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Daphna Dafna Kedar

Daphna Dafna Kedar

Author
Nationality: Israel
Email: daphna.kedar@gmail.com

Biography
La ciudad que amo nunca fue mía

Soy la judía errante.
Todas son mías y, aún, ninguna, mi amor es efímero, rodante, redundante.
Torno hoy hacia la ciudad oriental, rastreo sus mercados, ansío las voces altas y crispadas de sus fuertes varones, a los que todavía no llegó el mensaje posmoderno del transgénero.
Ahora, hacia la ciudad centro-europea de mis ancestros, donde las raíces de la cultura de Ashkenaz aún podrían percibirse, enterradas bajo el polvo de los abismos del terror.  Ciudades de cultura y avenidas elegantes, susurrantes y orgullosas, desdeñosas, a las que hay que cortejar como`damas que son, que una vez abren sus brazos, derrochan secretos y bellezas sinfín.
Ahora, hacia las ciudades de aquél mar enclaustrado, inter-terráneo, de paredes pálidas de calbañadas por las olas del mar común que une a Sefarad con Yerushalaim, Jerusalén, ciudad santa, sede dorada, centro de plegarias mil, a la que dicen Ombligo del Mundo, lugar de rogativas y dolor, Elena jerosolimitana de cobre muralla.
Soy amante caprichoso, caballero andante, mujeriego sinvergüenza, todas son mías, y a la par… ninguna.

Paso

Paso de estragos digitales,
de mañas tóxicas visuales,
de pulgares alzados, erectos, excitados,
de imágenes manipuladas,
de lisonjas estampadas en pantallas siderales,
de likes imaginarios, enviados por
supuestos seguidores, folowadores, cortesanos; 
de galanes calzados en zapatillas caseras,
que replican masticando cereales,
pulsando botones de ratones,
de roedores;
Paso de halagos imaginarios, traicioneros,
delineados en perfiles de retales;
de sueños falseados, ofrendados por
culturas vaciadas, adulteradas, manipuladas por falsos capitanes,
financiadas con monedas crespadas, criptadas;
Paso de las horas incontables invertidas en esferas irreales,
a lomos de yeguas de papel, montadas en cuasi navegadores.

La Bella Adurmiente

La bella adurmiente dejó de serlo al día siguiente a su cumpleaños.

Las hadas protectoras que la habían entumecido no le hicieron un favor, la adormecieron en su burbuja privilegiada de sociedad de clases, estratos sociales, predefiniciones de género, edad y color de piel. En lugar del servicio doméstico de palacio, la rodeaban al despertar dispositivos desconocidos, tecnología celular de quinta generación, manuales de operación dispersados por doquier, amontonados, desordenados, con instrucciones detalladas en más de 70 lenguas para la operación de aparatos, ordenadores, computadoras, móviles, celulares, casas inteligentes, cerrojos digitales, gadgets, aplicaciones para asistir a reuniones presenciales y remotas.

¿Qué son los encuentros remotos? -se preguntaba- ¿acaso habría de cabalgar al destino?  Y el príncipe… ¿dónde estaba? -preguntó mirándose al espejo-.

En pocos instantes la amonestaron las nuevas hadas, monjas modernas vestidas de hábitos de enfermería, “que no hay príncipes” -le dijeron- “que son avatares”… y una vez recuperada, podría elegir las mesuras, semblante y talante de sus pretendientes digitales, ideados, creados y encargados a medida, lo que se dice, plenamente personalizados y customizados. 

¿Y la bruja? -preguntó aterrada-.  

Con mirada condescendiente le revelaron que ya no existían las hechiceras, se llamaban troles, no eran “malas” por naturaleza, más bien producto de la suma de sus circunstancias culturales e históricas. “Maléfica” se había sometido voluntariamente a sesiones de “psicoterapia psicodinámica” impartidas por una analista y de hecho, ya transformada, estaba esperando a que se despertara en el vestíbulo, con un pastel de zanahorias sobre el regazo como pipa de paz vegana. Aurora pidió volver a su estupor, “necesito un poco más de tiempo” murmuró instantes antes de cerrar los párpados, un poco más de tiempo…

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