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Oscar Andres Quiroz Muzat
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
oscar.quiroz.muzat@gmail.com
Biografia

Oscar Andrés Quiroz Muzat

“El amor es lo único que crece cuando se reparte” (Antoine de Saint Exupery).

Nací el 20 de enero de 1986 en la ciudad de San Felipe, región de Valparaíso, Chile. Actualmente resido en el hermoso pueblo de Putaendo, capital patrimonial del Valle de Aconcagua.

Desde el año 2010 me dedico profesionalmente a la Educación; he trabajado en diversas escuelas y colegios de norte a sur del país, ejerciendo cargos en aula y gestión directiva. En el año 2009 obtuve el título de Profesor de Educación General Básica y Licenciado en Educación por la Universidad Viña del Mar, el año 2012 me gradué de Magíster en Orientación, Relaciones Humanas y Familia por la Universidad Mayor; en el 2016 estudié Bachillerato en Filosofía en la Universidad Alberto Hurtado; después en el año 2020 me Postitulé en Currículum Educativo por la Universidad Miguel de Cervantes y el mismo año adquiero el Diplomado en Gestión Directiva para Organizaciones Escolares de la Pontificia Universidad Católica de Chile en colaboración con la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos.

Promuevo, como maestro, la formación constante en Educación; Pedagogía que evoluciona, se transforma, adquiere diferentes enfoques y estilos, se adapta a las necesidades de los educandos del presente, su contexto bio-sociocultural y emocional. Indagando en herramientas para lograr eficacia en los aprendizajes del Currículum y su entorno ambiental, igualmente incorporando tecnologías del mundo digital.

Mi afición también, es la lectura de filosofía y poesía, además de escritura de estos géneros. En poesía destaco el interés y admiración por autores universales, tales como: Juana de Ibarbourou, Alfonsina Storni, Rubén Darío, Amado Nervo, Juan Ramón Jiménez, Oscar Castro; pero principalmente la gran poetisa nacional Gabriela Mistral, de ella poseo una colección de innumerables escritos y publicaciones; la admiro por su origen humilde, por haber sido profesora normalista de educación primaria en sus inicios, su aporte a la educación nacional, su religiosidad y el arte y dulzura en las letras que la caracterizan.

Actualmente me desempeño como Jefe de la Unidad Técnica Pedagógica de los Ciclos de Párvulos y Básica en el Colegio Cumbres del Choapa, comuna de Salamanca, región de Coquimbo, Chile.

“Creo en mi corazón, el que yo exprimo para teñir el lienzo de la vida” (Gabriela Mistral).

 

  1. 1.       Plegaria por un amor peculiar

 

Sus ojos detienen el tiempo, la rotación de los astros,

se detienen mis pálpitos, suspiros y pensamientos.

Su mirada, aura armoniosa de quien muere en paz;

sus besos, sus labios dulce ambrosía.

 

La veía tantas veces, distante y avergonzado,

de mi naturaleza ruda, de mi desequilibrada conciencia.

Veía en ella lo que tan sólo Cristo mira:

su femineidad escondida, su oculta belleza.

 

Ella viste sayal oscuro, de una medieval forma

y un velo sobre sus sienes del mismo sayal,

libre su rostro pálido, sus rojizas mejillas,

sus manos cultivadas tan sólo para rezar.

 

Me la quedé mirando un día, la quise, la deseé mía,

como las cuentas del rosario entre sus dedos;

mía como Cristo la hubo desposada,

como en mis sueños, cuando la beso entre nubes recostada.

 

Pero yo te veo distante oh Cristo, clavado y traspasado;

por más que alce mis manos, tu cruz tocar, imposible,

¿Cómo haces tuya, a la mujer que yo amo?

Si yo te miro herido, yerto y moribundo.

 

Muéstrate oh Cristo, el misericordioso

detén este corazón que ama atormentando,

detén mis pensamientos, deseos perturbados,

no eres tú, soy yo el cristo traspasado. 

 

Mándame la muerte, amante prematura

para que beba conmigo el veneno de la cicuta

y como al buen ladrón, perdóname oh Cristo

mi pecado es amar a tu mujer, su hermosura.

 

Mientras escribo estas líneas, allá en el exterior cosmos

me detengo entre los vaivenes sonoros, del campanario de la Iglesia

sus golpes incesantes de incómodo tono,

emana su recuerdo, mi añoranza y sus versos. 

 

  1. 2.       Miserere por los Pueblos Originarios de América

 

En los años de emancipación

te dejaste surcar gloriosa,

tierra incursionada, América mía.

Soplan los vientos en las carabelas de Colón,

que algo se acerca, extirpando vidas;

hombres que se abren paso

por las altas cordilleras,

entre el caudal, la gélida altura

y la verde espesura.

