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Evangelista Mercedes Soto Pino
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
antonia5863@gmail.com
Biografia

Evangelista Mercedes Soto Pino

Seudónimo : Angelita Imarcanto

Desde muy pequeña he amado la literatura, incentivada en gran parte por mi profesora Orfilia Diaz.  A los 7 años dicha profesora me invitaba 3 veces por semana a la Biblioteca Municipal que ella atendía.  De allí yo traía a mi casa algunos libros que leía con avidez.  A los 8años escribí algunas pequeñas poesías y un cuento, soportando burlas de mis compañeras y hasta de algún adulto.  Mientras tanto yo soñaba con ser como Gabriela Mistral, poeta y además profesora.

Durante mi infancia y adolescencia, vaciaba mis penas en una hoja de cuaderno, las que luego rompía.  A los 14 años escribí varias poesías para el Niño Jesus y fui mal criticada por una profesora de la familia, lo que motivó que dejara de escribir.

A los 20 años, pertenecí al GRAFOMAR (Grupo de Artes y Folclor Marchigue) escribí entonces, mi primer éxito literario; un monólogo cómico, titulado “Un viaje a Santiago” que interpretaba personalmente en pequeñas giras del grupo.  Luego adapté una novela al teatro que pasó con más pena que gloria.

Pronto la vida me llevó por otros caminos y me hice comerciante y dueña de casa.  En 1980, viuda y con 4 hijos, nos trasladamos a Santiago.  No pude seguir escribiendo, aunque mantenía la inquietud.  Acumulando ideas y algún material.

En el año1999, asistí al Taller Literario Lo Prado.  Allí comencé a participar con muchos deseos de seguir escribiendo.  El año 2000 se publicó allí la antología titulada “Palabras en Azul” en la que fueron incluidos varios de mis trabajos.

El año 2002 me inscribí en el taller “Memoria Viva”, cuyo director era el profesor Sergio Bueno Venegas.  Dicho taller funciona en la SECH –Sociedad de Escritores de Chile- de la cual el señor Bueno era además miembro directivo.

En 2005 publiqué el libro testimonial “Más Allá de los Molinos” (5 ediciones)

En 2008 publiqué la obra costumbrista “Entre Siembras y Cosechas” (2 ediciones)

En 2012 publiqué el poemario “Desde el Alma” (2 ediciones)

En 2014 publiqué “Huellas” obra en poesía y prosa (3 ediciones)

En el año 2009 ingresé al Taller Literario Vicente Huidobro de la comuna de Macul, dirigido por el profesor Sergio Fuentealba.

En todos estos años, en ambos talleres, hemos llevado a cabo muchos eventos literarios y publicado diversas antologías; entre las cuales se pueden contar:  “Palabras en Azul”, “Chile-Colombia, Más allá de las Fronteras”, “El Lugar de la Memoria”, “ Antologías del Taller Vicente Huidobro I” y “Antología del Taller Vicente Huidobro II” ; “Antologías del Taller Memoria Viva” I ,II y III.

Trabajos prontos a publicar:

“El gitano Gorane y otros cuentos” ; “Relatos y cuentos de esperanza” y “Bendita carta”

Próxima nueva “Antología Taller Memoria Viva”.

Actualmente y hasta la aparición del Covid19 dirigí un taller literario gratuito en “Casa Naranja” en Marchigue.

 

El nido vacío.

 

La ley de la vida, también pasó por mi casa.

El nido, poco a poco vacío quedó.

A cada uno, su puerta, el amor tocó

y de madre, congoja oculté.

No era justo truncar su alegría.

“Es la ley de la vida”, repetí cada vez.

 

La razón aceptaba, pero el sentimiento, no.

Tantas veces he llorado la ausencia,

otras tantas me dí a la razón;

tantas veces he extrañado sus voces,

muchas más, me quebré en soledad.

Mas, uno a uno me trajo alegría.

Hoy, “abuela” es la dulce palabra

que a menudo deseo escuchar.

“Es la ley de la vida” repito otra vez.

 

A Dios pido, generoso les tienda su mano;

que siempre en la vida, valores conserven;

ser hermanos unidos jamás olvidar,

y metas logradas con honestidad.

Y que aunque los años me cambien,

esta frase no me falte:

“Mamita, hoy iré a visitarte”

 

Memorial  

 

El gran mármol, allí está,

de cara al pasante.

Cuatro mil nombres silentes,

acusando genocidio.

No son sólo nombres,

sino, vidas inmoladas.

Hombres, mujeres y niños de mi patria,

otrora alegres, respirando aire de sueños,

de ideales, de igualdad.

 

Transeúntes, van por la pequeña plaza;

algunos reverencian con respeto

y se alejan en silencio.

Otros, ignoran el dolor reflejado en la piedra

y los menos quieren impregnarse

de la historia reciente de su pueblo;

detienen sus pasos y honran

a tantos y tantas que no son sólo nombres,

sino, vidas tempranamente segadas.

 

El gran mármol, allí está.

Son miles de nombres,

que son mucho más que nombres.

Allí está el mudo clamor

de tantos y tantas,

que fueron cayendo en el camino;

de tantos y tantas,

que ya no tienen voz

 

La carreta.

 

Debajo del gran espino,

a un lado del potrero,

ajada de soledad,

está la vieja carreta

dejando pasar los años.

 

Añorando sus trajines,

cuando otrora transportaba,

el trigo ya cosechado,

o las doradas gavillas;

tirada por bueyes lentos

por los caminos de tierra.

 

La vieja carreta grande,

ya no divisa las yuntas;

tampoco existe el galpón,

ni la orqueta ni la echona,

mucho menos el arado.

todo su equipo está ausente,

u olvidado en un rincón.

 

Nadie ya la necesita

y nadie se ocupa de ella.

como los huesos de viejo,

sus maderas ya torcidas,

esperan que alguien las cure

para sentirse más digna.

 

La vieja carreta está triste,

porque se sabe inservible;

pero tiene la esperanza,

de que alguien no la ignore

y enderece sus maderas

y no seguir invisible.

 

A la sombra del espino,

nostálgica de potrero

permanece la carreta,

dejando pasar los años.

¿Es qué irá a parar a la hoguera,

la noble carreta vieja?

 

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