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Martha Ines Velez De Valencia
Nacionalidad:
Colombia
E-mail:
marthainesvelez@hotmail.com
Biografia

Martha Inés Vélez De Valencia

Nacida en Medellín (Colombia) Médica cirujana  Universidad de Antioquia. Médica Otorrinolaringóloga  Universidad de Antioquia. Subespecialista en otorrinolaringología pediátrica  Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estudios de Astrofísica  Universidad de Antioquia

Grupos de estudio:

"Escribir para publicar" -  Universidad de Antioquia, por un período de 3 años

Grupo literario “ Abescritos”

Grupo de Biología Evolutiva

Grupo de Filosofía

Autora del libro " Somos uno y somos universo"  

                              Poética e ideas del hombre y el cosmos

                              Propuesta desde el conocimiento

                              Señal Editora  Medellín 2016. 150 págs. 

Coautora del libro " Lecturas Urgentes de Poesía"

                                  Antología III

                                  Ediciones Grainart  Santiago de Cali 2016. 247 págs. 

 

..La conciencia tuvo lugar cuando el cerebro fue capaz de ingeniarse un testigo del  Sí mismo, Mi mismo o Yo.   Y me hizo consciente  de ser consciente.  Consciente de mi  mundo interior y del mundo físico que me rodea y del cual hago parte.

 

MUJER

(Dedicada a las mujeres de todos los tiempos y pueblos de la tierra).

Soy hija de las entrañas de la tierra negra de Kenia,

tatuada por el sol,

de la Eva mitocondrial que en el exilio,

ha parido mil noches de dolor.

Soy de Sierra Leona, del  llano de la Orinoquia

de las tibias arenas del desierto de Omán

de los glaciales fiordos de Noruega

de las dunas que emigran, en la pampa austral.

Del agreste paisaje de Tanzania

de la tarde amarilla de la China

de las míticas noches del Japón

de la sacralidad del rio Ganges,

que unge las cenizas de perdón.

Del lago Victoria por la gracia de Osiris,

en la fecundidad del Nilo, que es un don.

De la cosmogonía del viento del septentrión.

Soy hija de la lluvia, del río, del monzón,

de los arreboles que se pintan de luna

en las noches eslavas de tímido pudor.

Soy lirio de los campos o pájaro cantor,

aurora boreal detenida en Siberia,

en las noches blancas de San Petersburgo,

o qué sé yo…

Soy sonrisa de sándalo, en la eterna mirada del amor.

Empapada de lluvia y de crepúsculo,

soy eco de mi voz.

Soy grito milenario que pregunta…

si soy sal de la tierra

ancla de vida

milagro de creación

espiga, claridad, urdimbre,

esencia, palabra, corazón.

¿Por qué tanto dolor…?

¿Por qué lo anacrónico del tiempo,

 me quita el privilegio de ser yo…?

 

                                                          Martha Inés Vélez de V. 4 de agosto de 2014

 

 

                                Busco mi yo

“Pienso, luego existo”.  Duda metódica                                          “ Ser o no ser, he ahí el dilema”

  René Decartes                                                                                                  William Shakespeare

 

Existo…  al pensar la duda Cartesiana.

Busco mi yo  en el vértigo profundo

de las complejidades cotidianas.

En mi exilio interior…

En la fatiga de mi piel cansada,

en la indeterminada extrañeza

de la frontera humana.

 

En el humo, en la huella, en el polvo, en el agua,

en la perplejidad esquiva

de la azorada brisa que me alcanza,

en la cicatriz del paisaje                                  

de las someras rocas de obsidiana,

en el precepto del sol

que el aire enciende en ruborosa calma.

Me busco en la unicidad, la cordura, el designio

del caótico orden que la naturaleza entraña,

en la profusa diversidad del mundo

con la enigmática aleatoriedad que lo acompaña.

 

Me encuentro en cada cosa….

en la lluvia, en el trino, en la luz, en mi estancia!!!

Y me encuentro en el otro….

con toda la acepción gramatical de la palabra,

con la singularidad de la certeza

que la razón consagra.

 

Me celebro a  Mí misma.

Respiro la existencia que cálida me abraza

y me ata a la más grande historia

cósmica, sacra y profana.

                                                         Martha Inés Vélez de V. 4 de septiembre de 2017

 

APRENDÍ

 

Desde el reloj molecular de la rueda del tiempo,

persiguiendo la vida, reinventando los sueños

descubrí la inmensa dimensión de lo pequeño.

 

Aprendí que la vida es fugaz

impredeciblemente bella.

Y que la vida misma

en un beso se entrega.

 

Advertí que los hombres

En febril desvarío por poseer la tierra,

insensatos se matan

Con razón o sin ella.

 

Conocí la verdad… conceptual  en esencia.

Conocí la mentira… línea de fuga, maraña atormentada

ecléctica cantera de oscura transparencia.

