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Ruth Sánchez
Nacionalidad:
Argentina
E-mail:
snchez.ruth@yahoo.com
Biografia

Ruth Sánchez

Escritora, nacida en Argentina. 
Socia de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos (SELAE) y Administradora de Comunidad Literaria y de Artes Plásticas Infanto-Juvenil Aventuras de Papel, en la cual también ha participado como jurado de concursos. Participa de sitios de internet, y revistas. 
Realizó su primer publicación en papel en un libro, en la antología “Huellas a la mar 6” de Diana Pucci. Actualmente continúa participando en diversas actividades literarias.

 

ALEJO

Alejo era un niño, por demás curioso y buscaba a sus seis años de edad experimentar. Empezó con las flores de su jardín de infantes. Quería cambiarlas de color, las pintaba con los confites de colores y las dejaba dulces y de colores. -Alejo… -Gritó su maestra... ¡A dirección! Otro día, intentó detener el otoño, pintó las hojas verdes y pegó con plasticola las hojas a las ramas del árbol del patio del jardín “mi patito” y Alejo… ¡A la dirección! Otro día, quería atrapar el sol con un lazo, con los cordones de las zapatillas de los chicos del jardín. Ató los cordones e hizo un lazo largo y cual vaquero, lanzó hacia arriba, apuntando al sol, y lo único que atrapó fue a la directora: -Alejo… -Si, ya sé… ¡A la dirección! Pasaron los años, Alejo ya iba a la primaria. Un día, al llegar a su casa, su madre estaba triste, al día siguiente igual y al día siguiente… ¡Y veía que su madre no sonreía! Un día llegó del cole, fue a su habitación y pensó: ¡Voy a inventar la posión de la felicidad! Agarró el tubo de ensayo, un anotador y salió a juntar lágrimas de carcajadas, esas lágrimas que al reír tanto, tanto, te hacen dolor la panza. Andaba por todos lados, juntando esas lágrimas y las guardaba en su frasco. Un día, su madre, sentada al lado de la ventana, viendo como el sol se escondía, las hojas caían, y las flores se empañaban con el rocío le dijo: -Alejo ¿Que haces, hijo mío? Alejo dijo: -Madre, busco la pócima que te de felicidad y ella contestó: - Lo que me da felicidad es verte sonreír, hijo mío. Diciendo esto, su madre cerró los ojos y nunca más los volvió a abrir. Alejo nunca más volvió a sonreír y dejó sus experimentos con sus notas y tubos en un baúl. Pasaron los años y Alejo ya era todo un hombre, se casó con Diana y tuvieron una hija llamada Tamar. Tamar, un día, jugando en el galpón, encontró el baúl de su padre, abrió el cofre y vio todo lo que había hecho su padre para que su abuela sea feliz, las notas y los tubos. Ahí, entendió porque su padre era tosco y serio. Para el día del padre, Tamar, reunió a su familia en la sala, mostró un video e hizo un colage, desde que nació Alejo: Las vacaciones, cumpleaños, eventos, todo junto. Su madre lo miraba y sonreía en los videos y a Alejo se le llenaron los ojos de lágrimas, porque vio el amor y la felicidad que su madre tenía al verlo, sonrío y lloró por ver a su madre feliz. Tamar, agarró el tubo, puso una lágrima de su padre, lo cerró y dijo: -Las lágrimas no son solo de tristeza y las risas no son hechos de felicidad, sino, momentos divertidos. Tu madre, realmente era feliz cuando te veía bien a vos. Solo que su enfermedad era terminal. Alejo abrazó fuerte a Tamar, le dio un beso y le dijo: -Gracias hija, es el mejor regalo que me pudiste hacer.

 

