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Lus Yuseff Reyes Leyva [Cnsul - Holgun]
Nacionalidad:
Cuba
E-mail:
luisyuseff75@gmail.com
Biografia

Luís Yuseff Reyes Leyva

Holguín, Cuba, 22 de marzo de 1975. Poeta, narrador y editor. Licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Oriente. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). Actualmente trabaja como coordinador y editor principal del sello Ediciones La Luz, de la AHS en Holguín. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Ha obtenido los Premios León de León 1999 (poesía), La familia en la poesía 2001, Nuevas Voces de la Poesía 2000, El árbol que silba y canta 2002 (poesía), Venga la esperanza 2003, 2006 y 2007, América Bobia 2003 (poesía), De la Ciudad de Holguín 2003 (poesía), Alcorta 2004 (poesía), Pinos Nuevos 2004 (poesía), Calendario 2005 (poesía), Celestino 2005 (cuento), Vértice 2005 (cuento), premio Internacional de Poesía de la revista La Zorra y el Cuervo 2007 (Estados Unidos), José Manuel Poveda 2009 (poesía), José Jacinto Milanés 2009 (poesía), La Gaceta de Cuba 2009 (poesía), premio anual de la revista Matanzas 2011 (poesía), Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2012. En el 2011 le fue otorgada la Distinción Beby Urbino como reconocimiento a la promoción literaria y en el 2012 se le otorgó la condición de Hijo Destacado de la Ciudad de Holguín.

Aparece en El árbol que silba y canta (poesía, Ediciones La Luz-Ediciones Holguín, 2004), Antología del II Premio Internacional de Poesía Amorosa (España, 2004), Extraños íntimos (poesía, Canadá, 2004), No Love Lost III (poesía, Canadá, 2004), La madera sagrada (poesía, Ediciones Vigía, 2005), Puente del tiempo (poesía, 2006), Memoria de los otros (cuento, Ediciones La Luz, 2007), Cuarto Libro de Celestino (cuento, Ediciones La Luz, 2007), Alquimia de las islas: Antología de poetas neozelandeses y holguineros (poesía, Catalyst, Nueva Zelandia 2008), Memorias del XIX Festival Internacional de Poesía de Medellín, (poesía, Revista de Poesía Prometeo, No. 84-85, Medellín, Colombia, 2009), Poesía, energía dislocante de la vida, Memorias del V Recital Internacional de Poesía Desde el Sur (poesía, Editorial Travesías, Colombia, 2009), Vértice (cuento, Ediciones Bayamo, Bayamo, 2009), El sol eterno: antología de jóvenes poetas holguineros (poesía, Ediciones La Luz, 2009), Cantares del mal de amores, Antología de poetas cubanos (poesía, Ediciones Sed de Belleza, 2009), Ciudades bajo un mismo cielo: antología de poetas vizcaínos y holguineros (poesía, Ediciones La Luz, 2010), In Our Own Words, Vol. 8. (poesía, Estados Unidos, MW Enterprises, 2010), Testimonio de una década, Antología por el X Aniversario de la Unión Estatal de Escritores Veracruzanos (UNAM, México, 2010), Antología de la Nueva Poesía Cubana 1970-2010. (poesía, Elefante Editores, Perú, 2010), El sagrado silencio del valle. Poesía de Holguín, Cuba. (poesía, Hidden Brook Press, Toronto, Canadá, 2010, Edición Bilingüe), El manto de mi virtud. Poesía cubana y uruguaya del siglo XXI, (UTU-Letras Cubanas, Uruguay, 2010) y La isla en versos: cien poetas cubanos (poesía, Ediciones La Luz, 2011), Todo un cortejo caprichoso. Cien narradores cubanos (cuentos, Ediciones La Luz, 2011), Ciudad con nosotros (poesía, Ediciones Holguín, 2011), así como en los discos Un lugar para la poesía (1986-2006), Los ángeles también cantan (Selección de Poesía Latinoamericana de la Revista de Literatura y Arte OLANDINA y  Casa del Poeta Peruano, Perú, 2007) y El sol eterno. Antología de jóvenes poetas holguineros (Ediciones La Luz, 2010). Ha colaborado en El Caimán Barbudo, La Letra del Escriba, La Jiribilla, El Mar y la Montaña, Vértice, La Gaceta de Cuba, SIC, Caserón, Matanzas, Cauce, Videncia, Ámbito, ¡Ahora!, Catedrales de Hormigas y Diéresis, así como Memoria de la Voz y Río Hondo (México), Gargantúa (Honduras), AIR (España), ALHUCEMA. Revista Internacional de Teatro y Literatura (España), Oráculo (México) y Catalyst (Nueva Zelandia).

