s
s
s
s
s
s
s

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Oriana Usabel Olivos Marn
Nacionalidad:
Chile
E-mail:
Biografia

No quiero sacar conclusiones

No quiero sacar conclusiones todavía.
Sólo me basta saborear este vino tinto
con olores añejos que recuerdan mi tierra,
y el andar de las carretas por un sendero sediento.

Este vino, que brota de la tierra furiosa,
huele a madero y a uvas enguindadas.
Me basta sentir su aroma
y embriagarme
en su perfume que sabe a una quimera posible
de pájaros azules y nidos con alas.

No quiero sacar conclusiones
ni jugar a los supuestos
ni a los juegos de palabras.
Sólo me basta con sentir mi saliva espesa
por la fragante uva de un otoño tardío.

Pintaré mi casa de rojo y blanco
Y en la esquina del jardín plantaré una parra.
Y cada vez que el otoño se avecine,
con árboles desnudos y espesos colchones de hojas,
brindaré con este vino viejo de esta tierra extraña.

No quiero sacar conclusiones todavía
ni pensar en el tiempo
ni en las mariposas
ni en secos esqueletos de lagartos difusos.
Tampoco sentir que la tierra se mueva
bajo mis huellas de una fría escarcha;
ni la cercanía fría de ningún hombre,
que niega el amor por unos pesos de plata.

Ya no deseo amores cobardes,
ni tardíos ni añejos
ni dolorosos ni sufrientes.
Sólo deseo mirar a los ojos
y caminar con escotes,
lento y preciso,
doblar en la esquina de la vida
dibujando pájaros y vagabundos.

No quiero sacar conclusiones.
El mar ya arrastró la vida
y la dura resaca golpeó el puerto
con la fuerza de una ola despechada,
envuelta en una tímida espuma mentirosa.

Nostalgia de Renca

[Dedicada a la abuelita Betty, nuestra abuelastra]

Flores rojas para una dama roja.
Mentira, nunca hubo flores,
sólo sombreros de pajas
con un cinto negro a veces de terciopelo.
O cuando faltaba la plata,
un estrafor barato comprado en el almacén de la esquina,
en donde la Noemí se desnudaba de a poco
y mostraba sus senos de virgen blanca
para excitar a los feriantes y verduleros.
Nunca hubo perfumes,
sólo esencias baratas.
Ella paseaba por las calles de Renca
y el polvo repleto de transpiración
se le pegaba a sus sienes
desde donde colgaban unas largas piernas de minifalda,
coquetas y paradas en tacones sordos,
gruesos y anticuados.
No hubo pétalos,
sólo un ramito de Olivo del Domingo de Ramos,
robada a un niño bien que iba a misa a llorarla.
A veces, tan sólo un ramito de cilantro,
para aromatizar las noches de verano polvorientas y sucias.
A la Noemí le decían la puta de la esquina,
donde los travestís le competían a mares
con tetas asiliconadas;
los más pobres con hormonas,
como en la vieja pornografía del centro de Santiago.
Recuerdo que la Noemí se fue muriendo de a poco.
Yo la admiraba.
A veces, cuando me dejaba,
le acariciaba su piel blanca transparente
o su pelo azabache
que amarraba coqueto con un lazo mentiroso.
Dicen que fue un cáncer.
Los más truculentos dijeron que de Sida.
Pero la Noemí,
con sus pechos al aire
expulsaba de su boca
cocodrilos y mamarrachos.
A veces, cuando se ponía verde,
los curas de la Recoleta
la exorcizaban.
Vinieron unos hombres
y le cortaron sus pezones.
El vecino, que le daba higos,
se quedó con su maraña de pelos,
el Rata y el Quezada se conformaron
con sus ropas apercancadas.
Y yo, que sólo me atreví a mirarla
asustada y de reojo, me llevé la tristeza
de la puta Noemí,
que hoy, después de mucho, cuelgo en las paredes de mi casa.

Luna

[De Oriana para una amiga que hoy está muy lejos, Elsa]

Triste, solitaria y final
¿Una mentira talvez?
¿Un sueño que inventé?
¿Un dibujo que estampé?
Estoy en un manicomio,
acá todo pasa lento:
Las nubes se detienen,
juegan a la ronda
y un elefante sin trompa
me guiña un ojo.
Sus arrugas me asustan;
parecen barrotes,
gruesos y espantosos,
duros como el frío fierro
de añejas cárceles palaciegas
y tiernos como el noble hierro de altas torres.
.
Triste, solitaria y final,
en una cama blanca
con una luna envidiosa
que juega libre en el cielo
esquivando nubes y luceros
que se esconde
y me hace trampas
y yo corro, corro y corro
y la muy fresca me sigue
sin tregua
sin piedad.
¡Maldita luna!
Triste, solitaria y final,
tengo cables en mi cabeza,
en mi sexo y en mis senos.
La corriente me ha vuelto adicta
y la luna sigue ahí,
cerrando su ojo izquierdo,
balanceándose en el cielo
en un columpio de mentira
regalado
prestado
robado.
¡Maldita luna blanca!
Déjame en paz, te lo digo.
Triste, solitaria y final.
Más allá de una esquina rota
el cielo se ha hecho pedazos
y llueven estrellas.
Y, de vez en cuando,
una lágrima mía
que cae lentamente
sobre mi cadáver de plata.

biografia:
Oriana Usabel Olivos Marín

Nací el 31 de agosto de 1959 en un barrio típico de Santiago de Chile.
Al lado del Club Hípico y de la Estación Central.

Mi madre me puso Oriana porque escuchó el nombre en un radioteatro, e Isabel, por la reina de Inglaterra.
Crecí con las letras. Mi papá obrero ilustrado era amante de la
literatura y de la poesía.Creci escuchando los poemas de García Lorca y de Pablo Neruda.

Desde que aprendí a escribir, comencé con la poesía.

Estudié un año ingeniería , carrera que abandoné para hacer un profesorado en letras en la ex Universidad Técnica del Estado, actual USACH.
Fui dirigente estudiantil en tiempos de la dictadura y terminé en Buenos Aires por problemas represivos. Allí estudie profesorado de Castellano Literatura y Latín y tuve mi primer ahijo, Román.
Al septimo año, me regresé a Santiago, donde ejercí mi profesión, pero no contenta, estudié periodismo y tuve mi segundo hijo, Leandro.

Actualmente ejerzo como tal en el diario El Mercurio de Santiago.

Si bien escribo, aún no he publicado nada por un asunto de tiempo.

oolivos@mercurio.cl

 

Desarrollado por: Asesorias Web
s
s
s
s
s
s