Aquella que creció hermosa y perfumada,
quizá porqué yo aún no sabía
que el terrorismo es una filosofía,
y que un pozo de petróleo
vale más que cien mil vidas humanas...

Sydney,
Septiembre 2005


MI CASA

El techo de mi casa es vigía nocturno
que protege mi sueño,
y si un rumor extraño me despierta,
o alguna pesadilla me desvela,
me dice quedamente: duerme, duerme tranquila,
y yo entonces me duermo.
No sé por qué será, pero cuando respiro,
el aire de mi casa
me deja siempre un gusto a limón y a canela.
Será que aquellos versos leídos en voz alta,
cuando yo aún leía con pasión,
cuando yo aún no había cambiado de poetas,
--¡Ay! ¡Ay!, Soledad Montoya,
de cauce oculto tu pena--
se quedaron prendidos en sus muros
y viven esperando que otra vez los lea.
O será que la canela fina
de las jugosas galletitas tiernas,
que sacaba de horno, y aún calientes
hacían deliciosa la familiar merienda;
y la canela en rama
de sangrías aromosas y frescas,
que sabían a gloria en el verano,
y en invierno despejaban penas,
aún se encuentran en su lugar de siempre,
aún conservan su sitio en la despensa.
[Aunque yo ya no cocino como entonces,
ni me muevo con aquel aire de fiesta]
En la parte de atrás hay un jardín hermoso,
que durante el día es verde y luminoso
pero por la noche cambia de color,
y luce espléndido un jazmín en flor.
Exhala olor a espliego y hierbabuena,
tiene una luna casi siempre llena,
una fuente encantada,
y unas sombras ligeras, sin cabeza,
a las cuales he visto –créanme--
invitan a bailar a las estrellas.
Años de juventud...
¿dónde os fuisteis?...
años de juventud...
Días de ansia de amar y dulce espera,
noches de plenitud y dulce entrega,
hijos que amamantar,
poesía en el viento,
y un millar de requiebros y promesas
en lo hondo del pecho.
Días de amor, de entrega,
bajo el cobijo seguro de esta casa,
en apariencia fuerte y altanera,
y en el fondo, acaso sin saberlo,
impresionable y tierna.
Mi casa es... ¿cómo os lo diría?,
mi casa es... sentimental, compleja...
Me entiende sin hablar,
se ríe con las gracias de mis nietos,
y en un par de vitrinas
ostenta con orgullo unos objetos
que yo compré en mis viajes por el mundo,
y una fotografía color viejo,
de algún antepasado de mi madre,
que hace poco encontré entre sus recuerdos.
Y sé que en sus rincones
oculta cosas raras, desparejas,
que yo pensé tirar cientos de veces,
y la idea se fue de mi cabeza.
Mi casa es, ¿cómo os lo diría?,
mi casa es como yo, sentimental, compleja.
Sé que el día que la deje llorará,
y yo, ya a punto de salir,
no seré capaz de despedirme de ella;
pero antes de partir meteré en un pañuelo
su aroma de limón y de canela,
la risa de mis nietos,
mis primeros poetas,
y un par de cachivaches inservibles,
de aquellos que escondió sin que yo lo supiera.
Camuflaré el botín de la mejor manera,
y si Dios llega a verle,
estoy segura que hará la vista gorda;
o quizá use la treta del mendigo vidente
que fingía estar ciego,
el cual, cuando advertía que alguien se acercaba,
ponía cara de bueno,
entornaba los párpados,
y bajaba los ojos hacia el suelo...