Obra publicada: Los navíos de Pavel Horov (poesía, Cuadernos Papiro-Ediciones La Luz, 2001), El traidor a las palomas (poesía, Ediciones Holguín, Colección Comunidad, 2002), Vals de los cuerpos cortados (poesía, Ediciones Holguín, Colección Premio, 2004), Esquema de la impura rosa (poesía, Ediciones Vigía, Matanzas, 2004), Yo me llamaba Antonio Broccardo (poesía, Ediciones Almargen, Colección La fijeza, Pinar del Río, 2004), Golpear las ventanas (poesía, Letras Cubanas, Colección Pinos Nuevos, La Habana, 2004), Salón de última espera (poesía, Casa Editora Abril, La Habana, 2007), Los silencios profundos (poesía, Ediciones Holguín, Colección Premio, 2009), Los frutos de Taormina (poesía, Ediciones Matanzas, Matanzas, 2010) y La rosa en su jaula (poesía, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2010).

Correo electrónico:   luisyuseff75@gmail.com

 

Kodak Paper I

 

 

Hay días en que me prohíbo tener amigos.

Sin  embargo tengo amigos. Los he amado con el ardor de la pólvora mojada en la garganta. Y así lo digo. Con el delirio del que está viviendo sus últimos días. Y posee sólo algunos pájaros muertos que alimenta entre las manos.

Cosas sin sentido. Tal vez porque no tienen ya sentido

las cosas. Y duele como si pegara el rostro al fuego de la lámpara donde ardía la mariposa de tus juegos nocturnos.

De tu llegada a deshora. Pidiendo un poco de conversación.

Palabras que sirvieron de consuelo para que el deseo no terminara entristeciéndonos.

Soledad del tercero. Que podías ser tú. O yo.

Todo dependía de la habilidad con que desplazabas las sombras sobre la cama.

Cosas que sólo entendemos los dos. Sabes cuánto oprimen.

Hubiera querido celebrar juntos el año del conejo.

Bebernos de un golpe las tristezas como en los tangos de Contursi.

Tenerte por sabio y hermoso. Recibirte con la noche rezumando en el cristal de la taza donde bebías el primer café de la mañana.

Tenías peces. Cerámicas. Grafitis en las paredes. Me imitabas.

«Uno termina pareciéndose a lo que ama» (recuerdas).

Cómo temblaba tu voz. El plomo de la traición cuajando.

Y unas pocas palabras para justificar.

Palabras que terminaron por confundirnos.

Tratando de escribir el nombre de las ciudades

a las que soñabas (sueñas) partir algún día.

Groningen. Hamburg. Poznan. Países de hielo.

Versos que serán de agua entre tus manos.

Altas cumbres     y tú que pedías un poema para el amor

que hace figuras de barro.

País de hielo. Miro la fotografía donde posas.

Llevas mi camisa negra.

Tratas de hurgar en la lujuria balcánica. La punta del deseo.

El labio que escupa sobre las sábanas tu esperma.

País de hielo       ya nada puedes hacer

para acabar con los días en que me prohíbo tener amigos.


 

Amando viendo morir la tarde largamente

 

 

Amando viendo morir la tarde largamente

desgarrada por la zarza marginal

amparándonos humilde del sobresalto de los cuerpos

conspirando    más allá de nosotros mismos

sin obra perdurable      ni ansias de durar

sólo el reclamo para que nos dejaran en paz

que la eternidad era morir atravesados por la zarza

             ese el verso envidiable

amando viendo morir la tarde largamente

          o imaginando cómo se moría

cómo crecían sobre la piel las flores lilas del deseo

como si el deseo fuera la carta oculta

y el nuestro       el que jugamos       un juego obsceno

cuando en realidad tu mano era la de un niño

y mi ofrecimiento no superaba tu inocencia

no iba más allá de estas ansias por transitar tus espacios

de saberte a mi lado con los ojos grandes de miedo

cuando te invitaba a que cruzaras solo el río

a que probaras de algún fruto desconocido

o escuchabas el canto oscuro de un pájaro

el reptil que a su paso abre en dos el yerbazal

como a un mar antiguo.

Y mientras bebíamos de las savias

declarábamos impostergable la urgencia de otro deseo

decidir       sí/ no

cuando el miedo te empujaba al

                 no            cuando en verdad

querías decidir

                 sí              y terminabas diciendo

                 sí

de ese modo tu rostro se volvía                 

humanamente más hermoso                            

amparado por la zarza

lejos de estas tardes de febrero

en las que tu amor salta como un pez entre mis manos.

 


 

Negra leche del alba

te bebemos al amanecer

(Oración para pedir la rosa de nadie)

 

 La rebelión consiste en mirar una rosa

hasta pulverizarse los ojos.