 

Presentí que el silencio, te regala la paz que el corazón anhela

Y que el ardiente odio, es mezquino veneno que te daña y te ciega.

Comprendí que el amor en actitud sincera,

acalla dulcemente unos labios que esperan.

Es bálsamo que alivia, cuando lo es de veras,

o implacable asesino de la alegría plena.

 

Descubrí que la meta está en el camino

y no al final del día, cuando la noche llega.

Aprendí que la vida, es una y es la misma

en todos los humanos, que habitamos la tierra.

 

                                                                      Martha Inés Vélez, Diciembre 20 de 2016

  

FRENTE A LA HISTORIA

 

Me sentí estática al contemplar los 4.500 años de historia

en las pirámides de Egipto.

Recreé el Titanic en su derruido viaje hacia la muerte,

y a Hawking “sin orillas ni fronteras”

unificando todo el universo.

 

A Einstein en su tiempo de distancia

gravitando la manzana de Newton, en exaltado vuelo.

A Jonathan Bird con sus luces cefeidas,

midiendo la distancia intergaláctica de un sueño.

 

En la constante Hubble,

desparramando en expansión el firmamento.

A Max Planck en su cuanto de luz,

revoloteando la incertidumbre de Heisemberg,

en la cuántica gravitación del universo.

 

A Maxwell con átomos de quarks y de electrones,

en la encrucijada  electromagnética de un beso.

A Bacon observando las leyes naturales,

en la diversidad del pensamiento.

 

A Copérnico que en círculos al sol,

describe el misterio heliocéntrico de un verso.

Al viejo Galileo en su ceguera,

oteando en las sombras de un mundo en movimiento.

 

A Kepler y su amigo Tycho Brahe que en elipses al sol,

cabalgan el sistema planetario, en aullidos de viento.

A Ptolomeo en nombre de Aristóteles,

soñando el teorema geocéntrico.

 

En la superviviente lucha de la especie de Darwin,

por la tierra de todos y de nadie.

En la psicoanalítica dialéctica de Freud, de pragmática filosofía,

el hombre en su naturaleza frágil, rescátase a sí mismo de la vida

en la fortaleza de sus fantasías.

 

En la desarraigada soledad de los hijos de un pasado remoto,

con su historia que se ha escrito en el tiempo.

La sombra que los alcanza no es su sombra.

Los sueños que los pueblan,

son los sueños …de universal memoria.

                                                               Martha Inés Vélez de V.   25 de junio 2.015

 

 

SOMOS UNO Y SOMOS UNIVERSO

 

Somos hijos del cielo y de la tierra,

habitantes del cosmos,

alquimia  sideral hecha conciencia,

polvo estelar que observa 

la magnanimidad del universo,

signada…

En el  principio antrópico de la creación

que es un canto a la vida,

en la etérea levedad de los pájaros,

la encendida pupila de los niños,

en la frescura del agua

e intimidad del amor,

en la libertad que acontece

cuando es certeza el perdón.

 

Somos  dulce milagro,

química de la vida,

córtex, donde la materia

se transforma y recrea

en magia de pensamiento,

capaz de comprensión, compasión, conocimiento.

somos trémulo rayo de luz que agujerea

en la oscura infinitud del universo.

 

Somos historia… arcilla,

el prisma de una lágrima,

eclipse de silencios,

la brasa de un crepúsculo

con sed que lo desgarra.

Somos un río en fuga

y viento que se escapa.

Palabra de universo…

Somos tiempo y distancia.

Somos el privilegio

de la caducidad y la esperanza.

Somos polvo y ceniza

por la naturaleza convocados

a la tierra volvemos   

y de todos seremos olvidados.

 

                                        Martha Inés Vélez de V.

 

LA EVA MITOCONDRÍAL

 

Eva  Mitocondrial o Eva negra, nuestro ancestro femenino común; denominada así, por la Eva del Génesis Bíblico.  “… la Eva mitocondrial que en el exilio, ha parido mil noches de dolor”.

Se ha estudiado a través de la genética, el árbol genealógico de todos los seres humanos de la actualidad, determinando que el “Homo sapiens”, se originó en el  nororiente de África, en Kenia, hace unos 120.000 a 200.000 mil años.

A principios del Oloceno, hace 80.000 años, por la Península Arábiga (Yemen), el hombre migró a la India, a Malasia y al sur asiático; tras la erupción volcánica de Tova, que sumió a la población en la oscuridad y habiendo construido ya la primera embarcación, el hombre arribó a Indonesia y Australia, hace 60.000 años.

A Europa llegó hace 40.000 años a través de Rusia, y a América, hace unos 12.000 años, durante la última glaciación, por el Estrecho de Bering.

África es la cuna de la humanidad.  De allí, el ”Homo sapiens”, migró a los sitios más remotos del planeta.

Por ello digo: “Soy de Sierra Leona… de las tibias arenas del desierto de Omán… del agreste paisaje de Tanzania, de la tarde amarilla de la China, de las míticas noches del Japón… del viento del septentrión… de las noches blancas de San Petersburgo, de las tibias arenas del desierto de Omán…”.