 

Remembranza olvidada

en la desangrada hierba              

de las colinas mexicanas de Tóxcatl;

Cuauhtémoc y Atahualpa,

cantan sus lamentaciones, en la densa niebla.

El alma de los vencidos al cielo fugaz,

el Paraíso abierto a las almas abatidas.

Que los querubines consuelen a las viudas

de Cortés y Pizarro, su culpa inicua e impía.

 

Serpiente Emplumada,

resurge de las cenizas abrasadoras,

despierta al pueblo del holocausto dormido.

 

Mancillaron la reinante armonía,

la cultura prevalente;

el “Tata inti y la Pachamama”,

el Inti Raymi, Wue Tipantru y Machaq Mara”.

Con el ciego afán de riqueza, gloria y fama,

empuñando la espada, imponiendo la fe

y arrancaron la vida, mas no el alma.

 

Diantre invasor, macabra perversión,

errante, peregrino, en campos impropios

¿Qué tiene que ver la fe, precursora de sangre?

En cuya voluntad el Divino hacedor 

rige: que todos nos amemos como semejantes

¡Hijos suyos, libres, carne de su carne!

 

Serpiente Emplumada,

resurge de las cenizas abrasadoras,

despierta al pueblo del holocausto dormido.

 

Siglos de obituarios inmaculados,

batallas, contiendas perdidas

para lo que es hoy América autodeterminada.

Se vertió de púrpura y escarlata,

desde Alaska a la Antártida;

desde el Magdalena al Paraná.

Rapanui, apaches, chipewas y olmecas,

extraviados hijos indígenas;

guaraníes, aztecas, mayas e incas,

doncellas ultrajadas.

 

¿Dónde está la voz guarda y custodia

de Fray Bartolomé de Las Casas,

de Francisco Solano y Junípero Serra,

de Pedro Claver y António Vieira?

¿Toribio de Mogrovejo y Rosa de Lima?

Retumban en el silencio del Amazonas,

aflicción, melancolía, agonizante estampida;

con desconsuelo y escarnecida,

el brioso eco: ¡Misericordiae Dei, pietate!

 

Serpiente emplumada,

resurge de las cenizas abrasadoras,

despierta al pueblo del holocausto dormido.

 

  1. 3.       Distante

 

No me quites el cielo, son tuyas estas bellezas;

son tuyas la Luna y las estrellas.

No me quites la vida, si te vas te la llevas.

Quédate un instante y espera que muera.

 

Que prueba la tuya de irte distante.

Te llevaste todo, todo te llevaste,

me dejaste vivo, muero lentamente.

Regresa pronto y ven a besarme.

 

El día es noche y las noches tinieblas,

si tú no estás la vida se aleja,

el río no canta, las aves no vuelan,

son todas tuyas, tuyas estas bellezas.

 

Acompáñala Dios mío, no la descuides;

se ha llevado mi alma tampoco la juzgues.

Que todo sea un sueño, que mi tristeza mitigue

y en este sueño besarle hasta el éxtasis.

 

  1. 4.       Lejana

 

Serré mis ojos y le dije al viento:

“ve donde ella y susúrrale un secreto,

dile tantas cosas y que feliz me siento

que me quiera, porque más la quiero”.

 

También un pensamiento te envío con el viento,

te envío de amor un pensamiento;

si sientes una flor su dulzor a rosas,

es porque te quiero y en ti pienso.

 

Si por la noche despiertas y me recuerdas,

es porque despierto velo tus sueños

y si en la tierra del ensueño aparezco,

es porque ahí estoy me lo permitió Morfeo.

 

Si al caminar escuchas que te llamo,

es porque te llamo con el pensamiento.

Deja que te quiera que te enamore

te lo digo yo, te lo susurra el viento.

 

  1. 5.       Casamiento onírico

 

Tuve un sueño que anhelo dulcemente

ese sueño lo soñé en un beso tuyo,

ese beso que robado me ofreciste

ese robo que quiero nuevamente.

 

Al entrar caminando entre las gentes

de frente ante el Cristo moribundo,

mirarás que al altar junto me encuentro

tú a mí vienes, yo te espero.

 

Si caminando un rayo te circunda

o una brisa de aire te alienta,

es el ángel o la Virgen pura

o Dios Niño que de luz te inunda.

 

Ante el altar tus votos hoy declaras

de amarme como a Dios sólo se ama,

yo con voz de emociones temblorosas

prometeré amarte como a ninguna;

 

al tomar mi mano quiero que sepas

que esta mano es tuya y para siempre

y al poner en tu dedo la alianza

no soy yo, es Dios que nos bendice.

 

Entre las lecturas, los cantos y el sermón,

mis ojos buscaran tus bellos ojos

y una lágrima caerá por mi mejilla

que pide al cielo, a Dios que nos bendiga.

