Albany
Aquino
Juicio
. y si se me llegare a exigir la verdad miraré fijamente al juez y comeré sus ojos . pero antes de comer sus ojos como dos horribles pastos salados y mezquinos sé que la verdad me será exigida y que desde más arriba se deslizará paciente hacia aquél pozo agrio y amarillo [agrietado finamente por la tarde].
La hora de llover
Es la hora de llover y llaman a la puerta mordidos y apretados por aguas rosadas ofidios flotantes extienden leves araduras [oficiando con su sexo asido.
Alquitranados y sumidamente golpeados se escuchan graves discursos que el quinto plano ocupan: nada es tan vago como esta invasión marina nada es tan plebe como este sueño asesino.
Es la hora de llover en que llaman a la puerta mi ataúd en el pasillo de un supermercado es horriblemente sepultado por latas de colores con la furia de un gran legislador que señala al cielo.
Una mancha siena contemplando se encapricha preguntando: ¿hacia cuál orilla nos conducirá esta luna? ¿hacia cuáles voces caerá este hilo aburdelado?
Son tres voces la respuesta son oscuras y nacientes como esta bandeja desconocida de la que tan fácil soy presa.
Aquí, en este espacio en que debe hablarse de mí adolescente que huye de los pájaros ¿no soy acaso un pequeño novio sorprendido por la tierra? ¿o la mirada cortante y brillosa que hoy te niego?
Pesado es el sueño de quien pregunta pesado su lado oscuro. Oh! Insepulta y tres veces engendrada es esta mueca al parecer ocultada en la espalda del sol.
Y así, empujado implacablemente por el vaho de estos crótalos por su arrastrante impaciencia recojo el penoso y lamido esfuerzo de esta muerte que se achica [y de lo que de su centro escapa].
Enemigo de los ejércitos y de la lluvia del enjambre sibilante una y otra vez conjugado en su propia pez no sabemos qué vino ensucia a cuál vino ni si la montaña mira al río y cree que abismo y río diluyen su polvo en el vino serenísimo y redondo de su cauce haciendo que la tierra irrite hinchando esa cántara de leche que juega a parecerse al bosque [o a lo amargo-espada].
El cáñamo una vez oculto puede ser amargo; retama por sola voz hirviendo en la propia sombra considera al rey en sus manos y a todo el que nace considera abismado.
Es la hora de llover en que llaman a la puerta diciendo que es rotundo el NO de la noche cuando la miramos boca arriba que su tragante voracidad ocupa un sexo largo como el de las orillas del camino o como el del viento cuando apaga sus aspas sobre el muro.
Para mí a quien todas las horas parecían escritas en hilo negro para quien su acuciosa embestidura era una araña fría luchando por no ahogarse en el mar de tu lengua he descubierto en los celos un jardín lleno de cáscaras despiadadas que vuelan como una paloma de tu mano a la mía.
En el olor del tabaco entre el café un pájaro cercano viendo que el saber sí pesa desaconseja morar las torres y luego el carpintero allá en el árbol hace su trabajo sagrado y entra en él confiado en la misma oscuridad con que el mar teje su espuma sobre la playa.
He aquí la noche que nos desviste más allá de la carne cada vela que enciende [y su color] representa un deseo que nos sienta en esta silla mística: Nam Myoho Renge Kyo Nam Myoho Renge Kyo Nam Myoho Renge Kyo y acaba por parecerse a lo que siempre negó.
Traigo aquí el más refinado de los gestos: - un lagarto picoteando fresas; - una lámpara de tristeza temblando de frío; - una palabra en la oscuridad; - la angustia del niño próximo a nacer; - y ese circuito cerrado que es la Zona Colonial.
Es un amplio repertorio que te lleva hacia la muerte lentamente lentamente. Es un terremoto espectáculo: luna en la que nos volvemos hacia dentro diciendo: mil años han pasado desde que vine aquí.
Por eso cada noche se desploman sobre mí las flores del gozo y son tus piernas entreabiertas triángulo al final las que allá sentadas y pacientes como un árbol beben la pluma y la flauta de esta muerte que se achica [y de lo que de su centro escapa].
A los Poetas
Hermano Poeta: si algún consejo he de darte es que procures en cuanto puedas situarte fuera de la ley.
Ese día a la hora tercera mientras tú y tus pecados huyan del juicio de los hombres verás cómo tu carro se desliza feliz entre la niebla [Velocidad Terminal [a 200 Km/h]] y entre las sombras del camino.
Tu corazón hinchado -antes de deprimirte horriblemente- saltará al abismo de una canción oscura y precisa sin rostro nadando como piedra que se hunde.
biografia:
Albany Aquino, nace en el Municipio de Pimentel, Provincia Duarte, República Dominicana, el día 16 del mes de Mayo del año 1972 bajo el regente de Tauro. A los 25 años publica su primer poemario intitulado 'Ecos de Sol', con los auspicios de la Universidad Católica Nordestana [UCNE] de San Francisco de Macorís, de cuya facultad de derecho es egresado. Un segundo poemario suyo, 'El Reflejo de las Rutas', es publicado en la Feria Internacional del Libro celebrada en Santo Domingo en el año 2008.
albanyaquino@hotmail.com
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