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Diego Despreciado
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
underpreciadiego@hotmail.com
Biografia

Diego Despreciado

Apartadó, Antioquia, Colombia. Integrante del Taller de Escritores Urabá Escribe. Ha publicado Pequeñas crónicas del Nuevo Mundo; proyecto ganador de la Convocatoria Pública en Cultura y Patrimonio 2016 del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia y la Gobernación de Antioquia en la modalidad de cuento. Ganador del primer premio en el XXXI Concurso Universitario Nacional de Poesía 2018 de la Universidad Externado de Colombia. Ganador del primer lugar compartido en el V Concurso Regional de Poesía Mesa de Jóvenes del Festival Internacional de Poesía en el Caribe 2019. Tiene inédita una novela: Cacó.

 

III

Mi hermana y yo 

salíamos a cazar las luciérnagas 

que se esparcían cerca de la casa 

como migas de pan.

 

Cuando las atrapábamos entre las dos manos 

abríamos solo un poco

para ver con un ojo 

los latidos de luz 

del corazón de la noche.

 

Al regresar a casa 

teníamos las manos vacías 

pero los ojos brillantes.

 

VII

Era la fiesta navideña de los globos de papel flotantes 

y mi madre y yo hicimos el nuestro. 

Lo forramos con papel de arroz 

y lo tripulamos con una pequeña vela.

 

Nuestro globo subió al cielo 

impulsado por su pequeño corazón de fuego 

y derramando algunas lágrimas de despedida 

se perdió entre las estrellas.

 

Algunas veces, 

cuando puedo ver el cielo 

florecido de estrellas

me pregunto cuál de todas será

la que plantamos una noche 

mi madre y yo.

 

X

Mi abuela protegió nuestra casa 

rodeándola con una llamarada.

 

Las heliconias 

del jardín de mi abuela: 

antorchas que ardían 

incluso 

bajo la lluvia.

 

XII

La leña almacenada 

era fuego reposado 

al calor del tiempo.

 

De aquella leña 

nos bebíamos el humo 

en el agua que hervía

alimentada 

por ese antiguo fuego 

que algún día fue almacenado 

por las manos de mi abuelo.

 

XIII

Por mi mente pasaba la imagen de un parque 

donde un hombre y su hijo 

subían y bajaban 

a ambos lados del mataculín.

 

Se trataba de un recuerdo 

que había inventado, 

porque yo 

nunca abandoné el suelo.

 

 

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