 

En el sí, confirmas que me amas,

que me amas más que a ti misma,

que en mis brazos te hallas dulcemente.

Tú y yo, mi Cristo nos bendice.

 

Entre el beso y el Ave María,

entre aplausos, sollozos y lágrimas

sólo importa que tú tanto me quieras

como yo te quiero no hay medida.

 

Al salir del templo aquel día

sabrás que a mí, tú perteneces

y que yo soy carne de tu carne

tu varón, tu hombre y tú mi vida.

 

  1. 6.       Te has ido

 

Y acá yaces dormida.

Tus dolores y tus yagas no me esperaron en vela,

podríamos juntos, haber dormido riendo,

como tantas noches de infancia, noches serenas.

 

Duele tu ausencia, aun desgarras mis entrañas,

te has dormido; un ruiseñor canta,

no se si canta alegrías o desdichas,

está junto a tu lecho, al despuntar el alba.

 

¡Despierta ya el día asoma!

El sol aclara y entibia tu faz pálida,

¡Ya es de día! Háblame como siempre

o bajaré a la tierra a disputar tus palabras.

 

Hermana, tan joven la muerte te abraza;

muerte indolente, malvada e impía.

Se han detenido tus pasos, tus risas, tus tristezas;

te has dormido, como quien olvida.

 

No dudes hermana, que seguirte quería,

hundirme en la espesa nube de la agonía,

para caminar contigo en los parajes del Señor,

el cielo, el paraíso, el misterio de lo infinito.

 

Pero esa barca no la hube de alcanzar,

se perdió entre la niebla de mis sollozos.

El Señor sabe que mi cara triste aún tiene el polvo

de tantas plegarias, preces y desvelos;

 

pero ya te has ido, tu alma contempla:

la luz que no es de sol, sino de mi Cristo

y acá yaces dormida, aguardando mis rezos

esos que sólo al morir, dejarán de ser dichos.

 

  1. 7.       Ella no quiso, no te quiso hospedar.

 

Ella no quiso, no te quiso hospedar.

Alma libre, rosal, ruiseñor, corriente de mar,

surco abierto, tierra herida, llagas y costado rasgado.

Ella no te quiso, no te quiso amar.

 

Su pecho tibio, profundo glaciar

mis versos diadema que le deseaban circundar;

pero ella no te quiso, no te quiso guardar;

en mis sueños, tu imagen distante va;

 

en una barca que Caronte ha de guiar

a la Estigia, al Hades, al cielo o al mar

sin retorno a mis brazos, te has ido,

no te has querido quedar.

 

quise oprimir tus manos, tu cuerpo al mío,

a ver si el glaciar se volvía vergel

deseando poner mi boca en tu oído,

pronunciar con sigilo: te amo mujer.

 

Mi amor no es sólo este cuerpo imperfecto,

fatigado por tu desprecio cruento,

que tiembla y teme en cada rezo,

fatigando con mis desalientos a Dios.

 

Ya fueron dichas todas las palabras;

han pasado frente a ti todas las horas.

Cristo mío bájame los fríos párpados,

acalla mi corazón, llénalo de escarcha

ella no me quiso, no me quiso amar.

 

  1. 8.       Niña Fugada al cielo

 

Duerme para siempre en su urna de nieve;

la infanta agraciada; no verán más su rostro.

Los angelitos jugarán, con una esfera de oro,

la harán dormir en sus brazos y velarán sus sueños.

 

No habrá palabra, ni gesto, ni tiempo;

la madre llora, no halla aliento;

mira sus fotos, florecen los recuerdos;

su realidad es otra, le acompaña su féretro.

 

Le puso un vestido blanco, como era su resplandor;

la alumbran las plegarias y el ardor de unas velas;

todos se conmueven, por este trágico estado,

los parientes y amigos, sienten el deceso.

 

El cura los consuela, con un emotivo responso

dice: “recordadla cómo jugaba, cómo reía;

este angelito al regazo del Padre nos ha precedido

estaremos todos, junto a ella algún día.”

 

La llevan al Campo Santo, donde reposará su cuerpo,

esa niña que corría, seguirá corriendo en el cielo;

han cavado un sepulcro, con pétalos la recubrieron

los padres lloran sangre, no encuentran sosiego;

 

dicen las últimas preces, los últimos agradecimientos

la gente se va alejando, regresarán a sus oficios.

Pasará la noche sola, lejos de sus papitos;

se alejan los lamentos, vuelve la paz al cementerio.

 

  1. 9.       Leyenda del Cerro Orolonco

 

Lloraba un río, la hermosa joven nativa;

en la inmensa soledad de esa montaña

no volvió su amado; de la patria vasca,

ha muerto en el destierro de España.

 

En los años en que Chile se descubría,

en Putaendo y el valle del Aconcagua

un conquistador, a muerte se enamoraba

de la hija de un cacique indígena.

