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Isabel Cristina Murrieta Lpez
Nacionalidad:
México
E-mail:
oquimachy@hotmail.com
Biografia

Isabel Cristina Murrieta

Originaria de Nacori Chico, un pueblecito de la Sierra alta en el norteño Estado de Sonora, al norte de México, de ascendencia Opata, es Especialista en Salud Publica y ha incursinado en la Política de su Paìs, ex Diputada Local en su Estado,luchadora social, sindicalista, escribe desde su infancia y tiene el Poemario 'Zatachy', conduce el Programa radiofónico:El Rincón Bohemio y es representante de la Editorial ORBISPRESS en México, colabora en Culturadoor y lo ha hecho en la Revista Contrastes de Sonora y en otros medios locales.

 

El único vestigio de tu amor

El único vestigio de tu amor
Cuando te vas
Es el olor de tu cuerpo
Que queda en mí...

Y en mi alma
Se queda prendido
El recuerdo de tu voz
Cuando susurras
Con pasión en mis oídos
Mi canción

¡Cuanto, cuanto ansío
Tenerte solo para mí ¡

Aunque quiera…
¡No puedo alejarme de ti ¡
Por mas que solo quede
En mi cuerpo y en mi alma
El aroma de tu sexo
Adherido a mí

¡Cuanto, cuanto ansío
Tenerte solo para mi ¡

No se ni me importa
Cuanto será el tiempo
Que el destino
me deje estar contigo
O el que quieras tu quieras
volcarte en mi

Pero los pocos minutos
Que seas mío
Será porque así
Lo quisimos los dos
No será por presión
Ni compromiso
Sino por el deseo inmenso
De ser feliz.

Cuanto, cuanto ansío
Tenerte solo para mí.
Yzabhela

Cielo sin sol
1985

Hoy…que me despido de ti,
Me doy cuenta de la realidad:
Que eres de mi alma, la parte perdida,
Aquella que necesita para vivir…

Es tu sonrisa un pedazo de cielo,
En el que mis ojos se quieren posar,
Para robar al universo una estrella fugaz.

Es mi cariño tan desesperado,
que al saber que te pierdo, por mi propia decisión
Siento que falta la sangre en mis venas
y me hundo en la desesperación.

Por eso amor mío, aunque viva mil años
Y tenga mil amores,
No importa el tiempo ni los sinsabores,
Se que a mi alma le faltará:

Un pedazo de cielo, el perfume de flores,
El calor de tu cuerpo,
Que despierta anhelos que calladamente
Escondo en mí ser.
Porque no quiero pensar en perderte,
Y sin embargo…tengo que renunciar a ti ¡
No se lo que siento… lo que estoy plasmando:
Si temo perderte o entregarme a ti.

O son solo reflejos de un mundo de sueños,
Que encierra mi alma…
Un mundo de sueños, de ilusas quimeras
Que a mi espíritu dañan
Y rompen mi animo al saberte ajeno…
Por eso, amor mío…no se lo que siento:
Si temo perderte o entregarme a ti.

Porque es doloroso renunciar a ti,
a tu ilusión, a quien llena de gozo mis días
Y de placeres mi porvenir.

Porque es injusto pensar, que de tu amor
Me debo alejar, sabiendo que en tus brazos
Formaste una cárcel de sentimientos
En donde los míos presos están.
Por eso, mi vida…
El decaimiento invade mi alma
Al evocar: el aroma de tus manos,
El calor de tu piel,
Al intentar tomar entre mis dedos
Tu pelo… que ya no podré tener.

Que angustia tan densa oprime mis sienes… ¡Que oscuridad ¡
Al sentir que se aleja
el calor de tus labios
Y a los míos dejas
hundidos en la frialdad,
En la escarcha de la ansiedad…
Que desesperación ¡
Tener que abrazar el vacío,
Cuando mis manos anhelantes de pasión,
Busquen tu cuerpo
O tus tibias manos, y solo encuentren:

Un cielo sin sol

Percíbeme…

Mira:
Siente mi pecho como tiembla;
como una avecilla temerosa,
después de alzar el vuelo…
Y no encontrar donde posar
su frágil existencia…
Siente mi respirar:
Cada día más inquietante,
Su rapidez amenaza con romper
Las trémulas membranas
que cubren mi víscera pleural…

Mis manos ya no pueden escribir su poesía,
Pues las letras se pierden en el teclado,
Cuando quiero plasmar lo que siento por ti…
Y, si tú pudieras sentir
La pesadumbre que se adueña de mis piernas,
Que no quieren ya caminar,

Solo quieren permanecer estáticas,
Esperando que en un momento,
tú puedas estar a mi lado…
Mis ojos permanecen en vigilia…alertas…
Pendientes del menor rastro de tu presencia,
Anhelantes de mirar tu rostro…
Mis oídos están en constante
síndrome de maniere…
Me hacen perder el equilibrio,
Pues no escuchan nada que no sea tu voz.

Mis labios están deshidratados,
entreabiertos, Temblando de pasión,
Añorando con desesperación
Sentir el cáliz de tu boca,
La humedad de tu membrana gustativa,
Recorriendo, lamiendo mi escuálida humanidad.
Y este cuerpo intranquilo…trémulo
Ya no sabe que hacer, para calmar el ansia
Que quema mis entrañas y me deja
En total indefensión…añorando, deseando…
Poseer entre mi vértice…
El bastón anhelado de tu virilidad.

Yzabhela


 

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