A. Rimbaud

I

 

 

Bebiendo a sorbos de muerte, la negra leche del alba, estaba yo contemplando las rosas que me han tocado en este mundo y por las que Dios viene a la tierra, sin el temor de perder el camino que lo llevará de vuelta a las estancias donde sabe estarse quieto.

Allí, a la intemperie, contemplé la rosa suicida de Yukio Mishima, la rosa de oro de Beijing, y la rosa radiactiva del país de los soles rasantes.

Junto a los márgenes evidentes de la sobrevida, estaba yo, pidiéndole una rosa verdadera a Santa Teresita de los Cementerios y le pedía, además, que me ayudara a creer siempre en el gran Amor que Dios me tiene, de modo que yo pudiera echar una mirada a mi alrededor con la paz de los vencidos y la fe de encontrar en las rosas que se me mostraban la flor perdida, la innombrada rosa del Poeta muerto. Pero, en su lugar, se me mostraban todas las rosas del mundo, la rosa escrita de Amherst ─la rosa de Emily Dickinson─ y la rosa de arena, la rosa de Beirut.

Abrían también a mis pies, la rosa imperial austríaca; la rosa cruzada, la flor negra y la rosa del Ponto Euxino que alabara Ovidio en su exilio. Otras, en cambio, se negaban a ser miradas, como la rosa hermética de la Cábala y la rosa mágica y secreta de los judíos.

Ya me marchaba a las horas brutales de la autocompasión, cuando una rosa, al centro de la noche umbría, se alzó como una estrella de sangre sobre los coágulos de la aurora. Y allí estaba frente a mis ojos, resistiéndose al fuego sobre un montículo de cenizas, la rosa de nadie, que resultó ser nada menos que la rosa de Paul Celan.

 

 

II

 

 

Paul Celan aparta el coágulo de los labios, la rosa de las ruinas; sopla en la jarra donde bebe y su aliento acompaña la mordida al fruto de los mudos, al corazón que mastican sus asesinos, en silencio.

Abre las páginas del diario. Apunta: “Una sombra sobre las aguas

del Sena es una imagen fácil de retener en el papel callado...”

Paul Celan proyecta a la masa líquida el cuerpo de un hombre.

Y ese hombre escribe cantos por doquier.

Cómo es posible escribir versos, Dios mío, no antes o después

sino durante la concentración de las almas, cuando los días se

pegan con un hilo gelatinoso al cráneo.

Por último, lee a Hölderlin: “A veces el genio cae en la oscuridad

y se hunde en el oscuro pozo de su corazón”.

 

 

III

 

 

Su corazón se hunde.

El otoño comienza a dictarle monótonamente una frase:

“Tiempo es de que sea tiempo”.

Y mira a la tierra con un dolor humano.

Es el tiempo en que deben florecer los almendros,

las piedras dar fruto suave,

conversar y luego escribir un poema,

sin levantar sospechas.

 

 

IV

 

 

Cómo escribir un verso.

Me aparto el hambre con un golpe de ojos en la garganta y

concluyo: “Escribir un poema después de Auschwitz es

bárbaro” (Theodor Adorno).

Por eso no escribo, dejo gotear la negra leche de los labios

negados a beber, sincronizo los relojes, decido por un tiempo

que habrá de llegar como un golpe de agua o como el río que

devuelve sobre los bancos de arena a sus difuntos.

 

 

V

 

 

Santa Teresita de los Cementerios, pido para nuestros muertos,

la rosa que habrá de acompañarlos mientras duren los días de

Paul Celan sobre la tierra.

 

 

Piedras. Piedras. Piedras.

 

 

Sobre los hombros de Sísifo, rey de Corinto.

Contra María Magdalena.

Rimbaud y Verlaine huyendo de las pedradas en una calle de Londres,

las mismas que habrían de alcanzar a Oscar Wilde en una esquina,

repetido una y otra vez en cada uno de los amantes

que huyen de las piedras de este mundo.

 

Piedras contra el amor.

Contra las ventanas donde los hombres escribieron grafitis

anunciando que allí se vive en paz con Dios y con el César.

La pedrada. El golpe.

Contra los pájaros que hablan y en su cofradía deshojan las

pálidas margaritas del miedo, oponiéndose a callar.

El golpe contra la voz.

Piedras contra tu pecho.

Golpes de ausencia.

Pedradas contra las manos. En los ojos del amigo.

Días de piedras sucediéndose sobre la casa.

Comedores del pedernal, el padre raja la piedra.

Mi madre dice que otras encontraré en el camino,

y el más pequeño de nosotros,

jura que me traerá del jardín

piedras que alumbran cuando el sol se seca.



 

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