 

Renegó contra su patria y la fe que portaba

contra sus principios, el oro y la fama;

la mirada de la joven calaba su alma,

enamoraba su corazón, quemaba sus entrañas.

 

Repetía en sus sienes, aquel nombre que amaba:

“Orolonco, Orolonco; mujer cristalina como el agua,

que mana en estos campos, venida desde las montañas,

que sacia mi sed de amor e inunda mi alma”.

 

Orolonco, amaba su mirada valiente y tierna

amaba por primera vez, por sobre su etnia.

“A la media noche de luna llena, en la quebrada,

será nuestro primer encuentro, nuestra cita esperada”,

 

allí fue el encuentro, a la hora pactada;

el encuentro de dos distintos mundos y culturas

pero el mundo y la etnia es la misma,

su idioma es el amor y la pasión su cultura.

 

Él le dijo: “Amor mío, eres el sol de mi campo,

pero me han obligado a volver a mi patria,

por amarte me han condenado,

espérame, volveré cuando esté libre de culpa.”

 

Pasaron juntos la noche, mirando hacia las estrellas,

hacia un mismo fin, el estar juntos algún día

en la aurora de aquella jornada de sueños,

se despidió su soldado, prometió volver para amarla.

 

Se fue su soldado vasco, no ha vuelto de su patria

han pasado los meses y los años, no regresa;

su padre, el cacique, quiere casarla

con un indio valiente, de la tribu cercana.

 

Ella no accede, prefiere morir que casarse.

“Espera un tiempo padre, aun soy muy niña.”

“¡Te unirás a ese joven, para que sigamos en armonía!

¡por la paz y el bienestar de nuestras vidas!”.

 

Vuelve un ejército venido de la Ibérica Península

Ella se acerca a buscar al conquistador de su alma;

“¿A quién busca joven india?” “A Aníbal,

un joven, que hace mucho, debió volver a estas colonias.”

 

“Sé, lamentablemente de quién me habla, nativa,

después de la condena, por el Consejo de Indias,

enfermó gravemente, feneció de tristeza

en el delirio de su agonía, “Orolonco mi amor”, repetía”.

 

Orolonco, sumida en el abismo de la desesperanza,

huye muy lejos, lejos de cualquier presencia;

se refugia en la inmensidad de la montaña,

en la soledad, lúgubre y fría de la cordillera.

 

Nunca más se supo de la hermosa doncella,

todos la buscaron, colonos, la tribu completa.

Tres siglos pasaron de que sucedió esta historia;

el monte donde se perdió el llanto de la joven

 

lleva su nombre, Orolonco, una niña india.

El valle de Putaendo fue testigo de esta leyenda.

Que muy pocos conocen y llevan a la vida,

que muere en el olvido y renace en mi poesía.

 

Murió de pena ¿Quién sabe? la doncella,

renunció a la vida, sin su amado no viviría;

los que incursionan por aquel monte, en las noches,

dicen escuchar su espíritu que llora de amargura.

 

  1. 10.   Rogativa a la Virgen del Monte

(Imagen que se encuentra en un cerrito frente a la ciudad de San Felipe, en el valle del Aconcagua desde 1912 a la actualidad)

 

I

 

Oh Virgen del monte, tu imagen serena

nos abre sus brazos con entregado amor,

tu rostro de gloria imperecedera,

no descansa nunca sirviendo a Dios.

 

Oh Virgen tan pura, tan pía, tan casta

tu imagen apunta el Reino de amor,

un día Madre, tocarás nuestra puerta

y nos llevarás al regazo de Dios.

 

Oh Virgen del monte inmaculado

tu imagen gloriosa se yergue triunfal,

tu imagen el tiempo, el sol y los vientos

la han dañado sin piedad, sin piedad.

 

Tu rostro oh Madre la lluvia a ultrajado,

tu vestido de oro, su color dejo atrás,

oh Madre bendita, del monte olvidado,

perdona al viento, la lluvia y la tempestad.

 

Levanta al caído oh Madre de todos

aleja al hombre del pecado y el mal,

acoge al que sufre soledad y tristezas

sé tú la esperanza, la luz y su paz.

 

II

 

Rompieron tu imagen de misericordia,

oh Virgen, oh Madre mil veces perdón;

algún hijo pródigo, algún hijo ingrato

que no se compadece de tu rostro de amor;

 

rompieron tu imagen de celestial doncella

mas no quitaron por ti el amor,

la imagen no eres tú, Madre bendita

tú estás con Cristo en un lugar del fulgor.

 

Hoy después de tantas, ingratitudes y tiempo

tus hijos oh madre a ti volverán,

pondrán como antes tu imagen en alto

serás la estrella de nuestra ciudad.

 

 

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