Mari Paz Ovidi
23/1/06



LA MADRE DE MI MADRE

La madre de mi madre tenía nombre de flor,
nació en un pueblecito de Castilla-León,
en una casa antigua con hiedra en derredor
y una salamanquesa, ¿o era un camaleón? …
Tenía tres hermanos, dos hembras y un varón,
un aro y dos muñecas de biscuit del mejor,
una flauta Boehm roja, un caballo mecedor
y diez lazos de colores, amén de un bastidor.
Dicen que era menuda, que despacio creció,
parlanchina y risueña igual que un ruiseñor,
que de emoción lloraba al ver ponerse el sol
y que quiso ser maestra y nadie la escuchó.
No tendría más de trece cuando se enamoró
de un muchacho moreno de aspecto soñador
que ayudaba al herrero, ¿cómo se la ocurrió?,
y por la noche estudiaba con ánimo y tesón.
Breves citas a solas... ¡infinita ilusión!…
larga y dulce la espera, un poema, una flor,
un beso, cien promesas y allá en el corazón
el caudal hondo y puro de aquel primer amor.
Apenas cumplió quince y su padre ya pensó
en buscarla un marido de holgada posición,
y viendo que el notario era el mejor postor,
en la Virgen de Agosto con él la prometió.
Era serio, estirado, lucía levita y bastón,
un bigote de guías y los aires de un barón,
consultó con su madre y su hermana la mayor,
se acordó ajuar y dote y al altar la llevó.
Dejó la vieja casa, la flauta, el bastidor,
y a emprender nueva vida a la ciudad marchó;
dejó la adolescencia… enterró el corazón...
¡Ay amor, amor mío, que triste es el adiós! …
Vivió en un palacete de nueva construcción,
con doncella y criados, lujo y ostentación,
sus deberes de esposa y de ama bien cumplió,
crió dos niñas chicas con ternura y amor.
Pero sé que aún lloraba a la puesta del sol
y también de mañana sin que hubiera razón,
y si alguien recitaba a Bécquer o Campoamor
una angustia mortal la oprimía el corazón.
Enfermó de un mal raro que nadie comprendió
y a un doctor de gran fama el marido llamó,
que después de auscultarla en inglés recetó
“fresh air and egg-flip” y doble le cobró.

Murió a los veintiuno, tranquila, sin dolor,
y el notario, correcto, luto un año guardó
con gran ribete negro y gesto de compunción
y luego, a los dos meses, de nuevo se casó.
¡Ah!, mas la hizo una tumba como jamás se vio,
un panteón barroco que a la familia honró;
seis ángeles la velan en marcial posición
allá, en un pueblecito de Castilla-León…

Biografía:

MARI-PAZ OVIDI
. - Española
Vive en Sydney desde Marzo de 1960 donde es pionera de la lengua Española, la cual a su llegada era totalmente desconocida, no existiendo intérpretes ni siquiera en el Departamento de Emigración.
Escritora y amante apasionada de la literatura en todos sus géneros, trabajó en Madrid en “Europa Press” como correctora de pruebas, y ha colaborado continuamente en la prensa hispana de Sydney desde la publicación de “El Español en Australia” primer periódico de habla hispana, del cual uno de los fundadores fue su hermana. Ávida lectora ha devorado desde muy joven libros y libros de la literatura mundial.
Ha ganado premios desde 1969, fecha del primer concurso literario de Australia, en el Club Español y en el Club Uruguayo de Sydney, La Sociedad Cultural Española, la Universidad “La Trobe” de Melbourne, y el Grupo Literario “Palabras”. En el 2004 recibió la medalla a la mejor escritora de habla hispana del año y en el 2005 la Editorial Terra Austral convocó un concurso internacional de cuento con su nombre.
El 1999 participó en ‘Memories of Migration’ y ‘The Spanish Experience in Australia’, libros publicados por el Gobierno Español sobre la herencia española en Australia, y en el 2000 publicó un estudio titulado ‘Poetry in Spain’ en “Many Voices”, libro que compila la historia de la poesía mundial. En el 2001 participa en el libro “The Opening of Borders”, editado por el World Congress of Poets.
Ha participado en nueve antologías poéticas y un libro de historia, y en el 2004 publicó dos libros: “Nostalgia del Futuro” [memorias] y “Nostalgia del Pasado” [ficción]. Tiene en proyecto un libro de ensayos y otro de un viaje espiritual por España.
Es intérprete y traductora de inglés por la N.A.A.T.I. y trabajadora social con la Tercera Edad.

bmpovidi@optusnet.com.au
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