El gen fue descubierto en 1905; el ADN en 1953, en la Universidad de Cambridge; el ADN mitocondrial en 1963, por Margit M.K. Nass y Silvan Nass.

Las mitocrondias son organelas presentes en el citoplasma de la célula, el ADN mitocondrial tiene un pequeño número de genes, y es diferente al ADN nuclear.  La mayoría de las proteínas de la mitocondria, provienen de genes localizados en el ADN del núcleo celular, que son sintetizados por ribosomas y luego importados por la mitocondria.

Las mutaciones del ADN nuclear como del ADN mitocondrial pueden originar enfermedades genéticas, alteraciones enzimáticas, enfermedades musculares o del sistema nervioso central.

El genoma mitocondrial solo se puede obtener de la madre, que lo transmite a la siguiente generación femenina.  Haciendo estudio del ADN mitocondrial, en poblaciones femeninas de diferentes lugares del mundo (mujeres Inglesas, alemanas, canadienses, australianas, norteamericanas, escandinavas, argentinas, africanas, etc.),  por línea directa, de madre, abuela, bisabuela, tatarabuela… se llega a un punto de origen común, que se ubica en el noreste africano.  

Pudieron existir otras mujeres que no tuvieron descendencia femenina, por lo menos en una generación, pero sí masculina; por tanto, no se mantuvo el ADN mitocondrial pero sí el cromosómico.

ADN (Ácido dexocirribonucleico), proteína que se encuentra en el núcleo de las células, principal material genético, responsable de la transmisión hereditaria, actúa como un  código o plano que guarda la información genética a largo plazo y da las instrucciones para construir otros componentes de la célula, como proteínas o moléculas de ARN.  Los segmentos que llevan la información genética se llaman genes, los cuales están formados por nucleótidos, que están secuenciados a manera de tren; en el ADN cada vagón es un nucleótido.

Los nucleótidos están formados por azúcares (desoxirribosa); una base nitrogenada (adenina, timina, citocina y guanina), y un grupo fosfato, que actúa como enganche de cada vagón con el siguiente.  Lo que distingue un vagón de otro, es la base nitrogenada; y la disposición secuencial de las cuatro bases a lo largo de la cadena, es lo que codifica la información genética.

El ADN  se presenta como una doble cadena de nucleótidos, cada cadena está unida a la otra por puntos de hidrógeno.  La secuencia de ADN que constituye la unidad fundamental de la herencia, se denomina gen y el conjunto de genes de una especie, genoma.

Los organismos eucariotes (animales, plantas, hongos), almacenan la mayor parte del ADN dentro del núcleo celular y una mínima parte, en las organelas citoplásmaticas (mitocondrias).

En el poema menciono algunas manifestaciones culturales, creencias religiosas y fenómenos astrofísicos, presentes en diferentes lugares, que de algún modo inciden en la manera de ver el mundo.

En la cultura hindú, los enfermos terminales, que tienen la fortuna de ser llevados a las orillas del río Ganges y tras su muerte, cremados y sus cenizas arrojadas al río Ganges, gozan la garantía de alcanzar el Nirvana.  Por ello, “… la sacralidad del río Ganges, que unge las cenizas de perdón”.

El Río Nilo, que nace en el Lago Victoria, es bendecido por Osiris (dios de la fecundidad), esposo de Isis -padres de Orus-.  Heródoto, padre de la historia, exclamó: “Egipto es un don del Nilo”.

Las auroras boreales, se presentan porque el sol emite tempestades solares; estos rayos energéticos entran en la atmósfera terrestre y chocan con la energía electromagnética, presente en ella; arrancan electrones a los átomos, produciendo la ionización de los elementos que conforman la atmósfera.  El oxígeno da una coloración verde; el helio, anaranjada; el nitrógeno, azul (el nitrógeno da el color azul a nuestro cielo); de este modo las auroras boreales se aprecian como luces de diferentes colores, a manera de lámparas de neón.

Las noches blancas de San Petersburgo, suelen presentarse en el período de solsticio de verano (21 de junio, día más largo del año); el sol se oculta más tardíamente y toda la noche pasa como en un crepúsculo.

Confucio (551 - 479 a.C), filósofo chino, en su filosofía moral y política, afirma: “Sé como el sándalo, que perfuma el hacha cuando lo hiere”.

En las diferentes culturas y a través de los distintos períodos de la historia de la humanidad, ha sido frecuente la discriminación femenina, el maltrato y la carencia de derechos para conducir su propia existencia.  En algunos lugares, les practican ablación de genitales (clítoris, labios menores), para impedir el placer sexual; no les es permitido el acceso a la cultura; las casan siendo prepúberes. “¿Por qué lo anacrónico del tiempo, me quita el privilegio de ser yo?”

 

                                                                                                                                              Martha Inés Vélez de V.

  

 

 

 

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