LA ABEJITA, LAS FLORES Y LEILA

Iba caminando por la costa a la orilla del mar, como todas las mañanas, acompañada de mi perrita Flopy. Ese día estaba nublado, el sol dejaba ver poco su rostro. Me puse una remera floreada que me había regalado mi abu, me perfumé con una colonia, como de costumbre…
-Vamos Flopy… ¡A correr! Corrimos mucho por la arena y decidí descansar, tomé una siesta y entre dormida escuché un ssssmm… ssssmm… (era una abejita que trataba de polinizarme). Aparentemente, mi remera con mi perfume hacían un cóctel. -Sal de aquí (intenté espantarla pero no lo logré). -Perdón, me dijo. Te confundí con un jardín. Y diciendo esto se desvaneció en la arena. Como no pude evitarlo, la llevé a casa, le hice una cama con un terrón y la dejé descansando en una tacita de café, junto a mi ventana. -Flopy, cuidala. Voy al cole -Bueno, me dijo. Llegué a la escuela y en la clase de sociología la maestra nos dijo que teníamos que armar un proyecto para pasar la materia, buscar un problema y ver la solución viable. Tomé apuntes y... trimm… trimm (tocó el timbre) y me retiré volando en mi bici a casa. -¿Como estás abejita? -Nuestro problema es serio. La gente ya casi no planta flores en sus jardines, tenemos que salir kilómetros a buscar el néctar, viajamos mucho y al no encontrar flores, muchos de nosotros morimos al regreso (sin energía no vivimos). -No te sientas mal, seca tus lágrimas, que yo tengo una idea genial y podemos ayudarte. Vamos a lograr que los jardines de la ciudad tengan flores y no tengas que viajar tanto al otro día. Fui al cole con la abejita y Flopy, expusimos el proyecto, como era de esperar, muchos se rieron y otros me felicitaron, me aprobaron el trabajo, y le dije a mi maestra: -¿Cual es el siguiente paso? -Ya está, ya te aprobé. Acá terminó mi trabajo… ¡Tenés un diez! -Pero, no era la idea. Realmente, quiero ayudarlas. -Mira, mi trabajo se termina acá, en clases. Con mucha tristeza me fui y me senté en el cordón de la vereda con Flopy y la abejita. Cuando llegué a mi casa agarré la Tablet, hice un video, lo subí pidiendo que me ayuden, me fui al congreso, dejé mi proyecto, me retiré, fui hasta un canal y me hicieron una entrevista. Al pasar un tiempo, todo se hacía más debate que hecho y nada de esto servía. Así pasaron los días, hasta que una mañana me despierta mi mamá: -Despierta… ¡Esto es un milagro! Me vinieron a ver las abuelitas y vecinas, donando plantitas para ofrecer casa por casa. Y así empezamos… Después de la reacción de la gente y la solidaridad de todos, el gobierno aprobó un decreto para que al menos dos especies de flores se planten en los jardines y así poder proteger a las flores y las abejas.
Haciendo esta labor ayudamos a que todo coexista en armonía y belleza, protegiéndonos a nosotros mismos de existir en este mundo. Ya que los árboles y las flores nos ayudan a respirar, oxigenando nuestro medio ambiente, con colores coloridos. Y esta historia llegó a su fin.

 

POEMA EN HOMENAJE A ANA FRANK

Gente que duerme en tu corazón
despierta de noche
anhelando ser hoja,
atrapada en el viento,
atravesando esa ventana,
para sentir el tibio calor del sol
que no puedo ver yo.
No conocí ese primer beso…
¡Mil líneas son mi consuelo!
En esta triste realidad,
en donde soy libre,
en donde hay un mañana
mis sueños despiertos
me acompañan.
Podrán despojarnos
de nuestra tierra,
de sangre embarrar
nuestra historia…
¡Y nuestras almas
jamás!
Fui niña… ¡Fui Ana Frank!
Mientras cada línea se reescriba
mi alma será mi libertad,
la que algún día me robaron,
la que perdí ese día.
Seré esa hoja
que eternamente vague,
y con estos versos
quiero liberarme.
¡Releyendo mis relatos
en un diario
mi alma se hará luz
miles de veces!

AMOR LIBRE

Quiero beber de tus labios
las ganas que me hacen
suspirar.
Anudándome a tu cuerpo,
en tu vientre
se detiene el tiempo.
Mis ansias exploran
cada centímetro de tu piel
y busco con mis labios
calmar la sed
de mi alma al amar…
¡Somos almas
que buscan solo querer!

PAISANO PORTEÑO

Fluye en el viento 
la voz del deseo…
¡Para que vuelen alto
soplo mis sueños!
Mis manos los traen hacía mí,
entras por esa puerta 
que cerraste alguna vez
detrás de ti. 
En mis sábanas envuelto,
todo vuelve a comenzar, 
dueño de mis versos 
de luna de miel. 
Ilustras mi vida,
me envuelves en tu sonrisa… 
¡Bella y bohemia 
es tu mirada sincera!
Nuestras almas se enlazan,
paisano porteño
de ojos color de miel,
bajo esta noche porteña
arrabalera en tu piel
y te susurro un eterno te amo,
hallando el amanecer.

 

 

Correo: snchez.ruth@yahoo.com

 

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